El profesor sustituto

Capítulo 11

A principios de agosto, los estudiantes retomaron su vida escolar, luego de haber pasado unas merecidas vacaciones en distintas zonas del país. Emilia y Carolina se mantuvieron en contacto la mayoría del tiempo, para estar informadas de lo que hacía la otra: Emilia fue a la zona norte, paseó por Coquimbo, La Serena y también viajó en bus con destino a Santiago de Chile. En cambio, Carolina no hizo nada más que trabajar medio día en un supermercado regional como cajera y ver series por televisión, durante sus ratos libres.

En cuanto a sus sospechas sobre el profesor Rodríguez, ninguno de los tres tenía noticia alguna. Lo que sí tenían en común era una mínima oportunidad de poder sacar la verdad a la luz.

Un par de días antes de que las puertas del colegio se abrieran de par en par para admitir a los estudiantes, de diferentes nacionalidades y distintas creencias religiosas, Emilia se había dedicado a investigar el pasado del nuevo profesor de matemáticas. Necesitaban saberlo todo, absolutamente todo lo que había hecho antes de trabajar como profesor. Hasta ese momento, solo habían encontrado una fotografía de la promoción de la universidad que tenían en común. Se sorprendieron bastante cuando se dieron cuenta de que se habían graduado de la misma carrera, en el año 1990.

-No puede ser. ¿Se dan cuenta de esto? Es obvio que Rodríguez estaba armando un plan. Se conocen desde los 18 años- dijo Emilia, muy asustada por el descubrimiento que acababa de hacer. Entonces, guardó la fotografía que había tomado desde la revista de graduación del profesor, debajo de la mesa del living. -¿Crees que Rodríguez quería hacerle daño? Digo, tal vez el profesor Eduardo hizo algo muy malo cuando estudiaban juntos, le dijo Diego.

-Pues, eso es lo que tenemos que averiguar, y espero contar con todo su apoyo, chicos. Emilia giró su cabeza hacia la derecha para mirar a su amiga, esperando tener alguna respuesta.

-Está bien. Cuentan con todo mi apoyo, chicos.

Dos días después de que las vacaciones de invierno habían terminado, los tres tuvieron que verse de nuevo en la sala de clases, vistiendo el uniforme el colegio y a las ocho de la mañana.

¡Qué ganas tenían de que su último año como estudiantes llegara a su fin lo más pronto posible!

El profesor Rodríguez estaba muy diferente a quien había sido el mes pasado. Por su aspecto físico, se notaba que había adelgazado varios kilos, sus ojeras habían disminuido bastante y ya no necesitaba traer consigo mismo un termo de café cargado, para despertar en las mañanas.

-Profesor, ¿está bien? Parece que no ha dormido bien en muchos días- le preguntó Emilia, desde los asientos de la primera fila.

Segundos después, Rodríguez la miró con una sonrisa forzada y le dijo: estoy de maravilla, señorita López. Nunca me había sentido tan bien. Luego de decirle esto a la estudiante favorita de Eduardo Martínez, puso sus manos sobre su escritorio y le preguntó a toda la clase si estaban preparados para dar un examen sorpresa.

-¡No repasamos nada durante las vacaciones, profesor! – dijo el chico más inteligente del curso, sentado en los primeros asientos.

-¡Según las reglas del colegio, los exámenes sorpresa están prohibidos, profesor! – dijo una niña morena y con lentes negros, sentada al final de la sala de clases. Rodríguez les pidió a todos que hicieran silencio.

-Está bien, no voy a tomarles el examen sorpresa. Lo que sí quiero que hagan es que abran sus libros en la página 99. Vamos a repasar logaritmos y ecuaciones lineales, ¿de acuerdo?

Toda la clase sacó desde la rejilla de sus mesas el libro de matemáticas, buscó la página que les había dicho el profesor y levantaron la mirada hacia él, tomándole atención.

-De acuerdo- dijo el profesor, dándose cuenta de que todos los estudiantes estaban listos para comenzar con el repaso- ¿quién será el primero en pasar a la pizarra?

-El profesor Rodríguez está muy cambiado, ¿se dieron cuenta de lo delgado que está? – preguntó Carolina.

-Sí, tal vez se inscribió en un gimnasio- dijo Emilia, después de haberlo visto sobre su hombro.

-No lo creo. Sospecho que tiene alguna enfermedad. Ustedes saben que el profesor siempre se estaba quejando de no tener tiempo libre para nada. La respuesta de Carolina era totalmente cierta: si la semana de trabajo tenía cinco días, eran cinco días en los que el profesor trabajaba a tiempo completo, llevando todos los días su carpeta de trabajo entre sus manos y madrugando todos los días para poder tener un buen desempeño como profesor.

¿Acaso tenía anorexia? ¿Depresión, tal vez? Imposible saberlo, puesto que cada vez que alguno de los estudiantes intentaba conversar con el profesor sobre su repentina baja de peso, el profesor los miraba con molestia y los mandaba a su asiento.

Luego de que los chicos (Emilia, Carolina y Diego) visitaran el cuartel de carabineros con el objetivo de delatar al profesor Rodríguez sobre su participación en el crimen de Eduardo Martínez, la secretaria, más conocida como Vania Castillo, había dejado de comunicarse con ellos. Pensaron que no les había creído absolutamente en nada, entonces dejaron de insistir en el asunto, porque ¿quién creería en las palabras de tres estudiantes menores de edad, sin nada de experiencia en casos policiales?

-¡¿Acabo de preguntar quién será el primer mocoso en pasar a la pizarra?! ¿O les hablé en chino mandarín acaso? Un estudiante sentado al final de la sala levantó la mano tímidamente y Bustamante dijo: Por fin , ¡adelante, por favor!



Andrea Reyes

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En el texto hay: misterio, asesinato, venganza

Editado: 14.06.2020

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