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Capítulo 16

A pesar de todo, aunque hubiera preferido salir de todos esos laberintos y olvidarme de los agobiantes espejos, eso no es lo que me esperaba luego de romper lo que simulaba de muro. Espejos delgados en las blancas paredes, luces led de iluminaria, zócalos negros y el ancho espejo sirviendo de infinito; todo de nuevo… La única diferencia es que nuestra perspectiva de las cosas cambió, como siempre pasa que nos sentimos confiados, seguros de que tenemos las respuestas correctas, las que en este caso serían las necesarias para salir de aquí.

Tanto que agradecerle a aquella señora que hizo tanto por nosotros, y pensar que nunca podré cruzar palabra con ella. Silencios a expensas de la muerte.

Pero ahora lo importante es concentrarme en no olvidarme todos los movimientos que debemos hacer, las múltiples idas y venidas que ella logró indicarme con solo un garabato. Aunque es tal la adrenalina y las ansias de por fin salir de aquí que dudo poder olvidármelas, porque si hiciera esa tontería me costaría un muy alto precio. Solo espero que podamos salir de aquí y que todos los sacrificios que se han hecho en el camino no sean en vano.

No podemos evitar voltear para ver si alguien nos sigue, desconfiando de la buena suerte que hasta ahora nos ha amparado y protegido. El miedo es algo que se siente a flor de piel por temer que pueda aparecer cuando menos lo esperamos, donde menos lo pensamos. Las luces dan buena luminaria, pero también nos traicionan mostrándonos a leguas para ser fácilmente encontrados, siendo parte de un juego donde todo lo que ahora parece estar a nuestro favor puede llegar a pasar a estar en nuestra contra.

Lo veo a mi padre que jadea con desesperación con sus ojos luciendo algo desorbitados, asustado, aterrado por encontrarse aquí en un lugar del que sabe que puede no salir, como todo un cuadro de lo que he tenido que pasar este tiempo. Y aunque sé cómo se debe estar sintiendo, no puedo hacer nada más que intentar guiarlo a la salida junto conmigo, como un mayor reconfortante que el que mis palabras vacías pudieran darle. Para esto tengo que ser valiente, o al menos intentarlo. Quizás recurriendo a las ásperas enseñanzas de César o a la vida misma que nos golpea varias veces desde distintos ángulos pueda lograr tener coraje por primera vez en mi vida y enfrentar todos los demonios que me rodean, los que siempre preferí evitar ladeando la mirada.

Apresuro aún más el paso al punto que estoy forzando a mi padre a trotar para así a duras penas estar a dos metros mío. Doblo a la derecha ni bien logro avispar que puedo hacerlo, y al instante, un sonido agudo resuena en todo el laberinto lastimando nuestros oídos, los cuales como reflejo cubro con ambas manos. No me da tiempo a pensar en nada, más que tomar a mi padre de la mano y tirar de él para correr más rápido para alejarnos del anterior pasillo. Y es que, para habernos disparado debe estar muy cerca de nosotros, o al menos en el mismo pasillo como para que la bala haya colisionado a tan poca distancia. Me sorprende que no hayamos llegado a verlo.

Corremos despavoridos con la mirada enfocada al final del camino, donde deberemos doblar a la derecha nuevamente, si es que llagamos a hacerlo. No podemos atrasarnos mirando hacia atrás, regalándole parte de nuestro tiempo y una nueva oportunidad de asesinarnos. O al menos, yo solo estoy enfocada en eso, no sé si mi padre estará compartiendo la misma opinión, pero por el bien de ambos espero que así sea.

Las luces comienzan a titilar, fallando en el peor momento y provocando una desesperación que trato de callar. Solo emito un sollozo por lo bajo.

Se oye que recargan colocando la bala lista para disparar y solo pido otra oportunidad, que podamos salir con vida, que falle, que nos perdone la vida ¿Qué tanto mal le hemos hecho como para que ahora quiera asesinarnos? Si en él no podemos encontrar compasión, espero que la fortuna se apiada de nosotros.

Las lágrimas comienzan a caer por mi rostro. Desesperación. Tal como el primer día que vine aquí y comenzó todo, que siempre me sentí como una presa a punto de ser cazada, de ser asesinada de la forma más cruel, siempre engañada. Y parece que hay cosas que no se quitan, aunque uno ya se haya sentido al borde de la muerte, el volver a estarlo no significa que se temerá menos o por eso no llorara. Cada persona reacciona a su manera, y yo al parecer no perderé esta reacción al encontrarme frente a la muerte.

Corremos. Las luces fallan dando lapsos de completa oscuridad. El asesino está detrás nuestro.

De un momento a otro, el piso se desvanece. Mejor dicho, él y yo caemos al mismo tiempo. Caemos, yo ahogando un grito en lo que simula ser una bocanada profunda y mi cuerpo contorsionándose por sí solo. No sé qué ocurre, pero caigo sobre lo que parece ser un simple charco de agua poco profundo amortiguando muy poco mi caída. Caigo de espalda haciendo que un dolor intenso se instale en todo mi cuerpo, sobre todo en lo bajo de la columna y el resto de esta. Un dolor tan intenso y agudo que me roba el aire. La cabeza también me la he golpeado, solo que ha dado contra el lodo sin ningún tipo de dureza ni roca, haciendo que solo me recorra un mareo algo irritante. Intento ponerme de pie, o al menos levantar la cabeza, pero el peso del agua y el lodo escurriéndose por mi cabello me parece demasiado peso como para poder levantarlo, por lo que vuelvo a dejarme caer.



Chuxamia

Editado: 09.08.2020

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