Hoy festejamos nuestro último año juntas en el orfanato.
Grisel ya llegó a sus 18 años y es hora de que deje el lugar.
Este año el festejo tiene un sabor amargo, a partir de ahora vamos a estar separadas, aunque sé que no del todo, pero eso no quita que nuestra rutina va a cambiar, y su ausencia se va a sentir.
Estamos tan acostumbradas a compartir todo que es imposible no pensar que los próximos años se van a hacer interminables, no quiero ponerme sentimental, pero las hormonas en éste momento no me ayudan.
Solo espero que no la pase mal allá afuera, no quisiera estar en su lugar, la incertidumbre aún me genera nervios, esperamos que pueda hacerse un tiempo para conectarnos y charlar, de lo que sea.
Con ella las charlas son constructivas, a pesar de no tener mucha experiencia propia, ha aprendido mucho de historias ajenas, libros y otras cosas. Su empatía y su posición de hermana mayor la han preparado para darnos respuestas convincentes a las tres.
Ámbar y Zafira se quedan conmigo un año más, qué suerte tienen.
Al salir, se reunirán con ella y yo debo esperar otro año, sola, hasta que estemos juntas otra vez, tengo que prepararme lo mejor que pueda y tengo dos años más, debo enfocarme.
Promesa de hermanas es vivir juntas fuera, somos un bloque, hermanas elegidas, obviamente.
El festejo, como siempre, es por cuatro: Grisel con sus 18, Ámbar y Zafira con sus 17, y yo con mis 16 años.
Sí, soy la menor y me encanta mi lugar, soy la más mimada por ellas tres.
Este año el regalo es una carta, siempre creamos nuestros regalos, no hay dinero para compras, hoy cada una escribe y comparte cómo se siente al ser parte de este vínculo y la promesa de reunirnos nuevamente una vez que todas estemos afuera.
Las cartas están en la caja de regalos y cada una colocó la suya.
Al llegar la noche, antes de ir a dormir, todas nos sentamos alrededor de la pequeña mesa.
La caja está abierta y yo comienzo a retirar una de las cartas.
Sin firma, sin ningún detalle que indique quién la escribió.
Aunque ya nos conocemos la caligrafía.
Ja, ja, ja.
Es lo divertido: hacer de cuenta que no sabemos quién escribió qué.
Grisel ya tiene casi todo listo para irse mañana y dudo mucho poder dormir algo esta noche.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Obviamente apenas pude pegar los ojos, mis nervios eran más por como se siente ella y que le espera afuera.
Grisel terminó de guardar sus últimas pertenencias.
La habitación estaba casi vacía de su lado.
Sobre una de las camas había dejado una libreta.
No era un regalo.
Bueno... quizás sí.
Era una lista.
Ámbar la tomó y comenzó a leerla mientras Zafira y yo nos acercabamos por encima de su hombro.
—¿Qué es esto? —pregunté
—Instrucciones.
—¿Instrucciones? —repitió Zafira.
Grisel asintió, intentando mantener una expresión seria.
—Como no voy a estar, alguien tiene que ocuparse de ciertas cosas.
Ámbar pasó la primera página.
Había anotaciones sobre pequeñas cosas que Grisel consideraba importantes.
Lista:
No quedarse pegadas al teléfono todo el día.
Contarle cómo habían sido nuestras jornadas cuando habláramos.
Avisarle si ocurría alguna novedad, su lado chismoso me causa gracia.
Y, sobre todo, no olvidarse de contarle qué estabamos viviendo mientras ella estuviera afuera.
Después había una lista de canciones.
—¿Qué es esto? —preguntó Zafira.
—Canciones que descubrí.
—¿Y nos estás dejando tarea?
—Les estoy haciendo una recomendación musical.
—Ajá.
—Escúchenlas, están buenísimas!.
Zafira sonrió.
Más adelante había otra indicación.
Grisel quería que continuaramos contándole sobre las series que ella no acostumbraba ver, pero le haciamos un resumen.
Ella no las mira, creo que es para ahorrarse tiempo.
Grisel no tenía paciencia para sentarse a seguir una serie capítulo tras capítulo.
Pero quería saber qué estabamos viendo.
Quería que le contaramos qué había ocurrido, qué nos había parecido y, sobre todo, qué nos había dejado cada historia.
No quería perderse conversaciones cotidianas por irse.
No quería quedarse afuera de aquello que nosotras tres seguiríamos viviendo mientras ella no estuviera.
La libreta era, en realidad, una manera de permanecer cerca.
De saber cómo evolucionaba nuestro crecimiento sin ella presente.
Y de seguir formando parte de su vida, aunque ya no compartieramos esta habitación.
Grisel cerró la mochila.
—No quiero perderme nada —dijo.
Nosotras tres dejamos de bromear.
Ámbar fue la primera en abrazarla.
Después Zafira.
Después yo.
Y finalmente las cuatro quedamos abrazadas.
Hubo risas, y promesas.
Y, como era inevitable, también hubo lágrimas.
—Nos vas a hacer mucha falta —murmuré.
Grisel me apretó con fuerza.
—Ustedes también a mí.
—Pero no te vas a librar de nosotras —dijo Zafira—. Vamos a estar ahí.
—Aunque sea desde lejos —agregó Ámbar.
—Y aunque sea solamente para escuchar quejarte —dije entre lágrimas.
Grisel soltó una pequeña carcajada.
—Eso sí que no cambiará.
Se separaron.
Las tres sabíamos que no tenía sentido acompañarla hasta la puerta.
Si lo hacíamos, probablemente ninguna conseguiría contener las lágrimas.
Así que Grisel tomó sus cosas y salió sola.
#290 en Thriller
#47 en Ciencia ficción
manipulacion genetica, misterio de identidad, misterio conspirativo
Editado: 24.09.2026