Elegida ©

Capítulo 12

Sorprendentemente no experimenté ningún tipo de miedo, quizá se debía al hecho de lo que mencionó con anterioridad.
Si Leranaig me necesitaba por mi fuerza, era obvio que no me mataría, además que si era verdad cada palabra que Edril dijo, si me aplicaba, si lograba hacer despertar mis poderes, era probable que pudiese vencerlo.

De pronto, la mano de Thaleb se deslizó buscando la mía en un gesto que me tomó por sorpresa.

Suavemente entrelazó nuestros dedos, de modo que incrementó el calor en ellos, uno que subió por mi brazo y se extendió por todos los rincones de mi cuerpo y avivó el fuego que yacía dormido en mi interior.
Le di un apretón y alcé la mirada en busca de sus ojos que lucían más brillantes que nunca, esos colores que los conformaban y daban la impresión de ser una piscina liquida que tenía vida propia.

Comprendía al fin la belleza que él poseía, teniendo razón cuando pensé que no era humana.

Un impulso me llevó a estirar el brazo y tocarle con la punta de los dedos el rostro mientras sus párpados cubrían suavemente sus ojos, ocultándolos de mí.
Le toqué la cicatriz que atrevasaba su ceja y ojo, la que noté, era más pronunciada de lo que pude apreciar la primera vez y me vi curiosa por saber qué fue lo que le sucedió, qué tanto había vivido en compañía de Edril todos esos siglos.

Mi curiosidad fue enorme y desee alimentar mi mente con toda la información que ellos pudiesen darme, conocer cada detalle, todo lo que me pudiese servir.

—Necesito que me ayuden a hacer emerger por completo la magia que yace dormida en mi interior. La percibo como una hoguera, justo aquí —dije, y me toqué el pecho. Aparté la otra mano del rostro de Thaleb y él abrió los ojos—, pero ella sale sólo cuando estoy furiosa y lo hace como una fuerza que me es meramente imposible controlar.

—Ambos te ayudaremos. Thaleb es mucho mejor que yo para controlar la magia y hacerla salir de ti, él te ayudará en ello y yo, te enseñaré como utilizarla... Para el bien —enfatizó en esto último. E instintivamente la imagen de Damon asaltó mi memoria.

—Lo dices por lo que quise hacerle a Bruno... —Susurré sintiéndome mal al recordar cómo terminó.

—Sí —respondió Thaleb—. No comprendo el porqué reaccionaste así, ni siquiera lo hiciste con tu padre. Me resultó bastante curioso, aunque quizá influyó su estúpida actitud. 

—¿Tú sabes quién lo asesinó? —Pregunté ignorando su comentario porque por alguna razón desconocida no quería decirle que yo sí estaba dispuesta a asesinarlo y no por lo que intentaba hacerme, si no por el mero placer de verlo morir.

Me asustó pensar de ese modo, me dio pánico albergar tales sentimientos tan oscuros. Yo nunca hubiese podido asesinar, ni siquiera podría hacerlo con un animal, menos con un humano y además sentir satisfacción por ello. ¡No! Me era inaudito e ignoraba el porqué me sentía así, presentía que había algo que se me estaba escapando, algo que ocurrió y produjo tal cambio en mí y que yo no recordaba o no noté.

—Lo hizo Damon, él terminó lo que tú no quisiste... O no pudiste hacer —dijo mirándome fijamente; tragué en seco y aparté la vista, preguntándome si ambos podrían leer los pensamientos o tener una noción de ellos.

—¿Quien es él? Tiene un interés peculiar en mí —Dije, e ignoré por segunda ocasión sus insinuaciones, pero de sobra sabía que no lo dejarían pasar así.

—Es hijo de Sangrieff, no un brujo puro, más bien su madre le otorgó los poderes que ahora posee. Damon al igual que nosotros también se hallaba buscandote. —Explicó Edril.

—¿Cómo? ¿Pueden pasar los poderes a otros? ¿Como un vampiro transmite su don a un humano? —Pregunté confundida. Edril sonrió, negó con la cabeza y bebió el café de su taza.

—No. La madre de Damon era un demonio, con ayuda de la oscuridad le brindó poderes, sólo que son limitados, su ADN no encajó a la perfección como lo hizo el tuyo, como lo fue el mío o el de Thaleb.

—Todo esto es... Un caos. Parecen cientos de piezas de un puzzle, y me da la impresión de que apenas y llevo armadas unas cuantas... —Susurré, y sostuve mi cabeza entre mis manos.

—Tranquila, poco a poco te ayudáremos a entender, ahora lo primordial es despertar tus poderes. —Mencionó Edril. Suspiré y lo miré preocupada, echándome el cabello para atrás en un gesto enérgico.

—¿Cuando? ¿Donde? ¿Cómo? Yo tengo que asistir al colegio... Además de mis padres...

—Lo haremos por las noches, yo me encargaré de tus padres —dijo Thaleb con suma tranquilidad.

—¿Como lo harás? No piensas lastimarlos, ¿cierto? —Inquirí. Thaleb sonrió por lo bajo y por un segundo me quedé prendada de su sonrisa. Era hermosa.



Elena López

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En el texto hay: amor puro, brujos, suspense

Editado: 12.09.2018

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