El secreto de Luciano

Capítulo 7

El sol asomaba en aquel día de primavera. Sayen camina tranquila contemplando las flores de los cerezos y disfrutando el fresco viento. Lleva un vestido blanco y un par de zapatos bajos. Hoy desayunará junto a su hermano mayor al que no ve desde hace unos meses ya que ha estado trabajando fuera del país. Inesperadamente llego al país y la llamó en la noche para que se vieran. En cierta forma le preocupa tan intempestiva visita, aunque su hermano siempre ha sido algo impredecible ahora casado se ha vuelto más tranquilo.

 

Un auto de color negro frena bruscamente a su lado. El conductor, quien lleva gafas oscuras y una enorme bufanda que cubre parte de su rostro, desciende de inmediato. Extraña y asustada retrocede cuando nota que va hacia ella.

 

—Vamos sube —le dice tomándola del brazo.

 

—¡¿Es un secuestro?! —pregunta espantada intentando zafarse de aquel desconocido.

 

—¿Secuestro? Claro que no, tonta, soy yo Luciano —al decir esto mira preocupado a ambos lados.

 

—Lo siento, no estoy para juegos hoy, es sábado mi día libre y tengo una cita —cruza los brazos siguiendo su camino, molesta por el susto que le ha dado ¿Cuál es la idea de esconderse tanto? Si al final nadie sabe que es Luciano Alcaraz.

 

—¿Una cita? —se sonrió volviendo a tomarla del brazo—. ¿Acaso existe algún hombre al cual le gusta una mujer tan machota como tú?

 

—¿Machota? —levantó las cejas ante tan infantil expresión. Entrecerró los ojos antes de voltear su rostro con un desprecio, no va a perder su tiempo explicándole algo que no le incumbe—. Voy atrasada otro día hablamos.

 

Luciano no puede creerlo, ¿Cómo lo va a dejar así? Cuando necesita hablar con ella urgente, por eso la sostiene a la fuerza. Pero no sabe cómo pedirle aquel favor, aunque Felipe le dijo que fuera humilde le es imposible, más con la actitud arrogante de Sayen que no parece dispuesta ni siquiera a escucharlo ¿Es que acaso aún sigue molesta por el beso de hace unos días? ¡Como puede ser tan rencorosa!

 

—¡Estás loco! —le grita molesta sin entender porque la sostiene de ambos brazos mirándola con esa seriedad.

 

Pero Luciano no alcanza a explicar nada más cuando una moto se atraviesa frente al vehículo, y un hombre de mirada severa se quita el casco contemplándolos a ambos con seriedad, acercándose en actitud ofensiva.

 

—¡¿Que intentas hacerle a Sayen?! —exclamó el individuo tono amenazante.

 

—¿Quién es ese? —pregunta Luciano arrugando el ceño ante el desconocido.

 

—No soy ese, soy Nahuel el hermano mayor de Sayen—señala a la mujer—. Así que quítale tus sucias manos de encima.

 

Luciano lo contempló por unos momentos en forma despreciativa, entrecerró los ojos con fastidio y luego ignorándolo se dirigió a Sayen haciendo que Nahuel apretara los puños ante la actitud de aquel tipo.

 

—Necesito hablar contigo a solas —le habló Luciano con expresión tensa, preocupado haciendo que Sayen levantara la cabeza preocupada.

 

Fijó su atención en los ojos claro de aquel hombre, parece sincero, su tenso semblante da cuenta de que es probable que este metido en un problema más grande de lo que imagina, por eso contra su actitud huraña salió de su casa, hasta se afeitó y se vistió en forma más decente, luciendo incluso más joven de lo que parecía antes, y atractivo. Tosió al pensar en esto último y desvió la mirada enfocando su atención en su hermano que parece estar a punto de lanzarse contra Luciano.

 

—Está bien —suspiró Sayen—. Nahuel dame unos cinco minutos, es uno de mis clientes, solo será un momento.

 

—¡¿Qué?! —exclamó sin creer que su hermana se subía al vehículo de aquel mocoso insolente. Cruzó los brazos carraspeando molesto.

 

Luciano cerró la puerta observando que Nahuel estuviera bastante lejos como para escuchar su conversación, luego noto como Sayen lo contempla con seriedad esperando que le aclarara todo. Le es difícil encontrar las palabras hasta que al final decide dejarse llevar y pensar que es el personaje de uno de sus libros.

 

—Necesito... que me acompañes a la fiesta de cumpleaños de mi padre, Laura ya estuvo hablando de nosotros y esparció el rumor que tengo novia, es necesario que vayas conmigo para que esa mujer me deje en paz de una vez —la miró con atención, expectante de su respuesta. La tensión es clara en su rostro, y aunque Sayen aun intenta procesar lo que le acaba de decir no entiende el nivel de su angustia. Sin embargo, el tema es absurdo comparado a que había pensado que lo que le diría sería algo más preocupante y no una fiesta en casa de su padre para presentar a su supuesta novia. Suspiró.

 

—No gracias —respondió con sequedad un tanto molesta, el problema no resultaba tan importante como lo pensó en un inicio.

 

—¡No me dejes solo en esto! —le reclamó agarrándola del brazo al ver que intentaba bajar.

 

—¡Todo este lio lo has armado tú! ¿Si no quieres casarte con esa mujer porque no se lo dices a tu padre? —le replicó incomoda de que quisiera involucrarla en un asunto del cual prefiere mantenerse lejos.

 

Luciano suspiró y la soltó dejándose caer en el asiento del auto, sabe que tiene razón, pero el tema no es tan fácil, si lo fuera hace tiempo que se hubiera desecho de aquel absurdo compromiso.

 

—Mi viejo está muy enfermo, si le digo que no quiero a la mujer que eligió para que me casara se puede morir —señaló con la mirada fija en el techo del auto.

 

—¿Pero no será peor que le presentes una desconocida tal y como si fuera tu novia? —le preguntó Sayen con compasión al entender sus razones, mientras saca una botella de agua mineral para beber

 

—Es mejor a que siga creyendo que me gustan los hombres —respondió con seriedad sin mirarla.



A.L. Méndez

#517 en Novela romántica
#87 en Novela contemporánea

En el texto hay: romance comedia

Editado: 02.11.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar