Eureka / Un verano para Encontrarte

Capítulo 39. «Todo era una mentira»

Todo era una mentira

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EMMA

«Él es tu padre, Emma»

Las palabras de Dakota no dejan de reproducirse dentro de mi cabeza.

«Saluda a papá, cariño»

Y la voz de mi madre cada que Eric atravesaba la puerta de nuestra casa, también aparece para atormentarme.

«Todo era una mentira»

Esa que comenzó desde el mismo momento en el que fui concebida y se extendió por dieciocho años.

«Tanto odiar el engaño y resulta que yo vivía en uno»

Y para ser sincera, de todas las personas que pudieron abrirme los ojos, no esperaba que fuese ella quien lo hiciera, la mujer que he repudiado desde hace una década.

Porque, aunque sea esa mentira es la más relevante, no es la única, y lo que hay detrás de ella es increíble y abrumador que me eriza la piel de solo pensarlo.

Desperté hace un par de minutos, y lo único que he podido hacer es aprovechar la soledad en la que se encuentra la habitación para pensar, pensar y pensar. 

Sin embargo, los recuerdos en mi mente son solo vagos fragmentos de lo que sucedió la noche anterior. Ni siquiera entiendo cómo es que vine a parar aquí.

El blanco techo me está sirviendo de mucha ayuda para relajarme, así como ese sonido que emite la máquina que señala mi ritmo cardíaco, uno que, a mi parecer, está normal.

Sostengo en mi mano ese pequeño aparato con un botón rojo justo en medio, si lo presiono sé que llegarán de inmediato algunos médicos, enfermeras o incluso la policía pidiendo sus respectivas declaraciones.

Pero eso es lo que menos deseo en este momento, solo quiero estar sola, al menos por un poco más de tiempo, viviendo los minutos que me quedan de mi vieja vida, antes de tener que afrontar esa realidad que me asegura el cambio de ésta como la conocía.

Antes de tener que enterarme del porqué fui secuestrada y amenazada de esa manera.

Porque justo ahora, puedo cerrar los ojos otra vez y engañarme a mi misma diciéndome que nada pasó, que nada es verdad, y que todo ha sido una jodida pesadilla.

Y lo hago, los cierro por unos segundos, pero es el sonido de la puerta lo que llama mi atención.

—¡Despertaste! —mis ojos se van de inmediato hacia el umbral donde una figura alta, fornida y con mucho estilo que ya tan acostumbrada estoy de ver en lo que va de verano, se hace presente.

—Desperté —repito, con voz pastosa, y él se mantiene ahí, de pie, detallándome fijamente sin mover un músculo, como si algo se lo estuviera impidiendo, como si le diera miedo acercarse más.

«¿Acaso también lo sabe?»

Sostiene un pequeño vaso en su mano derecha que expende humo y la otra la lleva hasta el bolsillo delantero de su pantalón antes de recargarse en el marco. Desde mi posición se ven a detalle todos los dibujos en tinta permanente que adornan su brazo izquierdo y le dan ese aire de chico malo que tanto me molesta, es tan cliché, pero aun así no puedo dejar de mirarlos porque...

«Porque estoy enamorada de él»

Sí, en definitiva, ese es el chico que me tiene loca. La camiseta negra que usa contrasta con su piel pálida y hace resaltar el azul de esos ojos que me idiotizaron desde la primera noche que lo vi.

—Hola, modelito —pronuncio para llenar el silencio, sonriendo para él, o al menos intento que parezca una sonrisa, ya que por lo pesada que me siento, estoy casi segura de que me aplicaron algún tipo de sedante la noche anterior, y de los fuertes.

—Hola, salvaje —me devuelve él, mostrándome su perfecta dentadura, luego se incorpora y da un par de pasos para adentrarse en la habitación, cerrando la puerta a su paso antes de pasarle el pestillo.

—¿Cómo te sientes? —me pregunta sentándose en la silla que está justo a un lado de la cama hospitalaria, y la cual apenas acabo de notar que estaba allí, con algunas mantas tiradas sobre el asiento y la chaqueta de Oliver acomodada sobre el respaldo. 

Coloca el vaso en la mesita a un costado y el aroma a café llega a mi sistema provocando que inhale con más fuerza para impregnarme de él. Me encanta.

—Bien —le respondo e intento incorporarme, pero mi movimiento es tan brusco que sin percatarme tiro de todas esas pequeñas mangueras que se conectan directamente con una vena en la parte superior de mi mano—. ¡Mierda! —gruño en un murmuro. Me duele horrores, pero por suerte no me he dañado la vía.

—Te cuidado, Granger —me reprende el modelito levantándose rápido, y acercándose a mí para comprobar que en efecto no ha pasado a mayores. Sus ojos lucen preocupados mientras estudia mi mano unos segundos más antes de tomarla entre las suyas.

Y sentir su piel otra vez en contacto con la mía altera cada una de mis terminaciones nerviosas. Pero esta vez, no es por los motivos de antes.

—Estoy bien, tranquilo —la voz me sale pesada, quizás por el tiempo tan prolongando de sueño. No tengo ni idea de que hora será. Seguramente pasado el mediodía.



Pao Molina

Editado: 29.10.2020

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