En Busca de Ti

6. Tiene que ser un sueño.

“El amor nos hace actuar como tontos, arrojamos la vida por la borda por un día de felicidad.”

Nicole Kidman

 

Me quedé prácticamente como una estatua, viendo a lo que parecía ser una ilusión o un demonio, porque en mi defensa el chico que se encontraba ante mis ojos tenía una apariencia que te daba ganas de correr sin mirar atrás. Me miró sobre su hombro y notó que lo estaba observando sin pestañear con la boca abierta, entonces comenzó a reírse.

-¿Vas a quedarte mucho tiempo mirándome como si fuera un fantasma?- Dijo de forma burlona con una sonrisa en su rostro sin voltearse.

Mi cerebro tardó un poco en contestar su pregunta, todavía seguía intentando procesar el hecho de que me encontraba de vuelta con ese extraño chico, del cual me había convencido que era solo un sueño pero al parecer no lo era. Cuando mi cerebro logró tener el control sobre mi boca otra vez, pude formular unas palabras que sonaron inseguras.

-¿Quién eres?- Pregunté anonadada. Él me miró con sorna, analizando cada una de mis expresiones mientras se acercaba a entregarme una taza de té caliente y se sentaba en la mesa ratona, quedando en frente de mí.

-¿Acaso tan rápido te olvidas de las personas?-Preguntó con una sonrisa, parecida a la del gato rizón de Alicia en el País de las Maravillas.

Lo miré aún más sorprendida que antes, mis ojos se encontraban abiertos en su plenitud al igual que mi boca y mi cabeza se hallaba hecha un lío, imponiéndome procesar toda la información que se me era dada.

-El beso...- Susurré en voz baja, más para mí que para él, pero al parecer me alcanzó a escuchar porque su cara se transformó inmediatamente y... ¡¿Se estaba riendo?!

La vergüenza y el enojo se hicieron presentes, haciendo que suelte un bufido y me cruzara de brazos. Lo fulminé con la mirada por su repentino ataque de risa. ¿De qué se estaba riendo? Estuve esperando un tiempo para que pudiera tranquilizarse y pudiéramos hablar como dos personas adultas, pero al parecer, eso no estaba en sus planes, por lo que siguió riendo.

-¿De qué estás hablando?- Dijo entre risas mientras se secaba un par de lágrimas que se le habían escapado. Me sentí como una tonta, al parecer si había sido un sueño simplemente. Me ruboricé al instante, no solo por la vergüenza sino también por enojo que me había provocado mi confusión.

-Nada- Gruñí, él aún se seguía riendo de mí, y en mi propia cara, generando una mueca de disgusto.

Pero no puedes negar que tiene una risa angelical, sigue haciendo el ridículo. Quiero seguir escuchando. 
Cierra tu boca, se está burlando de mí.

-Dios mío, tienes una imaginación muy activa.- Dijo entre pequeñas risas- Soy Samuel, nos conocimos en tu fiesta de cumpleaños.- Cambié mi expresión repentinamente pero él, al parecer no lo notó.

¿Samuel?, ¿Enserio lo había conocido en mi fiesta de cumpleaños? Eso no podía ser verdad, no podía creer que ese beso nunca sucedió, fue muy real para mí. Mi  cabeza estaba hecha un gran desastre y él no ayudaba para nada.

-"Gracias Samuel por ayudarme", "No fue nada linda, un gusto ayudarte", "Oh Sam, eres muy caballeroso"- Fingió una charla conmigo donde se alagaba a si mismo pero por mi parte, lo observaba con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

-Gracias Samuel.- Dije entre dientes mientas lo fulminaba con la mirada, el chico extraño de mi fiesta es muy lindo pero también era un idiota.

¡¿Qué fue eso?! Es irritante, desesperante, no me puede atraer un chico así.

Cállate, el chico es muy lindo. ¿Por qué no lo besas y descubres si era un sueño o no?

No ayudas en nada.

Eso era una completa locura, besar a un desconocido en su casa... Esperen... ¡¿DÓNDE ESTOY?!

Un aplauso me alejó de mis pensamientos, haciéndome caer de nuevo en la realidad, me encontré directamente con unos ojos celestes como el cielo que me miraban con un brillo divertido. Resoplé cansada y me desplomé en el sillón.

-¿Dónde estoy?- Pregunté nerviosa por la respuesta que me daría, no solía dormir en camas ajenas y menos instalarme en una.

-Te encuentras en el cielo hermosa, justo en frente de un muy bello ángel.- Levantó una ceja y me regaló la sonrisa más grande que tenía, para luego hacer relucir su perfecta fila de perlas blancas.

Me reí tan fuerte que creo que desperté a todas las personas del vecindario. Él me miró molesto pero eso solo hizo que mi risa aumentara, haciendo que un gruñido escapara de sus labios, al parecer al niño no le gustaba que se rían en su cara.

-Eres una tonta- Dijo entre dientes, cruzándose de brazos y sentándose ésta vez en el sillón.

-Y tú un idiota.- Repliqué con burla, de la misma manera en la que lo había hecho él minutos atrás conmigo.




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