Entre dragones y pretendientes

Prólogo

En Lúmaria, todos conocían las antiguas leyendas sobre los dragones. Se decía que, siglos atrás, las criaturas habían aprendido a adoptar forma humana para gobernar sus reinos sin ser descubiertas. También se decía que cada dragón poseía un vínculo destinado: una persona nacida para convertirse en su pareja, reconocida por una magia que ni siquiera los propios dragones podían controlar

Pero había algo que todos sabían con certeza

Un dragón jamás podía tener dos parejas destinadas

Por eso, cuando el destino eligió a la misma muchacha para dos príncipes enemigos, el equilibrio de los reinos comenzó a romperse

Aria nunca había creído en dragones

Mucho menos en destinos

A sus diecinueve años, su mundo se reducía a los enormes pasillos de piedra del Castillo Real de Lúmaria, las habitaciones que debía limpiar antes del amanecer y las órdenes de los miembros de la familia real

Era una simple sirvienta

O eso creía todo el mundo

Aria había aprendido desde pequeña a esconder aquello que llevaba dentro

El poder

Una magia que jamás debería haber existido en una humana. Una magia que, si alguien descubría, podía costarle la vida. Por eso mantenía la cabeza baja, hablaba poco y procuraba pasar desapercibida

Pero aquella noche sería diferente. El rey de Lúmaria había organizado una de las celebraciones más importantes del año para anunciar oficialmente el compromiso de su hija, la princesa Hazel

Todo el castillo estaba iluminado con cientos de velas. Los salones estaban llenos de nobles, príncipes y representantes de distintos reinos. Entre ellos había dos invitados que nadie quería ver juntos

Aeren, príncipe del Reino de Valdren Dragón de sangre antigua

Y Xander, príncipe del Reino de Drakhar. Su enemigo desde que ambos tenían memoria

Dos reinos separados por guerras, secretos y una rivalidad que había sobrevivido durante generaciones. Los dos habían acudido a Lúmaria por razones diferentes

Ninguno esperaba encontrar allí a su pareja destinada. Mucho menos que fuera la misma persona

—No vuelvas a acercarte a mi prometido —ordenó Hazel, mientras Aria sostenía una bandeja entre las manos

Aria bajó la mirada

—Solo estaba cumpliendo con mi trabajo, princesa

Hazel soltó una risa fría

—Tu trabajo es servir. No llamar la atención

Aria apretó los dedos alrededor de la bandeja. Había aprendido a soportar ese tipo de comentarios. Hazel nunca había ocultado el desprecio que sentía por ella. Quizá porque Aria era demasiado bonita para ser una sirvienta. Quizá porque su cabello plateado, sus ojos azul grisáceos y las pequeñas pecas que cubrían su nariz hacían que muchos invitados se fijaran en ella incluso cuando intentaba pasar desapercibida

—Y cubre tu cabello —añadió Hazel— Esta noche no quiero que nadie te confunda con una invitada

Aria asintió

—Sí, princesa

Se alejó antes de que pudiera decir algo más

No quería problemas

No quería llamar la atención

Solo quería terminar su turno y regresar a su pequeña habitación

Pero mientras atravesaba el enorme salón, algo cambió. Primero sintió frío, después, calor. Y finalmente...

Una presión extraña en el pecho

Aria se detuvo. La bandeja tembló ligeramente entre sus manos. No entendía qué estaba ocurriendo

Entonces escuchó una voz

—¿Qué...?

Al otro lado del salón, un joven vestido completamente de negro había dejado de hablar

Aeren

Sus ojos estaban clavados en ella. Su expresión había cambiado por completo. Como si acabara de ver un fantasma

Al mismo tiempo, al otro extremo del salón, Xander levantó la cabeza. Sus ojos encontraron los de Aria

Y ocurrió lo mismo

Un vínculo invisible pareció tensarse entre ellos. Los dos príncipes se quedaron inmóviles. El ruido de la fiesta comenzó a desaparecer para ellos

Solo existía aquella muchacha

La sirvienta

La humana

Aria

Aeren dio un paso hacia ella, Xander hizo lo mismo. Sus miradas se cruzaron, el odio que normalmente existía entre ambos se transformó en algo mucho más peligroso

Reconocimiento

Los dos habían sentido la misma magia. Los dos habían reconocido el mismo vínculo. La misma pareja destinada

—No... —susurró Aeren

Xander apretó la mandíbula

—Esto no puede estar pasando

Aria retrocedió confundida. No sabía por qué aquellos dos príncipes la miraban como si la conocieran, no sabía por qué su corazón latía con tanta fuerza. Y, sobre todo, no sabía por qué una extraña energía comenzaba a recorrer sus venas. Entonces las velas del salón se apagaron, una por una.

Hasta que todo quedó completamente oscuro. Un rugido estremeció las paredes del castillo

Los invitados gritaron

Las ventanas vibraron

Y, durante un instante, los ojos de Aria brillaron con una luz azul intensa

Aeren lo vio, Xander también

Ambos comprendieron algo que nadie más había descubierto todavía. Aquella muchacha no era una simple humana.Y si alguien descubría quién era realmente Aria...

Lúmaria no volvería a ser el mismo reino

Porque aquella noche, dos dragones habían encontrado a su pareja destinada. Y el destino había cometido el peor error posible:

había elegido a la misma mujer para ambos




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