En Nombre del Amor

Capítulo 9

Angeliel observó seriamente a la supuesta madre de la pequeña. Rose no dejaba de temblar, tanto que hasta el insensible de Damon sintió pena por ella, quien apretó las manos en forma de puño.

–Que coincidencia, la mocosa nos acaba de contar que es huérfana.– El demonio se mostraba aburrido y desinteresado, sin embargo su voz sonaba temerosa y la humana lo pudo percibir, ya que su rostro se descolocó en una mueca.

–Soy su madre adoptiva...– Las palabras salieron de sus labios en un tono más bajo y molesto, mientras que una risa forzada decoraba su rostro.

El ángel, ya cansado y completamente disgustado por las mentiras de esa humana, se acercó a ella y colocó una mano en el hombro de la mujer.

Generalmente cuando utilizaba su influencia, era bastante delicado, no tenía intención de hacerle daño a ningún humano. Sin embargo, esta vez, dejó caer su mano en el hombro de la mujer bruscamente, sin reparo alguno.

–Creo que ya es hora que nos digas la verdad. – Dijo seriamente.

El demonio se sorprendió al escuchar a la normalmente dulce voz de Angeliel llena de enojo y seriedad. Sonrió internamente. El modo enojado del ángel era bastante y sorprendentemente masculino.

El rostro de la mujer se relajó, mientras que sus ojos perdieron el brillo, como si se encontrara en una especie de trance.

–Dime quien eres. –

–Soy Mary O' Niels...– Respondió automáticamente. Su voz sonaba monótona, sin expresión, sin sentimientos... sin vida.

– ¿Qué piensas hacer con Rose? – Preguntó nuevamente el ángel, que con cada palabra que decía, su voz se volvía más gruesa y enojada.

–Llevarla hasta Scent of Roses con los otros niños.

Damon frunció el ceño. Aquel nombre le sonaba, aunque no pudiera recordar exactamente de donde lo había escuchado o a que lugar le pertenecía el nombre. Bajo la cabeza para indagar en su mente, tratando hacer memoria.

– ¿Qué ibas hacer con ella una vez la lleves allí? –

–Lo mismo que con todos los niños. Entrenarlos. –

El ángel frunció el ceño confundido. Cada vez más, el sentimiento de que algo andaba horriblemente mal se incrementaba con cada segundo que transcurría y con cada pregunta que formulaba.

Damon tuvo que hacer sentido lo mismo, ya que su cabeza se levantó cual resorte para mirarle a los ojos, confundido.

– ¿Entrenarlos? ¿Entrenarlos para qué? –

La mujer sonrió. Una sonrisa carente de gracia y compasión. Rose se encogió aún más de hombros, sus ojos puestos fijamente en el suelo.

–A los clientes les agrada la mercancía joven. –

Angeliel miró a Damon en busca de una respuesta más clara a su pregunta, aquella mujer, por una razón que él desconocía, respondía cautelosamente, aún estando bajo su influencia, evadía sus preguntas originales. Sin embargo, al voltear, pudo observar el rostro impactado del demonio.

– ¿Damon? – Preguntó preocupado. – ¿Sucede algo? ¿Pudiste comprender algo?–

Damon no respondió. Apretó los dientes mientras fruncía el ceño asqueado. Tomó a la mocosa del brazo y al ángel del otro.

–No pasa nada.– Mintió comenzando a caminar. –Puedes traerte a la mocosa. – Angeliel le miró confundido, sin embargo no siguió insistiendo. Estaba feliz de que ahora podría cuidar de Rose. Ella parecía estar contenta por aquel mismo hecho.

Una enorme y radiante sonrisa iluminaba su rostro, mientras sujetaba la mano del demonio con fuerza. Hacía mucho tiempo que nadie le tomaba de la mano.

Además, el hecho de que probablemente nunca más tendría que ver a esa horrible señora, le ayudaba a contribuir con esa felicidad. Así que sonrió, dejando que aquel demonio y aquel ángel le guiaran.

(. . .)

Cuando llegaron al castillo, la mocosa no paraba de mirar a su alrededor emocionada. Sus ojos brillaban al ver la magnitud de aquella arquitectura. A sus ojos, parecía un castillo de princesas, solo que más oscuro.

Damon bajó la mirada al sentir que la mocosa estaba dando pequeños brinquitos de felicidad. Y casi al instante, apartó su mano, soltándose del agarre. Avergonzado de que todavía le hubiese estado sujetando de la mano.

–Es lindo, ¿no?– Rose asintió repetidas veces haciendo que Angeliel sonriera. –Aquí vive Damon.–

La pequeña abrió los ojos, sorprendida y señaló a Damon con la boca abierta.

–¡¿El monstruo es un príncipe?!– Exclamó haciendo que el ángel abriera los ojos para después comenzar a reír a carcajadas.

–¡¿A quién diablos le estás llamando monstruo, mocosa?!– Preguntó el demonio insultado tomando a la niña por la oreja. Rose comenzó a soltar risitas, intentando de escapar de su agarre. –¿Y tú de qué te ríes?– Preguntó de mala gana al ver como el ángel seguía riéndose.



Marie Di Angelo

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En el texto hay: angeles, demonios, romancegay

Editado: 27.09.2019

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