Estrellas Fugaces

Estrella Ocho

Situación: Pérdida de un objeto de valor sentimental.

Personajes: Koji Koda/Anima e Iida Tenya/Ingenium. Se le hace mención a Jirou Kyoka/Headphone Jack y Asui Tsuyu/Froppy.

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“Dicen que si escribes el nombre de la persona que te gusta en tu goma de borrar, y la conservas por todo el año escolar, esa persona corresponderá a tus sentimientos”

Le había dicho la dulce y melodiosa voz de su madre una vez, en la secundaria, cuando le había confesado que estaba enamorado de una chica del salón.

Koji siempre había sido muy apegado a su madre. Le contaba todo, pasaba tiempo a su lado, ella era su mejor amiga, era su confidente, era el cajón de todos sus secretos, y estaba asegurado que ninguno saldría de él.

Él, nunca antes se había confesado a la chica que le gustaba en la secundaria, era tan tímido, que no tuvo el valor de siquiera escribir su nombre en el borrador. La simple idea de que ella pudiese hallarlo, o leerlo, le hacía temblar. Los nervios se multiplicaban por mil, y refugiaba su rostro de tras de sus grandes manos con vergüenza.

Y así fue como Koji Koda terminó la secundaria, con un remordimiento en el pecho, y un cosquilleo en el estómago, que posteriormente regresaron cuando entró a UA, y se encontró con una muchacha que le había robado el corazón. Cada vez que miraba su cabello, el corazón se volvía loco. Al escuchar su voz, un espasmo le cortaba la respiración. Cuando estaban juntos, sentía que moriría de felicidad.

No había lugar a dudas de que esa chica le había hecho ser tantas cosas, entre ellas, comenzó a ser más valiente. No era un cambio radical, puesto que seguía sin ser capaz de confesarle sus sentimientos, pero al menos, se había atrevido a escribir su nombre en su goma de borrar. Era evidente que ese viejo truco no iba a funcionar, pero no le importaba mucho, lo único que quería, era sentir que por lo menos no se estaba quedando sin hacer nada con esos sentimientos que se agolpaban en su pecho, no otra vez.

Faltaba poco para terminar el año, debía de admitir que estaba un poco ansioso, pues sentía que llegaría el día en que sería capaz de confesarle sus sentimientos. No esperaba que le correspondiera, estaba consciente de que en su escuela habían chicos más interesantes, más apuestos, más de “su tipo”, pero sólo quería que ella lograra saberlo.

Estaba guardando cómodamente todas sus cosas en su mochila al terminar las clases, había tenido la oportunidad de intercambiar algunas palabras con ella antes de que tuviera que retirarse, y eso le hacía feliz. Entonces, antes de guardar sus cosas, quiso ver el nombre de la chica que tanto le gustaba, escrito en su borrador. Era algo que hacía de vez en cuando, le gustaba recalcarlo cuando comenzaba a diluirse. Era como la forma de aclarar que sus sentimientos hacia ella no habían cambiado. Lentamente comenzó a retirar el pequeño cartón que cubría el nombre de esa chica, previniendo que alguien lo fuese a ver.

Asui Tsuyu.

Abrió los ojos tanto como pudo, y se pellizcó un poco las mejillas para asegurarse de que no había leído mal, puesto que podría jurar, que había escrito el nombre de Jirou Kyoka en su borrador. Sin embargo, sólo fue cuestión de tiempo para percatarse de que esa no era su tipografía, pero eso no explicaba el paradero de su borrador. Entonces comenzó a sentirse nervioso, ¿dónde podría estar?, ¿acaso ya estaba en manos de alguien?, ¿Jirou lo habría leído?

Se levantó impaciente y comenzó a buscar en el piso de todo el salón, incluso debajo del escritorio del maestro, pero aquel objeto de valor tan sentimental no aparecía, y eso le asustaba.

—Koda —una voz familiar alcanzó a llegar a sus oídos, justo antes de que comenzara a llorar de la angustia—, me alegra encontrarte.

—Iida —murmuró perplejo y por instinto volteó a ver al borrador en su mano, dándose cuenta de que tenía el nombre de esa persona en la orilla del cartón, con letras sumamente pequeñas.

—Veo que hallaste mi borrador —dijo el delegado con las mejillas coloradas—. Parece que nos confundimos cuando estábamos haciendo el trabajo de inglés —añadió ofreciéndole su borrador a Koji, quien de inmediato lo tomó y le regresó el suyo.

—Gracias por traerlo devuelta —le dijo, con la cara del mismo color que la de él.

—N-no es nada —hizo una breve pausa—. Koda, quisiera pedirte un favor.

—¿Ah, si?

—Por favor, no vayas a decirle a nadie lo de hoy.

El joven se sorprendió por aquella petición, pues no esperaba que el delegado de su clase fuera tan tímido. Pero debía entender que él seguía siendo un joven, incluso si la mayor parte del tiempo parecía ser un robot. Entonces, una pequeña parte de él se sintió menos mal al saber que no era el único al que le avergonzaba hablar de ese tema, y tomó con un poco más de fuerza su borrador, como si así lograra sentirse más seguro aún.

—Te doy mi palabra.

 



Yossi-Chann

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Editado: 23.12.2020

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