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Capítulo 11.5

Ni bien entramos las risas son las que llaman la atención de todos los que nos rodean, y creo que es la mejor forma de hacerlo. Están tan felices, tan contentas, que se contagia a cualquiera que las ve.

Hoy pasamos un día muy divertido y activo en el parque, jugando, corriendo, comiendo… Nosotros y nada más que nosotros, y la señora Dulswell, por supuesto, aunque solo se hacía sentir con alguna de sus quejas acerca de los mosquitos, del día soleado y de las ofertas de las niñas para que ella se uniera a algún juego. Y así, con sencillez y alegría, pasamos el día; glorioso como el último día de licencia que decidí tomarme en la compañía.

Ahora, en casa con la servidumbre que realiza sus tareas observándonos por nuestra efusividad, nos dividimos cada cual para seguir con lo nuestro, las niñas jugando en el cuarto o en el patio, y yo yendo a la oficina a corroborar mis llamadas.

Subo con ligereza sintiéndome más joven por haber compartido esta tarde hermosa con las niñas, sintiéndome con energías renovada, quizás por el ejercicio, por sus risas, o solo su compañía. Feliz, pensando, en por qué habrá gente que quiera quitar de los niños esa energía por quietud, las risas por lágrimas, las alegrías por tristezas… la inocencia, por el odio. Ese pensamiento, es el que me hace volver.

Algo distraído, abro la puerta adentrándome en mi oficina, me siento y coloco ambas manos debajo de mi barbilla. Así, solo pienso. Y cuanto más lo pienso, menos me cierra, menos puedo darle un final, porque la lógica cada vez se va alejando hasta el punto en que no sé si comienzo a divagar en una fantasía cruel e inhumana… o si sigo con la lógica de la psíquis. Aunque hay cabezas que de plano no siguen con la lógica. Quizás, Ronald sea una de esas.

Doy play al correo de voz, de manera que comienzan a reproducirse los mensajes, muchos, y algunos tan frívolos que solo aprovecho ese espacio para seguir pensando en la lógica de las personas. Porque, cada uno tiene una lógica común que compartimos, ¿verdad? Reglas morales mínimas. Pero, ¿y ellos?

Casi como respondiéndome, un mensaje se activa en el correo de voz, y no es ni nada más ni nada menos que Roland, el sujeto sin lógica.

Mirá… Cyr —comienza con una respiración profunda y voz ronca, algo que no me anticipa nada bueno—. No quiero que me jodas más ni que me sigas tratando como un ¡estúpido enfermo! —grita provocando que me aleje sorprendido del teléfono—. ¡¡Devuélveme ya a mi hija, ¿entiendes?!! No tienes derecho a quitármela así tanto tiempo. ¡Yo soy su padre! ¡Quiero a mi hija de vuelta! ¿Está claro? Y si no me la das, te juro por lo más bendito que tengas, que voy allá y te mato. ¿Oíste? —exclama con una voz más fría y serena— Te mato, y no me va a importar ni nada, ni nadie —agrega con voz melodiosa— ¿Está claro? Si lo está, tráemela en seguida, y así no correrá sangre. No me gustaría manchar memorias con la sangre de tu hija.

Fin del mensaje.

Y ahora, ¿qué hago?

 

 

 

 

 

 

Seguro notaron que esta es la nota más corta hasta ahora, y la verdad que eso también me deja con duda de si les va a gustar o no. Ya no sé si comenzar los ".5" desde el capítulo 1 o qué, y es que todavía queda mucho por desarrollar. Si alguno se anima me gustaría que me dieran su opinión en Comentarios.

Muchas gracias. Nos leemos.



Chuxamia

Editado: 09.08.2020

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