Elisa

Una niña triste

 

—No me querían, sus amigos venían a cenar casi a diario y solo me dejaba quedarme a saludar. Cuando me marchaba le escuchaba decirles que su empresa no iba a quedar en manos competentes.

 

—No entiendo como no me odiaste.

 

—No tenías la culpa, era mía.

 

— ¿Tuya?

 

—Si, a fin de cuentas no nací varón.

 

—Deja de decir estupideces.

 

—Papá me contó que cuando se enteraron que iban a tener una niña, pensaron que estaría mejor en un Internado. Me cuidarían hasta los cuatro años y luego me pondrían en alguno, pero el tío Ignacio les dijo que eso sucedería sobre su cadáver, que ambos eran más que capaces de cuidarme. Parece ser que fue muy influyente pues sigo aquí. Por eso él les dijo que sería mi padrino, para velar porque las cosas se mantuviesen lo más normal posible.

 

— ¿Por qué papá nunca me dijo nada de esto?

 

—Se suponía que nadie lo sabría, pero una noche de tragos papá me dijo que debería agradecerle al tío Ignacio el estar aquí y me contó toda la historia. Espero poder verlo mientras estoy en la universidad.

 

—No veo porque no, tus padres están comprando una casa más pequeña en este mismo barrio, pues dicen que no quieren que pierdas esa conexión con tu infancia o la cercanía con nosotros. 

 

— ¿Pero de que infancia hablan? Crecí llena de soledad, tutores y sin amigos cercanos. Hay que ser honestos, ellos compran la casa nueva únicamente por su cercanía con el club.

 

—Quisiera que todo fuese distinto.

 

—Pero no lo es. Cuéntame algo, ¿el tío Ignacio piensa seguir trabajando?

 

—Sí, anoche mismo hablamos sobre ello. Del FBI siguen enviando novatos, no le veo retirándose, mas bien esperando que a futuro le lleve yo el negocio.. El FBI es su vida entera, no me lo imagino haciendo otra cosa.

 

—Ni yo.

 

— ¿Y al fin de cuentas qué has decidido estudiar?

 

—Administración, papá dice que es necesario para que maneje la empresa.

 

— ¿Y qué quieres hacer realmente?

 

—Estudiar arte.

 

—Aún estás a tiempo, sabes que tu padre tiene gente capaz de manejar la empresa.

 

—Lo sé.

 

—Debo irme pequeña, vamos que te acompaño a casa.

 

—Vete tú, aún quisiera quedarme un rato.

 

—Bien, nos vemos mañana, tu madre me ha invitado a almorzar. 

 

—De acuerdo.



Angie Rossi

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En el texto hay: peligro, acosador, romance drama

Editado: 08.11.2018

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