Hasta la eternidad

Noveno acto

—Vamos, sube.

—¿No decías que íbamos a cambiar de coche? —cuestiono al ver que estamos en el mismo.

—Y vamos a hacerlo, pero no puedo mover el… Bueno, necesitamos asegurarnos de que nadie nos ve. —Asiento comprendiendo a lo que se refiere.

Cuando gira tras unos contenedores de basura, la luz de la luna ilumina toda la zona trasera del motel. Realmente parecemos dos fugitivos.

—No salgas del coche hasta que yo te lo diga, ¿de acuerdo? —me pide agachándose para hablarme a través de la ventanilla bajada.

—Ten cuidado, por favor.

—Vuelvo en seguida.

Me inclino en el asiento para observar cómo saca algo del bolsillo trasero del pantalón, mira varios segundos a su alrededor y lo introduce por la ventanilla delantera. No puedo evitar echar un vistazo hacia atrás para asegurarme de que no nos ha visto nadie. Tyler abre la puerta del Renault cuya pintura descascarillada le concibe un aspecto lleno de cicatrices. Toquetea algo y consigue arrancarlo con rapidez, da marcha atrás y se detiene paralelamente al suyo.

—Nena, vigila.

—Cla-claro. —Abro la puerta del copiloto y me apresuro hasta la esquina del edificio, asomándome para asegurarme de que todo está calmado.

Le hago una señal a mi novio y él abre el maletero del coche que acaba de robar primero, y el del Chevrolet después. Ahogo un grito cuando el brazo de Randa cae a un lado de la manta. Coloca el cuerpo en el otro maletero y lo cierra, mirándome después para que me acerque.

—¿Qué vamos a hacer con éste?

—Dejarlo aquí, el cadáver no ha tocado nada del interior —me explica—. Tan solo somos una pareja que ha venido a pasar la noche en un motel de carretera.

—No creo que…

—Dilo —ordena—. Vamos, Devon, repítelo.

—Solo… Solo somos una pareja que ha venido…

—A pasar la noche…

—A pasar la noche en un motel de carretera —concluyo.

—Eso es, nena. Nada más.



Nerea Vara

Editado: 06.11.2018

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