Entre fogones

Capítulo 6. Segunda Parte

- Te estoy diciendo que esto tendría que saber más fuerte, parece un pisto español y no una caponata siciliana.

Delan se estaba exasperando. Había descubierto que ambos tenían una forma similar de trabajar, eran limpios, ordenados y meticulosos. Y aun así... Nada les estaba saliendo como debería. La caponata no sabía a caponata, el pan era un desastre y el postre... De eso mejor ni hablar. Las capas de pasta no habían salido como deberían y no solo se veía feísimo, sino que tampoco sabía cómo tendría que saber.

- Y yo te digo que es culpa tuya, Delan. Deberías haber dejado más tiempo el sofrito, como yo te pedí que hicieras. Pero tú decidiste que era suficiente.

- Pues lo repetimos.

- ¿Otra vez? Ya van tres veces.

- Pues hasta que salga.

- ¡No va a salir, Delan! No me quieres hacer caso en nada de lo que te digo. Te digo las cosas una y otra vez y tú haces lo que crees mejor, ¡y nunca es lo mejor!

- Tú tampoco me has hecho caso con el postre, te dije que la pasta estaba demasiado gruesa y que debíamos hacerla de nuevo y tú dijiste que estaba bien. Míralo ahora, es incomestible.

Delan odiaba que le echasen la culpa de todo lo que ocurría, ambos habían estado cometiendo muchos errores continuamente, pero era debido a que cada segundo que pasaban practicando juntos, se hacía más y más insoportable. No sabía cómo lo había hecho Mark para no matarla, bueno sí que lo sabía, él tenía muchísima más paciencia.

- Eso es...

Evelynn seguía gritándole cosas enfadada por haberle dicho que también era culpa suya. Esa chica se parecía demasiado a él en algunos aspectos, por eso supo que nunca podría ser su amiga. Se repelerían hasta el fin de los tiempos.

Necesitaban a Mark para que pusiese calma en aquella tempestad. Odiaba admitirlo, pero su actitud tranquila y alegre en esas situaciones era lo mejor.

- ¡Deberías escuchar a las personas cuando te hablan! ¡Y más cuando están discutiendo contigo!

Aquel grito le sacó de sus pensamientos y vio que Evelynn estaba furiosa, su rostro estaba completamente rojo y dio un golpe en la encimera frustrada. El problema fue que no se dio cuenta de que justo donde iba a golpear se encontraba el plato para nada sabroso que acaban de servir. Este se giró por el impacto con la mala suerte de que todo el contenido cayó encima de Delan.

Delan respiró hondo. Contó hasta diez y luego volvió a hacerlo. No había mucho en el plato, así que no era la gran cosa, pero la salsa les había salido muy líquida y ahora estaba por toda su camiseta y parte de sus pantalones. No podía matarla, no era ético y cocinar desde la cárcel sería un coñazo.

- Mierda, lo siento Delan. No sabía que estaba ahí, ha sido sin querer.

- Es igual. Vamos a por Mark.

Se giró antes de seguir pensando en eso y matarla de verdad. Lo había hecho sin querer, se lo repitió una y otra vez, pero no se dio cuenta de que estaba volviendo a ignorarla después de que se había disculpado con él, por lo que estaba volviendo a cabrearla.

- ¿Mark? ¿Por qué Mark? ¡Todo esto ha pasado porque eres incapaz de escuchar a los demás!

Delan siguió avanzando con Evelynn a su espalda gritándole una y otra vez, cada vez más fuerte porque se sentía más y más ignorada. Entendía que estuviese histérica, de verdad, pero necesitaba a Mark para darle calma a eso o empezaría a tener que buscar un abogado. Resoplaba cada vez que ella gritaba, al parecer era incansable y no pudo evitar reír. Aquella energía inagotable le recordaba completamente a Mark y supo una de las razones por las que se llevaban tan bien.

Cuando llegaron a la habitación y entraron, vio a Mark en un cuarto con poca luz. Había sido inteligente la noche anterior y se había asegurado de bajar lo suficiente la persiana. Estaba enrollado en las sábanas, seguramente por haber llegado la noche anterior tan empapado. Tendría el cuerpo destemplado.

Odiaba tener que despertarle cuando se le veía tan feliz durmiendo, pero de verdad que le necesitaban.

- Lo mejor es despertarle de buena manera, así que deja de gritar.

Se acercó a él. Había varias formas de despertar a Mark: a gritos desde la puerta, lo cual hacía que un Mark malhumorado se despertase; con un "idiota, despierta" desde al lado de la cama, lo cual despertaba al natural Mark; y un despertar más dulce, ese era únicamente para que un Mark lleno de buena voluntad y amor por el prójimo despertase. Ahora mismo necesitaban al último.

Se giró, no quería que ella viese ese despertar. Sólo él y la señora Johnson sabían cómo hacerlo. De hecho, había sido ella quien había tenido la amabilidad de enseñárselo cuando fue por primera vez a su casa con un favor que pedirle a Mark.

- Sal.

Fue seco y directo, con lo que Evelynn no pudo ni replicar. Se encogió de hombros y salió cerrando la puerta tras de sí con cuidado.

Delan retiró con cuidado el pelo del rostro de Mark y empezó a dibujar cada una de las líneas que lo formaban con el dedo índice. Un suave roce que hacía que se le erizase la piel y una pequeña sonrisa asomase.



Laura Linares

#18409 en Novela romántica
#7203 en Joven Adulto

En el texto hay: amor, chicoxchico, rivalidad

Editado: 18.11.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar