Hasta que te enamores de mí

Parte XV.

"Me enamoré de ti de la misma forma en la que uno se duerme: poco a poco y después de golpe"
 

♡♡♡
 

Una vez tuvimos puestas nuestros trajes de baño, salimos hacia afuera donde todos estaban. Antes de llegar hacia donde ellos, tomé a Eva del brazo y la frené. No sé cuántas veces le había insistido en que me dijera ni cuántas horas tardé haciéndolo, pero aquí estaba otra vez, tratando de sacarla la sopa a mi mejor amiga.

—¿Vas a decirme o no?

—No quiero hablar de eso, Sam.

Resoplé con hastía—. Vamos, eres mi mejor amiga, ¿no me dirás que te tiene así con la cabeza en otro lado? —insistí. Si algo tenía de malo, era que era muy curiosa y, ahora mismo tenía la curiosidad a tope. La vi vacilar y después de tanto rato elegí desistir—. Está bien, si no me quieres contar no me cuentes.

Empecé a caminar, toda dramática para ver si así me soltaba el chisme.

—Lo lamento —dijo deteniéndome—. Ya te lo contaré, es sólo que ahora me siento confundida, ¿ok? —Asentí, entendiendo que por más que le insistiera, no le iba a poder sacar nada—. ¿Nos vamos?

Nos apresuramos hacia donde estaban los chicos y ella se fue hacia donde estaba Gael. Mis padres estaban hablando con los señores Kurte; Carla se encontraba hablando no sé que cosa con Gael; Sael estaba totalmente cubierto de arena —reí por eso— y Kael estaba acostado en la arena tomando el sol, con unas gafas totalmente negras y sus brazos debajo de su cabeza.

«Está dormido», pensé.

Aprovechando que nadie me miraba, me dediqué a mirarlo mejor.

Kael era atractivo, inteligente, amable, extrovertido, en resumen... El chico perfecto, todo lo que una chica querría en un chico.

¿Por qué demonios querría estar conmigo?

Si me pagaran por cuántas veces me había echo esa pregunta en los últimos cuatro años, hoy sería millonaria. Y por más que intento no ser tan pesimista, sigo haciéndome la misma pregunta cada vez que lo tengo cerca.

Odio tener inseguridades.

—¿Cómo se encuentra la vista desde allá arriba? —Me sobresaltó su voz.

Mierda, al parecer no estaba dormido.

Quitó sus gafas, dejándome ver sus ojos, justo donde el sol reflejaba su destello en sus ojos. Su sonrisa se ensanchó coqueta.

Mierda, Kael si que está bueno.

—Horrible —Fingo una mueca de asco y disgusto—. Creo que la vista desde allá abajo se encuentra mejor —bromeo.

—Tienes razón —Se incorpora—, la vista es hermosa.

Aclaro mi garganta, e ignorado su comentario, empiezo a caminar, adentrándome en la playa.

—¡Espérame! —Lo escucho gritar pero eso solo me incentiva a acelerar mi paso, sumergiéndome completamente en el agua—. ¡Samsara!

Sonreí.

Cuando sentí que estaba lo suficientemente lejos, emergí del agua, echando mi cabello hacia atrás para quitarlos de mis ojos. A veces fastidiada lo largo que era.

Unas manos se posicionaron en mi cintura, alarmándome. Así que sin dudarlo, llevé mi codo hacia atrás. Lo próximo que escuché fue el jadeo de una persona, y luego sentí como las manos abandonaban mi cintura. Doy la vuelta, viendo como Kael lleva la mano a su mejilla, soltando una queja.

Dos rounds en un día.

Llevo mis manos a mi boca—. ¡Oh Dios mío! ¡Lo siento tanto!

Me acerqué a él y coloqué mis manos en su mejilla para ver como estaba. 

—Uf, tal vez no deje marca.

Alza una ceja—. ¿Tal vez?

Me enojo de hombros—. Tú te lo buscaste.

—Si cada vez que te tome así de la cintura me vas a pegar, puedo soportarlo.

Suspiro profundo por su bromita—. Juro que no quería hacerte nada, pero es que ustedes no entienden. ¡No vuelvas a hacer eso! —Me quejo—. O te voy a hacer un knockout.

En vez de responderme, se quedó mirándome todo ese tiempo sin decir ninguna palabra. Y de repente, me tomó de la cintura con una mano, y me acercó demasiado a él.

Nuestras caras a sólo centímetros.

Sin soltarme, con la mano que tenía libre, me acarició la mejilla.

La manera en la que me miraba me erizaba los pelos, como si fuera algún retrato digno de apreciar y admirar; como si fuera la chica más hermosa del mundo.

Sin decirme nada, sin esperar nada, sin apenas pestañear... Con su cabello cayendo como una cascada sobre su frente, con sus hermosos ojos ámbar admirandome... Presionó más su mano en mi cintura, la mano que tenía en mi mejilla la deslizó hacia mi nunca y luego... Y luego perdí todos los sentidos cuando acercó su cara totalmente a la mía... Y me besó.

Sus labios se sentían como una suave caricia sobre los míos.

Una tela de seda.

Mariposas recorrían mi estómago de arriba a abajo.

Sus manos me atraían hacia él.

Mis labios reclamaban los suyos.

Y una horda de pensamientos inundaron mi mente.

—Me prometiste que no harías nada que no quisiera —digo cuando sus labios abandonan los míos y logo recuperar el aliento.

Él me sonríe, aún sin soltarme.

—Exacto.
 



Criss_AP

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Editado: 19.01.2021

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