El Rey Vampiro

CAPITULO 3

Sus ojos oliva se posaron en mí determinándome, una amplia sonrisa se ensanchó en su rostro y luego besó mi frente y me estrechó entre sus brazos otra vez. Él es mi confidente, mi mejor amigo, la persona que podía hacer que todo estuviera bien con tan solo una palabra de aliento.

Jeremy y yo no somos hermanos de madre. Papá lo encontró agonizando en el bosque, lo había atacado un lobo. Mi padre sintió pena por él, morir tan joven, por lo que decidió convertirlo, y al hacerlo, lo adoptó como su hijo. En cierta forma lo es, ahora su sangre circula por sus venas.

-Escuché lo rumores. –Me indica rompiendo nuestro abrazo y entrelazando nuestros dedos, su mirada se pierde en la mía.

No contesté, coloqué mi cabeza sobre su pecho y comencé a llorar. Jere acarició mi espalda y esperó a que me desahogara. Cuando estuve más tranquila nos sentamos en el amplio sillón, cerca de la chimenea.

-Soy la mujer más desdichada del planeta. –Confesé.

-No digas eso traviesa. –Colocó un mechón detrás de mi oreja.

-No me quiero casar con él. –Sollocé.

-Recuerdo que cuando eras niña jugabas a ser su esposa. –Me sonrió.

-Eso fue antes de conocer la alimaña que es.

-Ufff, tremenda palabra, por favor nunca la repitas en su presencia o en público.

-¿Qué puedo hacer hermano? Aconséjame.

Su vista se pierde un instante en las chispeantes llamas de la chimenea, que alumbran la estancia, puedo ver el reflejo del fuego en sus ojos esmeralda.

-“Jeremy” -Lo llamo y él me vuelve a ver con una dulce sonrisa dibujada en su rostro.

-Si por mí fuera, te llevaría conmigo, escaparíamos juntos y te mostraría el mundo traviesa, pero la realidad es otra. No podemos ir en contra de lo que el destino ha puesto en nuestro camino.

-¡Tú también! –Espeto molesta, poniéndome de pie. Me cruzo de brazos y miro a través de la ventana con tristeza.

-Annia, mi dulce Annia. –Se acerca por detrás y me rodea con sus brazos a la altura de la cintura, besando luego mi cabeza. –Él te encontraría así te escondieras debajo de la tierra, lo sabes. Me duele verte así, quisiera ayudarte, créeme, pero en este caso, las cartas no juegan a tu favor.

-¿Me estás diciendo que debo aceptar ser su esposa? ¡Así nada más!

-Las cosas siempre suceden por un motivo, ten presente eso.

Siento un beso sobre mi cabello y su cálido aliento me envuelve. Su sola presencia me tranquiliza, Jeremy es mi luz, el faro que me guía a desembarcar en puerto seguro sin que me precipite contra las rocas.

-No te vayas más. –Le pido.

-No lo haré. –Me promete. –Ahora ve a hablar con papá, y por favor, escoge tus palabras, está muy molesto.

-Creí que me apoyarías. –Le reprocho decepcionada.

-Si fuera cualquier otro hombre, lo hubiera hecho hermanita, pero él es nuestro gobernante, la máxima autoridad.

Me zafo de su agarre y comienzo a caminar en dirección al estudio de mi padre.

-No es justo. –Agrego oprimiendo mis labios, siempre hago esto cuando me siento aturdida.

-Lo sé.- Me responde con su mirada cargada de consideración. Él tiene razón, quién estaría tan loco para ir en contra de Draggon, sólo una chica obstinada como yo.

*****************

-Padre. –Lo llamo y me quedo en medio del marco de la puerta.

-Pasa hija. –Me contesta sereno.

-¿Estás enfadado conmigo?-Le consulto.

-Lo estaba, ahora ese sentimiento ha sido sustituido por otro “contrariedad”.

-¿Por qué? Siempre me enseñaste a defender mis principios, y ahora que lucho contra el destino que me ha sido impuesto, de lugar de sentirte orgulloso por mantener mis convicciones, ¿Te sientes decepcionado de mí? –Pronuncio realmente dolida.

-Annia, te voy a dar un consejo, tómalo o déjalo es tu decisión. Si sigues actuando como lo has hecho hasta el momento con Draggon, lo único que lograrás es que te lastime, y créeme cuando te digo, que si lo buscas por mal, lo vas a encontrar. Sin embargo, si eres más inteligente, si dejaras de ser tan testaruda y te permitieras abrirte a la posibilidad de amarlo, las cosas pueden resultar favorables para ti.

-“Amarlo” “Abrirme”, ¿Ser dócil te refieres? ¿Estar bajo su sombra y hacer todo lo que él quiere? ¡Jamás me oyes! no me doblegaré ante él, primero muerta que sumisa.



Ijeloga

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En el texto hay: vampiros, amor, sangre

Editado: 07.01.2019

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