Finalmente Luci

familia D.

Muy bien, lo normal sería iniciar con el cómo la princesa, Marco y Lizet emprenden su viaje para encontrarse, encontrar a las hadas y por su puesto intentar salir de su realidad. Pero esta vez las cosas han cambiado un poco y la historia se puso más interesante de este lado, así que en lo que ellos se encuentran, nosotros veremos cómo surge la vida de los reyes por unos días.

Es de mañana, el sol va saliendo por el oriente y poco a poco despierta a los amos de aquella tierra (no soy buena en geografía, así que su nombre, no lo sé).

Todo marcha como de costumbre, los sirvientes limpian, los chefs hacen el desayuno y los científicos siguen trabajando en lo que es el trabajo que define si mueren en el intento o seguirán vivos por unos años más. Pero mientras todo esto sucede…

En un hala superior se encuentran los mencionados reyes, Adam está en un sueño profundo y Lia como una buena persona de realeza se despierta con la luz de sol naciente; al despertar por completo se dirige al baño ubicado en el mismo cuarto a unos cuantos pasos de su cama. Al verse al espejo logra ver que su cara logra reflejar sus sentimientos de tristeza y soledad, y ¿qué mejor que dejarlos atrás con un poco de fotos familiares depresivas para ella? Exacto, nada. Al tener esta idea en su cabeza lava sus dientes, su cara, y se arregla con ropa “informal” (un vestido liso color menta con un largo que llega hasta sus rodillas y unos pequeños zapatos de piso del mismo color) su cabello desarreglado le encanta así que decide dejarlo así; con unos perfectos rizos que bajan un poco más de los hombros. Sale de su cuarto y después de dar unas cuantas vueltas llega a toparse con una pared, observando a su alrededor para cerciorarse de que no hay alguien cerca. Al darse cuenta de que así es camina como si nada hacia el muro y, sin miedo a chocar, lo atraviesa. Es una habitación demasiado obscura, me cuesta el ver qué es lo que hay, pero por suerte ella da dos palmadas y ¡BRUM! Las luces se prenden, que bien, ahora logro ver que es una habitación para nada lujosa o elegante, las paredes parece que se desmoronan, todo el lugar está lleno de cajas y más cajas, excepto una pequeña parte al centro donde se encuentran un escritorio y una silla. Ella sigue su camino y va hasta el fondo de la pequeña habitación. Quita y acomoda algunas cajas y ahí está la que buscaba. Una diferente a todas las demás; color azul cobalto (casi marino) con una etiqueta en la tapa que dice: FAMILIA L.M.

Con esta en sus manos se dirige al escritorio, la deja encima de este y ella se sienta en la pequeña silla (después de limpiarle el polvo, claro), antes de abrirla piensa bien en lo que hace, lo que quiere es amargarse la vida como siempre, pero no quiere deprimirse (no más). Después de unos segundos de estarlo analizando detenidamente la abre, poco a poco va quitando la tapadera, la coloca a un lado y saca fotos y más fotos, una por una las va viendo y sus ojos a pesar de tener un brillo enorme por tener lágrimas guardadas su rostro se transforma a uno con más enojo. Te diría de qué o quién son las fotos pero creo que eso lo dejaremos a un lado por este momento. Ya pronto eso se descubrirá.

 

Mientras tanto apenas va despertando el Rey Adam, como si nada y sin darse cuenta de que su esposa no esta se dirige al baño, se lava los dientes y con una simple bata se sale de la habitación dirigiéndose al comedor principal, saluda a todos los sirvientes en su trayecto y va con una enorme sonrisa, tal y como todos los días. Al llegar, en un abrir y cerrar de ojos dos señoritas le sirven su desayuno; unos panqueques con deliciosa miel encima y al lado un jugo de naranja recién hecho, un desayuno frecuente pero el favorito de él.

Al casi haber terminado su desayuno llega Lia, su amada esposa.

-Buenos días cariño -le dice él

-Buenos días -responde ella con una dulce voz y una sonrisa con un toque de hipocresía mientras se sienta al otro extremo de la mesa esperando su comida.

-Nos vemos luego cariño -le dice Adam Lia mientras se para de su asiento y se dirige a alguna otra parte muy lejos de ahí

-Adiós, no llegues tarde -le contesta ella sabiendo bien que saldrá del castillo. Adam se asombra un poco pero a fin de cuentas es su esposa y además la reina, no es algo raro que sepa lo que sucede en todas partes, o por lo menos con él.

-Claro

Después de ya diez minutos de espera y casi ir a reclamar a los sirvientes llegan las mismas damas de hace unos cuantos renglones a darle su respectivo desayuno. Huevo revuelto con un vaso de agua, su platillo menos favorito pero el más frecuente para ella en la mesa.

-Gracias -dice ella con naturalidad, pero ninguna responde algo.

Se queda sola en la enorme habitación y al estar tranquilamente comiendo lágrimas caen de sus ojos y poco a poco las limpia, sabía que no era buena idea el ver esas fotos, primero viene el llanto y luego la rabia, siempre ha sido así para ella.

Al terminar su comida recoge su plato y el de su marido para llevarlos al área de limpieza en la cocina. Sale de ese lugar y se dirige al elevador; presiona el botón para ir a la azotea y espera pacientemente mientras poco a poco sube. Pero a la mitad del camino se abre el ascensor para encontrarse con Daniel. Los dos se sorprenden de encontrarse y al momento en el que las puertas se van cerrando ella le dice que pase. Él se la piensa pero igual ella es su jefa así que al último momento lo hace.



Sofia Gallo

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En el texto hay: romance juvenil, aventura, lgbt

Editado: 01.02.2021

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