¡¿ella es mi Entrenadora?!

Capítulo 21: Ilegal

"El machismo se traduce en el miedo del hombre al empoderamiento de la mujer"- Vall💔.

-Puede que ya no seas la entrenadora-asistente del equipo RG.

Tartamudo "¿Cómo?" por algunos segundos hasta que encuentro las palabras para formar una oración- ¿Quieres echarme?

Es lo primero que cruza por mi cabeza. Descubrió lo que quiero hacer y por eso está tomando represalias. Me quitará el puesto y me mandará de nuevo con mis padres al suroeste. Tiemblo de solo pensar en lo que me encontraré si vuelvo a mi ciudad natal.

"-Megan, ¿Por qué no nos contaste que eras la cobarde del grupo? - él ríe y como siempre los demás lo imitan.

Sus burlas después de mi accidente se volvieron constantes. Me volví su nuevo blanco."

No puedo volver. No quiero volver.

-No... ¿Por qué te echaría o porque crees que te echaría? - cuestiona mi tío.

Así damas y caballeros cavas tu propia tumba.

-No lo sé-contesto rápidamente. - Tú no vas por la vida y sueltas una bomba de ese tamaño.  

Mis dedos tiemblan. Mis pensamientos aún no digieren toda la información. No volverás al suroeste. No tendrás que volver a ser la Perla Sheppard.

Trato de recordarme buscando mi lugar neutral. El lugar en mi mente al que recurro cada vez que debo suprimir mis pensamientos.

-Megan, cálmate- él me sienta en la grada. - Respira, no vas a volver a casa. - Mis piernas se mueven constantemente como si quisieran ayudarme a huir. - Respeto tu decisión de mostrar tus emociones- aquella última frase hierve mi sangre.

Esa última frase me recuerda a mi padre en casa. "Respeto tu decisión de mostrar tus emociones" es la frase que hace honor a la cuarta regla de mi apellido.

La regla #4 Sheppard dictamina que los Sheppards no pueden ocultar sus emociones. “Si necesitas decir algo debes decirlo, aunque así alguien salga herido"

Recuerdo lo hipócrita que es esa regla, sin embargo, debo admitir que si hubiera seguido esa regla al pie de la letra puede que no hubiera llegado a casi lograr mi cometido.

"La sangre en el piso. Ese color rojo carmesí es lo último que veo. Lo último que escucho es un grito estruendoso."

Aquel recuerdo está fresco, como las flores en su estación correspondiente.

-Megan, estamos en un lugar público. - mi tío recuerda con ese tono de esclavo, aquel que usa cuando menciona las reglas de nuestro apellido.

Carraspeo para aliviar el nudo de mi garganta. - Lo sé, solo trajo muchos recuerdos-. Mi voz se torna seria, por primera vez, desde aquel suceso recurro a la voz que usaba para decirles "Suerte" a mi contrincante antes de cada batalla. - Sheppard, explica tu frase.

-Estaba cumpliendo con las reglas- mentalmente ruedo mis ojos. Me criaron para ser una persona educada, pero dejaron muchos espacios en blanco en ese aspecto. - Me encontré con el entrenador del equipo SW y por supuesto que le expuse mis pensamientos sobre la forma en la que disciplina a sus nadadores. El ignorante ese respondió que quien tiene que mejorar su forma de entrenar, soy yo.

- ¿A qué se refería?

-Ese idiota siempre ha sabido que botones apretar para sacarme de mis cabales-. En eso tiene razón. A pesar de la devoción que mi tío le tiene a las reglas familiares su uso de la regla #4 es limitado. - No puedo hacer nada al respecto. Él trata de fastidiarnos para cubrir el hecho de que somos un equipo de competencia élite que ha logrado temporadas invictas. Lo que hizo ahora es un movimiento de cobardes.

- ¿Qué hizo? - cuestiono hastiada de explicaciones que no son directas.

-Inspeccionó algunas reglas del viejo manual de entrenadores de nuestra ciudad. Y descubrió que no lo hemos actualizado, según aquel manual tener entrenadoras mujeres no es "legal", no en nuestra ciudad.

-Vaya mierda- no puedo evitar maldecir entre dientes- ¿Qué voy a hacer? - el miedo me invade junto con la rabia.

"Solo te permitimos quedar allá porque trabajarás, eso te despejará la mente" esas fueron las palabras de mi padre. "Despejar la mente” como si deshacerse de pensamientos fuera tan fácil como dar un buen gancho.

Si no puedo entrenar, me devolverán. Al menos que huya de mi familia. Que por fin reaccione ante mi mayoría de edad.

-Lo que vamos a hacer será discutido después de la competencia-. Abro la boca para exponer mi opinión-. Entrena- dictamina y ante la mirada que da, solo obedezco.

La competencia empieza, todo lo demás acaba.

La disciplina es un conjunto de reglas o normas cuyo cumplimiento de manera constante conducen a cierto resultado, así lo define mi padre, mi tío y el internet. Estoy de acuerdo con esta definición, sin embargo, siento que la manera excesiva de esta es agotadora. La disciplina no puede suprimir tus sentimientos. La disciplina no debería ser una herramienta para suprimir mi vida personal.

Yo soy la única culpable de lo que hice. De alguna manera la disciplina en dosis excesivas fue uno de los factores que me llevó a explotar.

El factor principal fue que nunca me quejé. No en voz alta. Mi mente siempre ha estado llena de pensamientos que constantemente hacen que me cuestione por qué debo hacer esto o aquello. Sin embargo esos pensamientos son sumisos con todo lo que respecta a mi familia.

No me quejé en el hospital, solo pedía perdón. No me quejé y no sé si pueda hacerlo cuando se supone que debo.  Mi plan contra las reglas es un gran paso para poder encontrar mi voz y finalmente decir todo lo que necesito en voz alta sin miedo.

Mi tío está con el equipo haciendo unos ejercicios de calentamientos. Faltan unos diez minutos para que la competencia empiece. Michael es el primero que competirá y se le nota. Sus nervios que antes no eran tan evidentes, ahora lo son, y están mezclados con una gran dosis de adrenalina.  El anuncio empieza y Michael deja de calentar para recibir sus últimas indicaciones.



Vall

Editado: 22.12.2020

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