Entre Cintas y Combate

Capítulo 2.

-Madre superiora no se ha puesto a pensar de cómo será nuestro futuro, es decir, me refiero a que el mundo está pasando por muchas guerras cada año, ha dejado muchos muertos, destrucción de países enteros, la economía está sobre el piso y si seguimos así, la verdad no creo que este orfanato y los pocos orfanatos que aún quedan seamos capaces de tener a todos estos niños más años, acaso usted cree que es un castigo que Dios nos está dando, que nos demos cuenta de las tonterías y daños que nos hacemos a nosotros mismos, ¿será que algún día se acabara todo este caos? –dijo la hermana Lady mientras caminaba con la Madre superiora con los brazos atrás y las manos garradas una con otra.

-La verdad no lo sé hermana Lady, pero si me eh puesto a pensar de lo que nos pasara a nosotros de si seremos capaces de tener a estos muchachos más tiempo, y respecto a tu pregunta, yo creo que, si es así, que Dios nos está mandando mensajes de que abramos nuestros ojos y nos perdonemos unos a los otros porque si esto sigue más tiempo, no habrá más gente en la tierra, todo caerá y algún día nos van a encontrar y seamos sin ceros ellos nos asesinaran, todo está en las manos de Dios –respondió la Madre superiora mirando hacia al frente mientras caminaban por el parque del orfanato.

- ¿Ósea madre superiora, usted me está diciendo que Dios nos quiero acabar? –pregunto la hermana Lady parando la caminata que estaban realizando.

-No seas tonta, yo no estoy diciendo eso, simplemente estoy comentando que el pecado en la tierra será tan abundante que, si para nuestro señor la única solución es exterminarnos, lo hará, pero no por cuenta de él, sino, por cuenta de nosotros mismos –respondió la madre superiora poniéndole una mano en la espalda.

- ¿Es decir Madre superiora que nosotros mismos llegaremos a exterminarnos? –vuelve a preguntar Lady con una voz temblorosa.

-Lamentablemente sí –responde la Madre superiora con voz de tristeza.

La madre superiora y la hermana Lady se entraron al orfanato para poder lidiar con todos los muchachos que tenían, obviamente con ayuda de cuatro hermanas más. La gran mayoría de los jóvenes ya eran bastantemente grandecitos, en general estaban entre los 13 y 16 años de edad y en esa etapa es cundo ellos se vuelven más traviesos y en ocasiones insoportables, muchos de los jóvenes vivían en ese orfanato por motivos de que sus padres los trajeron para que ellos si tuvieran una vida tranquila y no pasar por la guerra, por la angustia y por el dolor.

-Bueno hermanas es hora de nuestra larga labor que hacemos todos los días por estos ángeles de Dios, recuerden que esto lo hacemos por amor a nuestro señor y a estos pobres niños que probablemente ya no tengan padres, porque después de todo no es un disparate pensar que después de tanto tiempo muchos de los progenitores de estos niños están muertos o desaparecidos en la guerra, ya que no volvieron a mandarnos cartas de información que están vivos o algo por el estilo –dijo la Madre superiora mientras miraba a todos los jóvenes.

-Hablando de eso Madre superiora –dijo la hermana Doroti. –Llegaron los telegramas de los padres de 10 muchachos.

-Pero que excelente noticia me has dicho hermana Doroti, ya era hora –respondió la Madre superiora saltando de alegría –. Haber, cuéntame que decía esos telegramas.

-Lamento decepcionarla Madre superiora, pero lo único que decían los telegramas era que los padres de esos 10 muchachos fallecieron en la guerra y que nosotros nos teníamos que hacernos responsables de ellos y darles la noticia –asintió la hermana Doroti mirándola.

-Pero que tragedia es lo que me estas contando –dijo la Madre superiora –. Y ahora ¿cómo le vamos a decir a esas criaturitas que fallecieron sus padres? –pregunto ella frotándose la barbilla con los dedos de la mano, mientras caminaba de un lado a otro en un mismo lugar.

La Madre superiora se le ocurrió una idea y les ordeno a la hermana Doroti y a la hermana Eva de reclutar a los diez muchachos que perdieron a sus padres en la guerra, les entrego la lista de los jóvenes y ellas se fueron de inmediato a cumplir la orden.

-Muchachos, muchachos, atención. Silencio por favor, a continuación, voy a decir algunos nombres y a aquellos que llame, deberán dar un paso adelante y luego se irán con la hermana Eva y con conmigo para la oficina de la Madre superiora –dijo la hermana Doroti mirando a los chicos mientras alzaba el telegrama que tenía en la mano derecha.

-Pero nosotros no hemos hecho, ni dicho nada, no deberían castigarnos por portarnos bien y cumplir las reglas –exclamo Diego, uno de los huérfanos que no sabía de sus padres.

-Diego, hijo mío, nosotros no hemos dicho que los vamos a castigar o algo por el estilo, simplemente la Madre superiora los necesita en su oficina para darles una información y luego ella determinara lo que pasara después –respondió la hermana Eva.



Felipe Ardila Gómez

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En el texto hay: belle, historia

Editado: 30.03.2018

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