Paso un día y la tarde en ciudad de Nueva York era tranquila.
Era la primera vez que Julieta y yo íbamos a salir.
Estaba nervioso. No era fácil salir con una mujer.
Eso era lo que mi padre decía.
Ahora es más urgente, porque me gustaba Julieta y sabía que estaba en peligro.
Se que debía priorizar su bienestar, pero todavía estaba algo escéptico pensando en la explicación de ese psíquico.
Además, le había pagado a cambio de su explicación.
Me arrepentí. No debí creerle.
Estaba afuera de mi departamento, apoyado en la pared mientras veía la gran ciudad.
Senti el sonido de una puerta abrirse.
Julieta salió de su departamento con un vestido negro largo con mangas transparentes y unas botas góticas.
Ella se acercó con una sonrisa y me preguntó.
-¿Vamos a salir?
Respondí.
-Claro... te ves bien.
Ambar llevaba una vestimenta larga y oscura.
-¿A dónde vamos, mami?
Ella le respondió.
-Vamos a una cafeteria con el señor Gabriel.
Bajamos el edificio y caminamos en dirección a la heladería más cercana.
En el camino, ella me comento algo fuerte.
-Los compañeros de Ambar la molestan en el jardín.
Me sorprendí mucho.
-¿Qué?, no puede ser, ¿qué clase de educación tuvieron?
Julieta me interrumpio.
-No es solo eso, Gabriel. Los padres de esos niños se piensan que yo...
Hizo una pausa.
-Se piensan que yo trabajo como prostituta.
Me quede congelado por lo que dijo.
Siguió hablando.
-Solo soy una chica que vende alfajores en la calle desde los trece años para mantener a su hijita. Nunca me metí voluntariamente a eso.
¿Voluntariamente?
Ella soltó solo una lagrima.
-Se lo que estás pensando, y si, lo viste en tus sueños. Me obligaron a hacer ese tipo de cosas en mi infancia.
Bajó la cabeza y se limpió sus ojos llorosos.
-Lo siento...
Hizo una pausa.
-¿Tengo cara de ramera?
Respondí.
-Claro que no, eres una chica linda, bien vestida y trabajadora.
Julieta se paró recta y siguió caminando a mi lado.
Hablo con una voz más suave.
-Esos padres dicen que yo parezco una ramera por mi vestimenta, y los niños escuchan eso. Luego van al jardín y repiten lo que sus padres dicen. Por eso Ambar tenía ataques de pánico cuando teníamos la puerta abierta.
Ambar la miro.
-No quería decírtelo, mami. No sabía que había gente que hacía esas cosas.
Julieta le sonrió y luego volvió a mirarme.
-Está en una guardería donde van los hijos de gente de clase media alta. La pude mandar ahi gracias a un programa especial.
Yo escuchaba todo lo que decía.
-No entiendo como hay gente que habla así de los demás.
Julieta cambio de tema.
-Mis propios padres, eran los que me obligaban a hacer esas cosas. No estoy lista para contar todo esto. Siento que me voy a desmayar.
No volvimos a tocar el tema durante ese dia.
Llegamos a la cafeteria más cercana.
Julieta miraba los pasteles en el mostrador.
-Yo hago mejores pasteles.
Respondí.
-Siempre es bueno probar otras cosas. Como es nuestra primera salida juntos, yo pagare todo.
-¿En serio?, gracias.
Nos sentamos en una de las mesas de afuera. Pedimos un pastel de fresa y un cafe cada uno.
Ella lo disfrutó.
Me ponía feliz verlas a ambas tan contentas.
Ella rompió el silencio.
-A veces te escucho. Las paredes son muy finas.
Pregunté.
-¿Que se siente ser mi vecina y escucharnos a través de las paredes?
Responde.
-Se siente raro. Es como si viviéramos juntos. No hay privacidad.
Hizo una pausa para comer.
-A veces pienso en buscar otro edificio, pero no me alcanza el dinero.
Pienso en más preguntas.
-¿Como van las ventas?
-Últimamente me compran más dulces que antes.
Sonreí.
-¿Qué hay de tu gata, Aurora?
Ella soltó una risa.
-Siempre hace locuras con nosotras, y lo mejor es que no saca las garras. Es tierna y suave.
Ambar menciona.
-Aurora es mia.
Julieta le acaricia la cabeza.
-Obviamente es tuya, si la adopte de la calle por vos.
Ella preguntó.
-¿Como va medicina?
Respondí.
-Bien, anatomía es mi materia favorita.
Asintió.
Pregunté.
-Me gusta la ropa que eliges cada dia. Yo no te veo como algo raro, si no como alguien muy elegante y trabajadora.
Se puso firme.
-Gracias, siempre me esfuerzo para verme lo mejor posible, incluso cuando tengo que salir a hacer algo simple.
Hice la ultima pregunta.
-¿Como te sientes entrenando conmigo?
Respondió con mucha calma.
-Como en casa... una verdadera casa.
Me alegre mucho al escuchar eso.
Una chica me estaba diciendo que se sentía en un verdadero hogar conmigo.
Definitivamente, Julieta era el tipo de chica que me gustaría como una novia.
Seguimos hablando hasta terminar nuestra comida. Yo pague todo.
En el camino de regreso al edificio, Julieta empezaba a hacer bromas.
Se reía junto a mí. Su mano rozaba la mia hasta que finalmente la agarró.
Yo la miré y ella sonrió.
Parecía una escena de película.
Llegamos al edificio y subimos por el ascensor tomados de la mano.
Nos detuvimos al frente de nuestros departamentos. Ella abrió la puerta del suyo.
-Ambar, ve adentro un momento.
Se acercó a mí y agarró mis dos manos con suavidad.
-Me la pase genial en la cafeteria. Eres un chico muy bueno.
Hizo una pausa.
-Se que ambos tenemos un pasado, pero debemos superarlo para tener un mejor futuro juntos.
Me sorprendí por lo último.
-¿Un futuro juntos?
Sin decir más nada, ella se acercó lentamente a mi mientras apretaba mis manos.
Me dio un beso profundo.
Mi corazón latía más fuerte, pero cerré los ojos y me dejé llevar.