Fue en un café

25 Instinto

―Papá ―escucho entre sueños un susurro detrás de la puerta, y por supuesto los brazos de David envolviendo mi cintura―. Papá.

―Hmm..., solo un rato... ―murmura David, lo cual me provoca un poco de risa.

―Papá ―insiste el niño tras la puerta.

―¿Es, Liam? ―pregunta aun medio adormilado.

―No veo quien más pueda ser.

―Papá.

―¡Liam! ―exclama en un susurro, levantándose de golpe. Busca a su alrededor, no sé exactamente qué, pero busca algo con la mirada. Me siento sobre mi lugar.

―Habibi, tranquilízate. ¿Qué buscas?

―No lo sé ―confiesa, sonríe y se levanta para abrir la puerta. Liam asoma con un par de platos sobre una charola y un vaso con jugo.

―¡Por fin! ¿Porque tardaron en despertar? ―ambos nos miramos quedándonos sin palabras―. Cómo sea. Bonita, te he traído el desayuno. ¿Dormiste bien?

―Oh, sí, gracias. Liam, no tenías que molestarte.

―No es una molestia, Bonita. Espero que te guste ―dice, caminando, buscando equilibrio para que no se le caiga su esplendoroso platillo, que consta de: Cereal de aros de colores, un pan tostado con mermelada, y el vaso de jugo.

Tierno, muy lindo detalle. ¿Por qué lo hace? Creo que debería ser yo quien lo consienta.

―Deberán compartirlo, eso deben hacer. Uno comerá el cereal, y el otro el pan tostado. Yo ya desayuné. Estaré viendo caricaturas mientras da la hora para irnos. Disfruten el desayuno ―dice y se retira de la habitación.

David se regresa a la cama, me da un beso en la mejilla y toma un pan tostado dándole una mordida.

―Eso ha sido muy lindo ―confieso conmovida por el gesto.

―Liam sabe tratar a una dama, le he enseñado bien ―presume con mucho orgullo. Lo miro que come sin pena, debe estar acostumbrado a estas atenciones. Atenciones que son totalmente nuevas para mí y viniendo de un niño de ocho años, me hace sentir cosas que no sabría explicar.

[...]

Durante el camino, hago todo tipo de preguntas porque sinceramente no sé de qué va este deporte. David y Liam, con toda la paciencia del mundo me lo explican. Cuando llegamos, Susan logra vernos y hace un mohín de fastidio, pero agradezco que no se nos acerque.

En todo este tiempo, no he hablado con ella; y ni falta que me hace. He mantenido mi distancia.

El sol comienza a pegar un poco por lo que me coloco aquel velo que David compró para mí. Sé que no es su función la de cubrir el sol, pero resulta útil y es la primera vez que lo uso desde entonces. David al ver que me lo coloco, me mira de la misma forma que me miró cuando me lo vio puesto en el secreto egipcio.

—Me preguntaba que había sido de ese velo, Bonita.

—Lo tenía guardado para una ocasión especial. Y es mi primer partido de Liam, el suyo también, así que esta ocasión es especial. Además, es la primera vez que la loca nos ve juntos —digo mirando hacia Susan que nos mira despectiva. Con celos, coraje, rencor, odio, o con todo eso junto. Obvio que solamente para mí.

—Ya desde hace semanas debería haberse dado cuenta. Estoy seguro de que su cita nocturna ya se lo ha comentado.

—¿Por qué lo haría?

—Porque todos en la oficina saben que estamos juntos.

—Oh vaya, eso no lo sabía.

—Ahí están Ellis y Tamy —menciona haciendo una seña a las chicas que portan las mismas playeras que nosotros, ellas nos ven y levantan las manos dando saltos.

El partido comienza y todo muy bien, Liam se defendió muy bien para ser portero. Antes de que dé el medio tiempo voy al baño, pero tengo que buscarlo en la escuela, y lo más cerca son los vestidores, debe haber baños allí. No conozco para nada las instalaciones y creo que me he perdido. Busco algo que me guíe, pero únicamente veo el letrero de la biblioteca así que, mejor regreso por donde llegué, pero me llevo una gran sorpresa.

Susan lleva del brazo a su hijo con lujo de violencia y si hay algo que me hace enfurecer en la vida, es ese tipo de maltrato así que los sigo. Llegan cerca de los benditos baños que yo no encontré, lo cual se me hace bastante raro porque, aunque hablara poco de su hijo, nunca mencionó nada malo de él.

Liam no ha tenido percances con nadie, ni ha tenido accidentes como lo del inhalador.

Caleb ha estado de visita un par de veces, pero como resultó estar Ellis, Susan no duraba ni los diez minutos, por lo que me contaron las chicas.

El otro día, Liam me platicó algo sobre un amiguito que tenía problemas en casa. Al parecer no quiso contarle a Liam, pero él intuyó que algo malo pasaba porque a veces llegaba golpeado, e inventaba excusas de que se caía o cualquier otra cosa no creíble. Me acerco con sigilo deteniéndome detrás de la puerta.

—¿Qué se supone que estás haciendo, Caleb? ¿Qué te dije que hicieras?

—Pero, mamá —responde el niño sollozando—. Es mi amigo, no puedo hacer esas cosas. ¡No quiero!

—Ya te dije que, si haces lo que te digo, podría ser tu hermano. ¿Acaso no dijiste que si querías?




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