—Señorita Melania, el joven Kilian está tan obsesionado con los organigramas y las sucesiones que se le olvida que su padre, antes que un jefe, es un hombre que valora la lealtad. —Eritia me toma de las manos con firmeza. —Él cree que esto es una carrera por la silla presidencial de la empresa de su padre; no gaste saliva explicándole sus intenciones.
Miro a Eritia con una sonrisa más calmada y agradecida. —Gracias, Eritia, me hacen sentir mejor tus palabras. Tienes razón, no me mataré pensando en cómo evitar a Kilian. Me alegra tenerte a mi lado no solo como asistente personal, sino como una hermana mayor. —Le doy una sonrisa grande a Eritia, con cariño, y me miro al espejo, ya lista para bajar a recibir a mi familia.
Eritia me mira y baja la mirada un segundo y aprieta mis manos suavemente antes de soltarlas para hacerme una pequeña y elegante reverencia y me dice. —Es un honor para mí serle de gran ayuda, mi señorita Melania. Ahora baje con la frente en alto; sus padres están por llegar en cualquier momento. —Me lo dice mientras me abre la puerta de la habitación para que pueda salir y bajar a recibir a mis padres. Mientras la miro, asiento con la cabeza ahora más feliz y segura que antes. —Gracias otra vez, Eritia. —Cuando le digo eso, me dispongo a salir de mi habitación y bajar por las escaleras de forma rápida para llegar a la sala donde ya estaban mis padres sentados en uno de los sillones; cuando los veo, me quedo paralizada con una mezcla de emoción y ganas de llorar. —¡Padre!, ¡madre!, pensé que llegarían en media hora... por lo menos... —Me paro bien y tomo mi vestido de ambos lados y hago una reverencia. —Bienvenidos a casa, me honra tenerlos de vuelta sanos y a salvo.
Mi madre se levanta y se apresura a abrazarme y a darme besos en las mejillas con amor mientras me acaricia con una de sus manos la cabeza. Mientras mi padre permanece sentado en el sofá con su habitual postura intimidante, pero dedicándome una sonrisa afectuosa sin decir nada aún.
—Mi pequeña Melania, mírate, solo pasó medio año y ya te ves como toda una señorita. Nos hiciste mucha falta. Lamento que tengamos que dejarte sola en casa, pero el trabajo de tu padre nos obliga a estar fuera. —Mi madre se separa de mí y me toma por los hombros con suavidad. —Pero ahora que tu padre se tomó unas vacaciones, estaremos en casa más tiempo, al igual que tus hermanos. —Mi madre ve a su alrededor buscando algo y me mira de nuevo. —¿Dónde están tus hermanos? ¿Aún no han llegado? Tal vez su vuelo se atrasó.
Miro a mi madre con una sonrisa cálida. Después de tanto tiempo, puedo sentir sus cálidos abrazos y el aroma de su perfume a flores. —Gracias, madre, me hace muy feliz escuchar eso. No te preocupes, seguro pararon en el camino por algo de comer; sabes cómo es Milos, en cada viaje siempre le da hambre en el momento menos indicado. —Le digo eso mientras sonrío.
Mi padre interviene con una voz profunda que parece retumbar en las paredes, manteniendo su postura impecable y dice.
—Típico de tu hermano: prefiere un puesto de comida en la carretera que la puntualidad en su propio hogar. Espero que, al menos, esa distracción le sirva para calmar ese temperamento con el que salió del aeropuerto. De seguro Lol está molesto; es el único al que sí le gusta la puntualidad y debe estar dándole un sermón por mí mientras vienen en camino. - Una sonrisa se asoma en la comisura de sus labios con un toque de humor que rara vez deja ver mientras me mira y dice. —Melania, hija, me alegra ver que te encuentras bien después de estos últimos meses sola; me llegaron los reportes de que te has estado portando bien desde entonces; eso me llena de orgullo. Saber que la educación que te di te convirtió en una señorita ejemplar a pesar de que tu madre y yo estemos ausentes.