Entre Cintas y Combate

Capítulo 4.

La Madre superiora siempre regañaba a Ana y a su mejor amigo Víctor que llego al mismo tiempo que ella desde bebes, solo que ellos tenían algunos factores de diferencia, uno era que él quedo huérfano por culpa de la guerra, es decir, su padre Jean Paul murió cuando estaba en combate, mientras que su madre Isabela murió dando a luz del pequeño hijo que tanto amaba y que quería criarlo hasta el último día de su vida.

Durante la etapa del embarazo, la madre de Víctor sufrió muchos dolores y tropiezos. Ya que ella tenía que estar al lado de su marido en la guerra proveyéndole muchos beneficios para él, como era la comida, la vestimenta, el cuidado de la salud y muchas cosas más que debían hacer la mujeres en la guerra, puesto que ella no pudo participar en el combate como una gran cantidad de mujeres que lo hicieron, entonces se dedicó con  las demás madres que no podían estar colaborando en la ofensiva a apoyar a sus esposos fuertemente trabajando en sus propios refugios, era una obligación de cada adulto del país.

Víctor nació el 14 de abril de 1937 en Roubaix-Francia, que es un municipio francés situado en el departamento de Nord y la región de alta Francia, y como no es de extrañarle, él venía de una familia muy pobre que a comparación de Ana nacida en una familia de la alta Burguesía, esos eran los únicos dos factores que aquellos mejores amigos tenían, del resto eran completamente iguales, como su forma de pensar que es muy diferente a la de los demás, su sagacidad para entender las cosas y el ahínco que le ponían para poder escapar de ese orfanato juntos, cuya promesa se tenían y nunca se podía romper.

 

- ¡Adiós orfanato! Ya casi, despacio, creo que lo voy a logar, por fin voy a escapar de este orfanato –dijo Ana mientras caminaba por el tejado del orfanato.

El señor Carson que es el ayudante de la Madre superiora y de todas las hermanas del orfanato iba a dar una caminata con todos los niños y jóvenes por todo el campo que contaba con una protección y sin ningún peligro alrededor, para que supuestamente no tuvieran miedo de una invasión de los contrarios, pero cuando estaban saliendo del refugio, él giro su cuerpo para revisar si todos estaban y por sorpresa cuando ya casi finalizaba el chequeo de personas se dio cuenta que no contaba con una joven y era la traviesa de Ana, de inmediato camino hasta donde estaba Víctor, lo miro fijamente a los ojos, apretó la mandíbula y arrugo su frente.

- ¡Alto todos! –Dijo el señor Carson –. ¿Víctor dónde está Ana? –Pregunto el señor Carson mientras mantenía una mirada firme y poderosa ante Víctor.

- Eh, señor no estoy seguro –le indicó Víctor mirando hacia arriba.

- ¿Que estas mirando tonto? –Le grito el señor Carson y luego giro su cuerpo hacia donde Víctor estaba mirando.

- Nada señor –respondió Víctor volteando la mirada y comenzó a silbar distraídamente.

- ¡Ahora trae a Ana! –Le grito el señor Carson mientras volvía la mirada hacia Víctor.

- Sabe, es un pequeño dilema entender con qué ojo quiere decirme –se burló Víctor moviendo un dedo de cada mano en la posición de los ojos del señor Carson.

- ¡Hazlo ¡-exclamo el señor Carson gritándole y salpicando saliva en el rostro de Víctor.

Mientras que Víctor iba por Ana a encontrarla, los demás entraron al orfanato porque el señor Carson les había indicado que lo hicieran, los muchachos se quejaron del por qué lo tenían que hacer y simplemente él les grito y ellos se entraron.

-Víctor, quieres ayudarme –le dijo Ana colgando del tejado con la cabeza hacia abajo sosteniéndose de las piernas en un tuvo.

–¡Já!, ¿debería? -Preguntó Víctor cruzándose de brazos y lanzándole una mirada de ego.

-Claro –exclamo Ana alzando los brazos –. ¿No te has dado cuenta que me voy a caer?

Víctor desato sus brazos y se inclinó para tenderle la mano a su mejor amiga Ana para que ella pudiera salir del lio en el que se encontraba. Ana pudo agarrarse de la mano de Víctor balanceándose hacia arriba con dificultad pero a lo último lo logro, se levantó y comenzó a sacudirse el polvo que tenía encima, luego miro a Víctor a los ojos y le dio un fuerte abrazo con unas cuantas palmadas en la espalda agradeciéndole por la ayuda y porque ella no podría sin él, luego se dirigieron a la cocina para lavar los trastes de todos los demás jóvenes del orfanato, pero Víctor caminaba con una mueca en el rostro porque se sentía mal por lo que Ana, su mejor amiga estaba haciendo.

-Ya basta, quita esa cara de amargado. –Le repudio Ana mirándolo a los ojos.



Felipe Ardila Gómez

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En el texto hay: belle, historia

Editado: 30.03.2018

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