David insistió en traerme y durante el trayecto me recordó lo de ver al médico y mantenerme comunicada.
Le envio un mensaje a Mina avisándole, y a Raymond para que avise a la compañía de mi ausencia.
En cuanto a Samuel, se rehusó a venir con nosotros y eso que yo lo sugerí. David, aunque no muy convencido, acepto en traerlo, pero finalmente Samuel decidió tomar un taxi y David dijo que sería mejor. Y en eso estuve de acuerdo, ya que no tenía el humor de escuchar cómo se contradicen y se provocan.
La sobrecargo que está encargada en revisar los pasajes y dar el pase al abordaje, me desea un buen viaje. Como si eso fuera posible...
Miro por encima de mi hombro, pero no veo a Samuel. Así que, sin cuidado avanzo. No pienso esperarlo.
Busco mi asiento, el cual mi padre tuvo el cuidado de que fuera en primera clase; era de esperarse. En fin. Me siento y me acomodo, verifico mi celular y encuentro el primer mensaje de David. Suspiro mientras le respondo. Las personas siguen subiendo, buscando asientos y guardando sus bolsos en los maleteros. Samuel por fin aparece y como era de esperarse, se sienta a mi lado.
―Será un agradable viaje, solo relájate ―dice recargando la cabeza en el respaldo del asiento mirando hacia mí.
―Lo único que quiero es que pase esta pesadilla.
—Lo sé, y no me gustaría recordártelo, pero te lo dije. Y hay aún más cosas que quiero decirte, pero no lo haré hasta estar cien por ciento seguro.
—¿Sobre qué? —inquiero curiosa.
—Te lo diré, solamente ten paciencia. Estoy por averiguarlo todo.
―Podría ayudarte si me lo dijeras, agilizaríamos el asunto y terminaríamos rápido con esto.
―No. No quiero que te involucres innecesariamente. Aunque sería agradable volver a trabajar juntos como antes.
—Samuel, ¿sabes que le pasó a mi madre? ―pregunto cambiando el tema.
—¿De verdad quieres escucharlo de mí?
—No estaría preguntándotelo, ¿no crees?
—Ella... —Hace una pausa, lo piensa un poco y continúa tras tomar un poco de aire—, se suicidó.
—¿Qué? ¡No!, ella jamás haría algo así.
—Lo hizo. Jeremiah la encontró en la tina del baño desangrándose. —Mi cara de horror lo hace mirarme con tristeza—. Cuando llegaron los paramédicos, ya era tarde.
No puedo evitar llorar. ¿Qué motivo tendría mi madre para querer quitarse la vida? Siento los brazos de Samuel rodeándome, como si me protegiera de algo.
Se siente cálido, tan familiar.
No me reconforta del todo, pero su gesto me ayuda para poder llorar sin llamar tanto la atención.
—Espera, ¿los paramédicos? —inquiero sorbiendo la nariz y limpiando con mis manos las lágrimas—. ¿Por qué esperaron a que llegaran? ¿Por qué no la llevaron directamente al hospital?
—Jeremiah avisó a tu padre en cuando la encontró. Él dio la orden de que esperaran a los paramédicos.
—No es posible —murmuro.
—Es tu padre.
—¿Cuándo fue?
—Antier por la noche. Jeremiah me llamó cuando los paramédicos se la llevaron a la morgue. Fui a la casa y tu padre ya me esperaba con los boletos de avión.
—¿Qué tanto sabe de mí?
—Todo.
Me quedo en silencio y me recargo en el respaldo. Las lágrimas salen sin que las pueda controlar, y trato de que sea en silencio. Así permanezco hasta que no veo subir a nadie más.
—Samuel, ¿tú hablaste con Susan Brooks? Estaba presente en la cena de beneficencia, es la que te hacía muchas preguntas.
—¿La chica de cabello negro? ―inquiere entrecerrando los ojos―. Se estaba tirando a tu novio, ¿no?
—No ―respondo rodando los ojos―. Limítate a responderme.
—Sí, hablé con ella.
—¿Por qué tenías que decirle lo nuestro? Lo que pasó con Margaret.
—Creí que lo sabía, hasta que noté un dejo de sorpresa que se esforzó en ocultar. Ella me buscó al rato de que te fuiste esa noche. Fue hasta mi habitación, supongo que preguntó en la recepción.
—¿Y qué te dijo?
—Es pretenciosa..., pero muy buena actriz para que yo le creyera que eran buenas amigas y que sabía todo lo que había sucedido, me tragué su actuación y le dije que no tuve nada que ver con Margaret y ella me siguió el hilo. Finalmente me dijo que, si quería recuperarte, ella me podía ayudar, porque sabía lo mucho que me extrañabas —Un aire de soberbia se asoma en su rostro—. Con eso supe que no eran amigas y me sentí muy estúpido.
—No tenía por qué hacerlo.
—El caso es que, te molestó.
—Pero por supuesto que me molestó. Es una bruja, y por favor dime que no te la tiraste.
—¿Te pondrías celosa? —pregunta con diversión, y continua tras ver mi expresión de no jodas—. La verdad es que no es de mi gusto así que, tranquila. Hizo algunas insinuaciones, pero no es mi tipo.
—Que alivio —ironizo.