Eliot asiente mientras me mira por el retrovisor y con voz grave pero gentil me dice: —Sabe que puede contarme lo que sea, señorita Melania; he trabajado para su familia desde antes de que usted naciera, conozco a cada uno de sus hermanos y sé cuando algo les preocupa, en especial a usted. Ya que siempre fue muy expresiva desde niña. —Eliot suelta una risa pequeña; mientras él hace eso, lo miro con aprecio y le sonrío con calidez. —Gracias, Eliot, aprecio mucho tu preocupación. —Miro por la ventana un momento y volvió hacia él de nuevo con una sonrisa más pequeña. ¿Alguna vez tuviste un sueño tan raro pero también especial? ¿Pero, a pesar de sentir eso, no logras recordar cómo era el sueño? Y... ¿Sentir que ya lo soñaste más de una vez, pero siempre despertar y no recordarlo?
Eliot me mira con ojos sabios y gentiles por el retrovisor por un momento mientras aún conduce y mira de nuevo el camino y me dice.
—Le seré sincero, señorita Melania. Si el sueño es el mismo una y otra vez, no es un simple descuido de su memoria; es un aviso. A veces el pasado se nos queda atorado en el alma y busca una rendija para salir cuando estamos dormidos —Eliot hace una breve pausa y me mira fijamente por el retrovisor—. No se mortifique intentando recordar su cara o lo que se dijeron. Mejor pregúntese qué siente cuando despierta del sueño. Lo miro sorprendida, ya que no le había comentado nada sobre el sueño y menos que se trataba de una persona. Cuando abro la boca para decirle algo, Eliot continúa. —Si siente que es alguien que ya conoce, confíe en ese instinto. El destino no gasta energía repitiendo cosas solo porque sí. Deje de perseguir el sueño, deje que el sueño la encuentre a usted; créame que cuando lo consiga, la vida se va a encargar de que no se le olvide ni un detalle. Ese es mi consejo; espero haberla ayudado, señorita Melania. Con eso, Eliot le da una última mirada con cariño desde el retrovisor y sigue conduciendo con calma.
Lo miro aún sorprendida por todo lo que dijo, pero de alguna forma me siento más tranquila al saber que alguien me entiende. Con una sonrisa más cálida que antes, miro así la ventana y le digo: Sí lo hiciste... Gracias, Eliot, siempre sabes qué decir para hacerme sentir mejor.
Eliot sonríe, pero sin apartar la mirada del camino y aún conduciendo me dice: —Me da gusto saber que el consejo de este viejo anciano le haya ayudado en algo, señorita Melania.
Cuando el auto se acerca a mi casa y se parquea enfrente de ella, Eliot baja y me abre la puerta, ayudándome a bajar del auto mientras sostiene mi mochila para después dármela. Cuando entro a casa, un mayordomo me abre la puerta de la entrada, saludándome con cortesía; le devuelvo el saludo y entro mirando a varios criados ir y venir de un lado a otro, apresurados. (Qué extraño, solo se ponen así cuando saben que toda mi familia se va a reunir, a menos que eso sea). Miro a una de las criadas y le digo: "Oye, ¿por qué están tan apresurados? ¿Vendrá alguien a casa? —la criada me mira y asiente amablemente. —Sí, señorita Melania, acaban de avisar... sus padres y sus hermanos aterrizan en un par de horas. Cenarán todos juntos hoy.
Mis ojos se abren de par en par y una sonrisa gigante, casi de niña pequeña, ilumina mí rostro. Tomó a la criada por los hombros, dándole una sacudida juguetona. ¡No me mientas! ¿Me estás diciendo que por fin voy a dejar de contarle mis penas a las servilletas?, ¡Qué alegría!. Luego de decir eso, se da cuenta de que también significa que volverá a escuchar las críticas y los comentarios groseros de algunos de sus hermanos y su sonrisa flaquea un poco y dice: Aunque... eso significa que vuelven las críticas de mis hermanos sobre mi ropa, mis estudios y hasta mi forma de respirar, ¿verdad?, Suspiró dramaticamente, llevándome una mano a la frente, pero sin borrar la sonrisa de mis labios.
—La criada sonríe y suelta una risita al oír todo lo que dijo Melania y dice: —Tranquila, señorita Melania, de seguro sus hermanos están igual de contentos por volverla a ver; ya pasó medio año desde que se vieron por última vez.