En el Foso

CAPITULO 24. La verdad escrita en Sangre

Jasmine Fiore

Tenía sangre en las manos, no sabía exactamente si se debía al frio o a la madera sobresaliente de cada árbol. ¿Cuántos días habían pasado?

Estaba muriéndome, aunque eso sonara ridículo. Era de noche y al fin después de tanta caminata habíamos distinguido a una pequeña posada, con estacionamiento incluido.

– Pueden tener un teléfono – había dicho Landon.

Entonces ingresamos al recibidor, el aire olía a moho, y había mucha humedad aunque permanecía más seco que afuera.

Un pequeño hombre, con abundante barba y pierna torcida nos observó y disimuladamente acerco su rifle, uno grande y aterrador a su cuerpo, rifle del cual no pude quitar mis ojos ya fuese por el miedo o fascinación. Era un recordatorio, aquel color, aquel mango de madera.

– ¿Qué quieren? – pregunto en tono fuerte de voz y entonces Landon me acerco a él.

– Buscamos un teléfono – hablo.

– ¿Tienen como pagarlo? – yo sabía que no, así también como sabía que no había previsto ello y entonces un pequeño anuncio apareció debajo de las noticias en la televisión.

– Creo que eso podrá pagarlo – señalo Landon y los ojos del viejo se agrandaron cuando nos reconoció en la lista de recompensa con un monto enorme.

– En esa esquina, ¿saben a quién llamar? – pregunto y Landon rio.

– Creo que puedo adivinarlo.

Me quede sentada esperando que Landon realizara la llamada mientras que aquel hombre me contemplaba con una mirada fascinada. Me sentí incomoda aún más viendo mi propia cara en la televisión.

– ¿Cómo huyeron? – pregunto después de un rato.

– Pasaron muchas cosas – respondí.

– ¿Están heridos?

– ¿Preocupado? – respondí molesta y él bufo molesto levantándose hasta cojear a su vitrina llena de refrescos y me tiro uno.

– Solo estoy haciendo méritos mocosa, no te creas tan importante.

– Recibirás tu dinero, no te preocupes – hable y Landon regreso justo a tiempo para abrir mi botella y beberse la mitad del líquido.

– Que bien se siente que no sea helado.

– ¿Qué dijeron? – pregunte y Landon se estiro.

– Demoraran media hora, los guardias forestales más cercanos vienen en camino.

– Bien – deje caer mis hombros y por un momento el sueño regreso a mí.

– ¿quieres descansar? – pregunto Landon y yo negué con la cabeza.

– Aún no.

– Ustedes dos – hablo el viejo llamando nuestra atención y después carraspeo la garganta – pueden tomar una habitación para asearse.

– Oh, gracias – sonrió Landon y con suavidad me rodeo los hombros hasta llevarnos a la habitación sugerida por el viejo.

– ¿Piensas que así se terminara esto? – pregunte y Landon sonrió de nuevo, tan cálido, tan él.

– Eso espero. Jasmine, descansa, antes no pudiste dormir nada.

– Estoy bien – respondí.

– No quieres hablar al respecto, ¿verdad?

– Iré a bañarme – murmure y hui de ahí.

Lo cierto era que tenía miedo, no de lo que estaba sucediendo sino de mis recuerdos, aquellos habían regresado con una forma más grande y vil, esos recuerdos me estaban atormentando.

Me bañe rápido esperando ahorrar tiempo, inquieta por el extraño silencio, evitando tocar mi abdomen.

Cuando Salí traía puesto un polo blanco que Landon había dejado afuera de la puerta, junto a un buzo negro que era de lana. Landon se giró hacia mi cuando Salí del baño y me di cuenta de que la vergüenza me inundaba. La camiseta era una talla más corta de lo que yo era así que en mi intento de ocultar mi abdomen terminaba estirándola y jaloneándola hacia abajo.

Él se acero y se colocó frente a mi sin decir ninguna palabra pero sus manos poseyeron a las mías y quitaron mi agarre de la tela.

Entonces una mano suya rozo mi piel abdominal, dirigiéndose a aquella zona prohibida con miles de preguntas escritas en su mirada.

– Es una marca de bala – murmuro y yo apreté los labios.

– Lo sé – respondí y trate de alejar sus manos de mí – y lo odio.

– ¿Odias una cicatriz?

– Sí, es una marca de lo que sucedió. Un estigma.

– Puede ser – murmuro acariciando mi piel, enviando hondas y hondas de calor con electricidad por mi cuerpo. Como un sentimiento escondido y prohibido, su piel rozando la mía de manera distraída – pero también significa que has sobrevivido.

– ¿A costa de qué? – pregunte antes de poder detenerme y entonces justo cuando Landon abrió la boca para responder, fue otra voz la que hablo.

– A costa de Lexel, querida Jasmine – y entonces hubo un disparo.

No, no podía ser cierto.

Estaba consiente, no era un sueño.

La sangre se precipitó en mi visión, sangre que de repente estaba en mis manos y cuerpo y entonces era un día lluviosos de nuevo pero así como la visión desapareció entre un parpadeo no pude entender que sucedía.



Alejazul

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En el texto hay: amor y aceptacion, secuestro, muertes

Editado: 28.01.2019

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