El poder de dos

Capítulo 6

Jason volvió en un abrir y cerrar de ojos, el paseo que dimos hablando de cosas cotidianas se agradecía. Decidí no contarle lo del cofre, para no parecer paranoica. Tan pronto terminamos de cenar en el comedor de la escuela y de evitar las miradas de complicidad de Gina, decidimos ir hasta la torre del correo.

–– Hoy he estado hablando con mi madre, la verdad es que últimamente es imposible contactar con ella –– comenta gesticulando –– Se ha alegrado de que seas profesora también, y de que al menos tengo alguien con quien hablar por aquí. Le caes bien.

Sonreí con cierto nerviosismo.

–– Recuerdo cuando conocí a tu madre, estaba más nerviosa que yo por estar en la escuela.

Ambos estallamos en una carcajada divertida.

–– Para mi madre no fue fácil descubrir lo que su marido, perdón, ex marido y su hijo eran.

Tuvo que ser toda una odisea contarle que eran.

–– Espero que tengas una buena historia de cómo se enteró.

Doblamos la esquina hasta llegar a un gran tapiz con la imagen de la escuela.

–– No creo que sea una buena historia pero te la cuento si te interesa.

Nos sentamos en un banco cerca de la estatua de uno de los primeros mestizos que fundaron la escuela.

–– Si no me la cuentas, no lo sabremos.

Él sonrió con picardía.

–– Cuándo mis padres se conocieron mi padre tenía un león muy pequeño, un cachorro casi. Ambos tenían dieciocho años, y mi padre se acababa de enterar de lo que era. Mi madre, como ya sabes, no es una mestiza y eso en aquella época no era ser lo que llamaríamos “interesante”. Un día mientras mis padres estaban paseando por el bosque cerca de la casa de mi madre, un hombre con el rostro tapado, les intentó atracar ––levanté las cejas sorprendida –– ¿Y que hizo mi padre? Usar la magia. El hombre fue lanzado hacia un árbol y allí apareció el cachorro que por entonces era el león de mi padre. Mi madre entró en pánico. Su novio había lanzado sin tocar a un hombre, y una miniatura de león estaba enfrente de ellos, con pequeños rujidos intentando defenderlos.

Al escuchar todo esto, sin querer, me reí.

Jason me miraba atónito, con una visible sonrisa en su boca.

––¿Qué te hace tanta gracia? –– me preguntó.

–– Si te soy sincera, todo, no sé qué más me hace reír, si el mini león o el ladrón que no comprendía que estaba pasando.

Él asintió con una sonrisa amplia esta vez.

–– Eso mismo dije yo.

––¿Y que hizo tu madre?

–– Dejar a mi padre –– estalló en una carcajada –– hasta que este le explicó todo. Cuando Thor me encontró ella supo lo que pasaría. Su primer día en la escuela fue el día en que la conociste, el director Aarnold da permisos especiales de un día a los no mestizos. Por cierto, mi madre me ha preguntado por ti, si sigues siendo la mejor de la clase y si tengo que ponerme las pilas contigo.

Sonreí de nuevo.

–– Dile a tu madre de mi parte, que lo siento, pero su hijo siempre estará detrás de mí mordiendo el polvo.

Jason se acercó un poco más a mí. Podía ver sus ojos azul claros de cerca, me veía reflejados en ellos.

–– No creo que muerda el polvo siempre, soy bastante bueno.

–– ¿Ah sí? –– pregunté coqueta –– ¿En que eres bastante bueno?

Jason mordió el carrillo de su boca.

–– En muchas cosas Rose, pero creo que estamos pensando en cosas distintas.

Arrugué el ceño.

–– Yo no pienso siempre en lo mismo, estoy abierta a todos los pensamientos.

Ahora era él quien levantaba las cejas gratamente sorprendido.

–– Yo solo tengo un pensamiento en estos momentos.

–– Pues hazlo.

Sí, le acababa de decir que me besase.

Me acerqué más a él, estábamos completamente pegados el uno al otro, sentía como nuestros corazones comenzaban a cambiar de ritmo, eufóricos. Me mordí el labio inferior y me acerqué a él.

Acarició mi mejilla con suavidad, retirándome un mechón rebelde que tenía en la cara.

–– Sigues siendo la chica más guapa de la escuela.

Sonreí agradecida.

Sentí los labios de Jason contra los míos. Hasta que mi cuerpo se alejó de él.

Anubis estaba enfrente de nosotros, sus ojos mostraban seriedad y preocupación. Me levanté de un salto, no era normal que él acudiera a mí a estas horas sin que le llamase.

–– ¿Qué pasa Anubis?

Mi lobo se acercó a mi mano y la rozó con su hocico.

Caleb estaba destrozando su casa, tirando todos los muebles hacia el bosque, con la camiseta rasgada y sangrando en los nudillos. Niza se encontraba a su lado, sentada, mirándolo con tristeza.

–– Será estúpido ––susurré.

Cogí todo el aire que pude, y me giré hacia Jason.



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Editado: 30.04.2018

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