Ella es Rebecca

5

Cap 5

UNO

Estúpido Sebastian, eso es un buen inicio para un mal inicio de semana, su voz me tiene harto, su presencia me irrita. Es de esas veces que con tan sólo ver a esa persona ya te cae mal, aunque no haya hecho algo. Después de que regresáramos del aeropuerto me encargué de cobrar lo que le debían al jefe, verificar que los cargamentos estuvieran listos para ser enviados y estar detrás del menor junto con su amiguito que me da dolor de cabeza.

Estar pendiente de los mellizos al mismo tiempo no está resultando tan fácil, ya va un día desde que Rebecca se fue, estar en contacto directo con los que la vigilan y escuchar berrear a Richard por la novia que no pudo venir.

—Entonces ¿por qué no la trajiste en vez de tu amiguito? — pregunto mientras esperamos a que Sebastian baje a cenar

—Porque ella está en clases, tal vez para las vacaciones navideñas venga— genial, más personas. No soy asocial, al contrario, pero si ya me cayó mal su hermano, no es que tenga muchas expectativas con ella

—Hablando de clases ¿Ya sabes qué harás con tu vida?, tengo un cupo libre en mis clases de entrenamiento personal— Richard me avienta la servilleta negra de tela a lo que yo comienzo a reír —No es del todo broma, si quieres puedo entrenarte. Mira que con tu hermana no lo hice mucho tiempo, pero aprendió lo suficiente—

—Eres muy amable y hablando de mi hermana, ¿no se te hace incomodo? —

—¿Qué cosa? — agarro mi vaso de agua llevándolo a mi boca mientras enarco una ceja—

—Besarla, córtale el cabello, broncéala un poco más y se parecerá a mí, sería como que me besaras. Y sé eso porque, tonto no soy, yo puedo sentir la tensión entre ustedes, solamente que ella no sabe que lo sé, ese baile que hicieron juntos me dio mucho qué pensar— me atraganto con el agua y comienzo a toser, a parecer eso le hace gracia porque comienza a reír, escucho como se abre la puerta del comedor dejando ver a Sebastian entrar

—Ya cállate un momento—

—Como su hermano debería decirte que te alejes, pero ella y yo hicimos un trato en el que ninguno de los dos se mete en la vida amorosa del otro— al decir eso se queda viendo a la nada hasta que Sebastian le pasa una mano por sus ojos y regresa —En fin, amigo— voltea a verlo con una sonrisa —¿Por qué tardabas tanto en bajar? — el rubio voltea a verlo ¿apenado?

—Recibí una llamada de la universidad, unos papeles no están en regla, necesito ir a firmarlos, tengo qué estar mañana allá así que tengo que salir como ahorita— el mellizo le da una mirada triste, pero se compone y asiente

—Entiendo, y agradezco que hayas venido, esta es tu casa, le diré a uno de los choferes que te lleve al aeropuerto—

—Gracias a ti y a tu familia por recibirme— Richard se levanta y le da un abrazo de despedida, a mí me da una mirada la cual le regreso con un asentimiento y sale por la puerta con el mellizo.

Termino mi cena y subo a mi habitación, al principio no entendía por qué me trataba como si fuera de su familia hasta aquella vez en la que los dos estuvimos a nada de morir y me dijo todo eso que me hizo entender que no se necesitaba ser familia de sangre porque los lazos que se forman por las circunstancias y el tiempo son más fuertes que los de sangre.

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Abro mis ojos al escuchar la ¿alarma?, alcanzo el teléfono y veo el nombre de uno de los trabajadores que se ha encargado estos cinco días de vigilar a Rebecca, mis sentidos se despiertan al mismo tiempo en el que llevo el teléfono a mi oído.

—La princesa ha salido del radar— solo bastaron esas palabras para que corriera a lavarme los dientes y saliera del baño

—¿Qué parte de que no la perdieran de vista no entendieron? Bien dicen que si quieres que algo salga bien tienes que hacerlo tú— me pongo mi pantalón de pijama mientras pongo la llamada en speaker

—Uno, la última vez que la vimos dijo que iba al baño, estamos en Miami— bonito lugar en el que se le ocurrió escapar

—Necesito que vayas con el gerente y hagas lo necesario para ver las cámaras—

—No podemos, estamos fuera de nuestro territorio— me pego en la frente por la frustración —A menos que tengan contactos fuertes acá podremos acceder— susurra, eso es.

—En un minuto te regreso la llamada— cuelgo.

Salgo de mi cuarto descalzo y doy varios golpes a la habitación de Robert hasta que me abre, puedo ver un bulto en la cama, pero sacudo mi cabeza concentrándome.

—Tu hija desapareció o se escapó, necesito que marques a Miami, o más bien de tus contactos mas fuertes que tengas por allá—

—¿Qué demonios dices? — lo saco del brazo y cierro de un portazo, lo llevo a rastras al otro lado del pasillo

—Que malditamente tu hija no está en Miami, no está en el estúpido departamento— grito frustrado, él se va corriendo a su cuarto y regresa a los segundos con su teléfono.

Veo que empieza a teclear y un Ryan soñoliento sale de su habitación

—¿Por qué tanto escandalo? — dice mientras se talla su ojo derecho

—Pasa que tu hermana desapareció— grita Robert mientras se lleva su teléfono al oído —Comandante Álvarez, buenas tardes disculpe la molestia pero es momento de que pague el favor que me debe, ya sé que es muy tarde acá pero se trata de un asunto importante, créame que si no lo fuera no estaría llamándolo a su teléfono personal— ¡teléfono! Corro hacia mi oficina que está del otro lado del pasillo de la de Robert.

Saco mi ordenador y lo enciendo, pongo la contraseña, me doy cuenta de que tiene poca batería y la conecto. Entro al programa de los localizadores para los teléfonos, veo los nombres de todos menos el de Rebecca, la última vez que apareció conectada fue en Turquía. Ryan con una camisa negra entra, al verlo a los ojos veo la pregunta y niego, esta vez no se podrá hacer mucho.



Kamely Marello

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En el texto hay: mafia, religion, traición.

Editado: 11.01.2021

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