Enemiga de mi propia historia

Capítulo 2 – Quince años de mentiras

Poco después de aquella noche, Rodrigo Ortega reunió a todos sus hombres, empleados y personas de confianza en la sala principal de su casa. Quería que todos escucharan la misma versión y nadie se atreviera a dudar. Allí, delante de todos, habló con voz firme y clara:

Escuchen bien lo que voy a decir, empezó Rodrigo.

Esta niña que traigo conmigo se llama Valeria. Es hija de unos parientes míos que murieron en un accidente hace poco. Como no tiene a nadie más en el mundo, yo me haré cargo de ella y la criaré como si fuera mi propia hija.

Luego miró a todos con seriedad y les dio una orden estricta:

Nadie debe preguntar nada más sobre su pasado. Y mucho menos mencionar lo que pasó en la casa de los Arango o de dónde vino realmente. Quien hable de esto o haga preguntas innecesarias, recibirá un castigo muy duro. ¿Lo han entendido todos?

Todos asintieron con la cabeza y respondieron que sí, pues sabían que Rodrigo cumplía siempre sus palabras. Así, desde ese día, todos en la casa trataron a la niña como si fuera parte de la familia de verdad.

Sofía, ahora llamada Valeria, creció con todo lo que necesitaba, pero también con reglas muy estrictas. No recordaba casi nada de sus primeros años; solo le venían imágenes borrosas: una casa grande, olores a flores y madera, y voces que le parecían conocidas, pero no sabía de quién eran. A veces le preguntaba a Rodrigo:

—Padre, ¿por qué no recuerdo nada de cuando era más chica? ¿No tengo ninguna foto de mi familia antes de llegar aquí?

Rodrigo le respondía siempre con calma pero sin dejar espacio para dudas:

—Lo que pasó antes ya no importa, Valeria. Ahora tienes un hogar, protección y un apellido que te respeta. Eres una Ortega, y eso es lo único que debes saber. No pienses en cosas que no existen.

Con el paso del tiempo, Rodrigo le enseñó todo lo necesario para defenderse y manejar los negocios. Le enseñó a usar armas con cuidado, a hablar con seguridad, a saber cuándo alguien quería engañarla y a tomar decisiones difíciles. Sofía aprendía muy rápido, y pronto todos en la familia empezaron a respetarla mucho.

Aunque tenía todo lo material, en el fondo sentía que le faltaba algo. Al cumplir los dieciocho años, ya tenía un puesto importante y se encargaba de los asuntos de la familia. Para ella, los Arango eran solo sus peores enemigos, sin saber que su verdadero padre y hermanos estaban justo del otro lado de la pelea.

Mientras tanto, los Arango seguían con su vida. Marcos estaba al frente, y Santiago, Alejandro y Tomás se hicieron hombres fuertes. Cada año recordaban a Sofía y a su madre, sin imaginar que la niña seguía viva bajo el techo de sus rivales.



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En el texto hay: familia, drama, acción

Editado: 20.06.2026

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