El precio de mi destino_ Saga Lazos Malditos

Capítulo 2. Marcas del ayer (En proceso)

El plan inicial fue un completo éxito, más de lo que pensó. Haberla traído consigo como su esclava, en vez de ser una idea loca como muchos de subordinados se lo advirtieron resultó ser un completo éxtasis de placer y de doblegación. A tal sentido de haberle hecho olvidar su esencia.

            Damian no sentía ningún tipo de lástima por el estado actual de la que unos meses atrás había sido su amada novia, de lejos le dejó de importar aquellos sentimientos sin sentido, que permitió entrar a su mente para cumplir con cada uno de sus objetivos. Su misión dio un giro inesperado cuando sin darse cuenta cometió un estúpido error de cálculo que causo alboroto dentro de la organización que liderada. Toda muestra de debilidad era vista como una imperfección absoluta y a medida que su estado de inconciencia continuaba las peleas internas se hacían cada vez más evidente, en especial cuando todas estas fueron lideradas por su contradictor más evidente.

            Pese a tener el poder para vencerlos sin esfuerzo, prefirió guardar sus fuerzas para lo que vendría, recientemente había sentido fuertemente la presencia de Deterenium y eso solo significaba una cosa, su regreso estaba más cerca de lo que muchos pensaban.  Perdió aquella pelea a propósito y después de recuperar la consciencia, creyó ser lo suficientemente adverso a su posición, sin embargo, sobrestimó lo que había pasado en su ausencia. Michelle fue puesta contra la espada y la pared, y como resultado, fue maltratada innumerables veces casi hasta la muerte. Al verla en tal condición entró en un estado de demencia que lo llevó a asesinar a sangre fría a unos cuantos de sus hombres por el simple hecho de haberla tocado. Aquella acción causo pánico que al final resultó siendo un castigo imperdonable.

Su demencia desbordante lo condujo al lugar más temido dentro de ese lugar, una celda que podía compararse sin duda a las profundidades del infierno. Ese día no fue especial, era el mismo de ayer y él seguía luchando por conservar el poder que le fue dado. De repente una daga, voló directo hacia su cabeza logrando esquivarla sin hacer ningún tipo de esfuerzo. Sin mover su cabeza buscó dentro aquella abrupta oscuridad el lugar dentro de dónde provenía aquel objeto. Sus ojos con capacidad de adaptación pudieron detallar su apariencia. Era un hombre quien se escondía detrás de unas gafas de sol oscuras, de unos 1.85 cm de altura. El intruso logró escapar de su venganza no sin antes ser herido de gravedad. Aquel ataque no lo tomó por sorpresa, tenía claro quien había sido el perpetrador desde el inicio y esperaba con ansias devolverle el favor.

Sin gran problema, rompí la horrible seguridad que me custodiaba, justo en ese momento, cuando me pregunté por el estado de Michelle a quien duras penas pude ver al ser arrojado a esta asquerosa pocilga. Lejos de importarme cómo se encontraba, ella sin lugar a dudas era pieza clave para atraerlo, esa era la única razón para mantenerla con vida o más bien se había convertido en mi excusa para mantenerla como fuera a mi lado. Y si así fuera me engañé a mí mismo creyendo que habiéndola dominado sería suficiente. Nada sucedió como imaginé, pues al haberlo hecho de ese modo, esa mujer perdió todo el encanto que hizo que cayera profundamente en sus brazos. Vaya que estaba conmovido de mis propias palabras. Ja, hipócritamente juzgué mis acciones, no sin antes darme un par de bofetadas para apartar todos esos absurdos sentimientos que alguien como yo no debía tener jamás.

Me negué a aceptar tal cosa, y mucho menos dar por hecho que estaba enamorado. Al principio la atraje solamente para estar cerca de él, no imaginé que aquellas tácticas de seducción terminaran afectándome de igual forma a mí también. Creí que el tiempo, me ayudaría a olvidar todo rastro de tan problemática emoción, en mi posición y como subordinado de mi amado señor, era un rotundo NO. Esta realidad me estaba afectando sin ni siquiera haberlo notado con anterioridad. Por ello, antes que llegara a caer en semejante atrocidad debía hacer los cambios que fuesen necesarios para evitarlo.

Con ello presente, fui directo a mi oficina. En el camino me encontré con varios tropiezos, los cuales logré aniquilar rápidamente y sin percance, dado que, el enorme poder de mi amo corría fuertemente por todo mi cuerpo y fue realmente oportuno usarlo en aquellos bastardos quienes hasta el último segundo se rehusaron en seguir mis órdenes. Intenté no matarlos a sangre fría pero no logré controlar la furia de mi desbordante magia que terminó matándolos segundos después de haber tocado sus cuerpos.

—¿Con qué de eso se trata? Simplemente eras tú.

—¿Entonces qué está pasado? Causas todo este alboroto en mi ausencia y te atreves a usurpar mi lugar.

—Por favor no me malinterpretes. Sabes cuál es el motivo tras esto. Siempre lo supiste y, aun así, te has negado hacer algo más.



Santiago Ríos

Editado: 02.07.2019

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