He Estado Soñando Contigo

10. Te veo como una guerrera

Ydyal Stevens

El lugar al que debo llamar hogar no lo considero uno. Son muchos los motivos por lo cual lo hago y el mayor es que mis padres se han vueltos las voces en mi conciencia. Ambos en el aspecto negativo e intolerable.

– ¡Ya llegue!

Dejo las llaves en la mesita de entrada de la sala y suspiro. Puedo escuchar el barullo en la cocina, allí debe estar Yasbel dando órdenes a diestra y siniestra a el personal de la casa. Sí, como lo dije, desde que manejo la empresa y el estúpido capital fue en aumento mi familia hizo un cambio drástico en todo el lugar.

El primero y más notorio, es que ya no somos una vivienda de un piso, ahora las habitaciones se encuentran en el piso superior y son más de lo que se pueden llenar con la familia que tenemos cerca. Luego está la gran cascada en medio de la entrada de coches, supuestamente mi madre, eso le otorga al lugar cierto estilo de la elegancia. El patio trasero se volvió el campo de golf para los amigos de papá. La sala de estar parece ser del tamaño de un departamento y hay un despacho para cada integrante de la familia. Viva o no en esta casa.

Por cuestiones del destino ya no vivo en este lugar, eso es gracias al campus universitario que yo misma me costeó con el sudor de mi frente y el sufrimiento de mis neuronas. Así que gracias a ello no duermo en esta casa, duermo con una amigable compañera de cuarto que nunca pasa una noche en él y cuando llega en la mañana tiene la ropa de un chico diferente.

– Hola Yas – digo con media sonrisa al entrar en la cocina y verla con los brazos en jarras fulminando al personal con la mirada.

Mi hermanita, que ya no es tan pequeña, me mira con alivio en los ojos y me entrega un caluroso abrazo murmurando agradecimientos en idiomas que para mí en este momento resultan un desafío traducir.

– Que bueno que estas aquí – Dice al separarse – Mamá me tiene súper nerviosa y ellas no hacen bien su trabajo – señala a las amas de llaves apenadas en la cocina y suspira.

– Tranquila – deposito un beso en su frente y sonrío – Ve a alistarte y yo veré que todo se cumpla al pie de la letra.

– Gracias Ydy.

Me da un último abrazo y como un cohete se precipita por las puertas en dirección a su habitación seguramente. Esa chica desde que decidió seguir sus sentimientos por ese chico maravilloso no ha parado de estar nerviosa. Puedo creer que son sus hormonas revolucionadas, después de todo tiene qué unos ¿dieciséis? ¿Diecisiete? No lo recuerdo exactamente ahora, el tiempo pasó tan rápido que apenas lo noté.

– Hola Amanda – saludo a las mujeres mayores que trabajan para mí – Teodora. Espero que mi familia no las hayan ofendido mucho hoy.

Y por mi familia quiero decir madre. Yasbel controla su forma de hablar con ambas, pero mi madre cuando está en sus días malos, lo cual resultan ser todos, insulta a todo ser viviente que se le crucé en el camino. Mi padre se salva por la silla de ruedas y también porque no sale muy a menudo de su despacho.

– No se preocupe, señorita Ydyal – Dice Amanda sonriendo – Nosotras sabemos como llevar nuestro trabajo.

Amanda y su hija Teodora se mudaron aquí desde Inglaterra, así que se les nota a veces su hermoso acento y los modales de ese país. Ambas poseen unos cabellos negros con algunas canas y unos ojos oscuros. Trabajan para mantener a su amplia familia y desde que las contrate no he recibido quejas de su parte y tampoco de mi familia, así que puedo asegurar que su trabajo es impecable. Además que yo las veo como unas nanas que me aconsejan y consienten cuando vengo de visita.

Me siento en el taburete de la encimera y, aprovechando que ninguna puede verme por estar verificando las ollas en la cocina, pruebo un poco de la masa para brownies que se encuentra entre todo el montón de comida. Puedo jurar que aquí come todo un pelotón.

– Pensé que hoy estaría en la empresa, niña Ydyal – comenta Teodora batiendo algo en una cazuela.

Ella me trata como si fuera su hija, ya que según ambas mujeres, tengo un Parentesco irrefutable con ella.

– Estaba camino allí, pero hubo una falla en el subterráneo y pues desistí de ir – digo encogiéndome de hombros sonriendo.

No voy en los vehículos de la empresa porque no quiero salir en la prensa y estoy más que enterada que todos ellos se encuentran en la mira de los periodistas, además que ir en metro resulta ser un pasatiempo divertido.

– ¡¿Usted estaba allí cuando ocurrió el apagón?! – reclaman ambas aterradas por lo ocurrido.

A veces ellas parecen más mi familia que la mía verdadera.

Mi madre lo que haría sería reprenderme por querer pasar desapercibida por los medios y por como me visto para ir a mi esclavitud, digo, mi trabajo. Y mi padre, bueno, él desde el infarto le importa bien poco lo que me pase, la empresa se volvió la razón por la que respira y suspira.



Laczuly0711

#23155 en Novela romántica
#15240 en Otros
#1865 en Acción

En el texto hay: suenosypesadillas, busqueda desesperada

Editado: 07.05.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar