En Nombre del Amor

Capítulo 1

El demonio siguió al joven que caminaba con el andar pesado hasta un pequeño parque, donde se sentó en uno de los bancos observando al cielo con la mirada perdida. A pesar de estar bastante alejado del chico, Damon pudo distinguir un aura oscura cubriendo completamente el cuerpo del pequeño humano. El demonio sonrió encantado, ya había encontrado su almuerzo del día.

Aquel chico, que no parecía ser mayor de los catorce, había pasado por situaciones que ningún muchacho de su edad debería. Y juzgando por el aura tan oscura del niño, estaba a punto de cometer una locura. Dos opciones: acabar con su vida o asesinar a infeliz que se le cruzara por el camino; o puede que incluso ambas.

El demonio se acercó lentamente, como un predador hacia su presa.  El destino del chico ya estaba escrito. Se acercaría a él, le haría sellar un contrato, y luego devoraría su alma.

No era que le agradara mucho la idea de comerse a un niño, pero ya habían pasado meses desde la última vez que había ingerido algo; por lo que era mejor que morir de hambre.

Cuando ya estaba a segundos de llegar a él, un joven, igual de resplandeciente que el sol, se sentó junto a él. El demonio retrocedió enseguida al reconocer su procedencia, y confundido observó como el joven comenzaba a dialogar con el chico, luego de unos segundos y con algo de disimulo, posó una de sus manos en el hombro del niño e instantáneamente, el aura oscura que rodeaba al humano se disolvió como polvo en el aire.

El chico sonrió aliviado, como si una gran carga hubiese sido liberada de su cuerpo.  Sus ojos que antes miraban a un espacio vacío, ahora brillaban llenos de vida.  Se levantó del banco con una expresión más calmada, se alejó y luego volteó hacia atrás para poder mirar al joven que se le había acercado, como si deseara seguir dialogando con el joven extraño, pero al contrario, simplemente se marchó.

El demonio se acercó al banco donde el joven seguía sentado, el cual se encontraba con la mirada clavada al suelo, con los ojos del color azul más brillantes que Damon había llegado a ver, y el cabello era de un blanco puro que le caía sobre la frente algo alborotado.  El joven, al sentir la presencia de alguien más, levantó la mirada para encontrarse con los ojos rojos del demonio que flameaban llenos de furia.

-¿No que ustedes tenían prohibido utilizar la purificación del alma?- La voz del demonio salió enojada, tal vez más de lo que él mismo pretendía. Sin embargo, el otro ni se inmutó.

-Si... seguro me castigaran por eso.- Le respondió simplemente y con una pequeña sonrisa, luego se silenció, esperando que el demonio se fuera y le dejará en paz. Damon no tenía intención de hacer tal cosa. Estaba enojado, le había arrebatado lo único que había encontrado para alimentarse.

-¿Y por qué estaría un ángel en un lugar como este?- El joven pudo distinguir que la pregunta fue formulada con un dejo de repulsión e incluso ira y resentimiento.

Se encogió de hombros, restándole importancia.

-Paseaba.- Se limitó a responder. -Hace un hermoso día, ¿no lo crees?-

Algo parecido a un gruñido salió de los labios del demonio, y con rapidez se alejó para no cometer un crimen que le costaría pagar. No le había gustado ni un poco que un ángel manipulara su cena, eso y que ahora tendría que hallar otra víctima si no quería pasar la noche con hambre, otra vez.

Sin embargo, sentía una inmensa curiosidad respecto al extraño ángel, el cual no se comportaba ni un poco como aquellos desgraciados. Ningún ángel común hubiese roto las reglas para salvar aquel movido. Este ángel era de alguna manera diferente, y aunque el demonio no sabía el porqué, tuvo la sensación de que estaba a punto de presenciar algo increíble.

Intentó dejar de pensar en él y pensó en distraerse buscando otra víctima, pero no pudo sacárselo de la cabeza y harto, terminó  desechando la idea de alimentarse de un alma humana ese día.

No quería regresar al castillo, los demás demonios debían ya estar allí, esperando para hacerle la vida imposible.  De pensar en lo mucho que se iban a meter con él al notar que iba a pasar otra noche con hambre, le daba dolor de cabeza.

Si solo fuera posible asesinar demonios, Damon los hubiera aniquilado con sus propias manos hace mucho tiempo.

Tenía tanta hambre que sus colmillos ya sobresalían más de lo normal y sus ojos se habían oscurecido tanto que en vez de verse de su color normal, el cual era el rojo, habían adquirido un tono vino.

Era obvio que los otros demonios le preguntarían la razón por la que no comió de nuevo, y ¿qué les contaría? ¿Qué un ángel arruinó sus intentos de conseguir el alma de un niño humano? No. Jamás. No iba a rebajarse a ese nivel tan espantoso, su orgullo era demasiado grande.

 

. . .
 

Volvió al castillo, ya muy entrada a la noche, cuando se aseguró que todos dormían.  Sin embargo, aunque él no pudo dormir lo que quedaba de la noche, salió en cuanto el cielo fue iluminado por el sol.

Con la cabeza en las nubes, sus piernas trabajaron por si solas, llevándolo a un camino sin rumbo, o eso pensaba.

Cuando su conciencia regresó, había llegado al mismo parque en donde se había encontrado al ángel. No solo se sorprendió por eso, si no por encontrar al ángel sentado en el mismo banco que el día anterior. Sin embargo, notó que el ángel estaba herido. Su labio inferior estaba partido, tenía moretones por todo su rostro y brazos y se encontraba más pálido que ayer.

No supo que circunstancias lo llevaron a decidir aquello, pero se acercó.  Y solo fue cuando estuvo prácticamente al frente de él que se percató que el ángel temblaba sosteniéndose el estómago. No tuvo que preguntar nada, ya sabía lo que le sucedía.


-¿Qué haces?- Las alas del ángel revolotearon como las de una paloma asustada. Al instante soltó un quejido por el brusco movimiento. Luego le miró a los ojos unos segundos, para bajar la mirada al suelo tiempo después.



Marie Di Angelo

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En el texto hay: angeles, demonios, romancegay

Editado: 27.09.2019

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