Herederos: El PrÍncipe De Hielo

XX

Hale

Hannover esta en luto nacional, luego del fallecimiento de...

Apago la television y lanzo el mando hacia el suelo con ira, aun no logro entender cómo es que las cosas terminaron de esta manera, mierda, no tiene sentido, un nudo se forma en mi garganta. La puerta de la habitación se abre, veo a Bob entrar ayudado con muletas, recibió un impacto de bala en la pierna izquierda, que por fortuna no causo un daño irreversible.

―Te ves horrible ― comenta, y le hago una mueca en respuesta, es irónico que ahora sea el único amigo que tenga, pero cuando llego el momento de la verdad demostró ser igual de valiente que lo fue su hermana ― no creo que el mando te haya hecho algo ― agrega viendo los pedazos de plástico en el suelo, estoy harto de este cuarto de hospital, bueno al contrario que mi compañero de batalla, me alcanzo una bala que llego hasta el hueso, tuve que ser sometido a una operación de emergencia para retirarla y colocar una placa para juntar el hueso, aunque eso no es un seguro de que pueda volver a caminar normalmente, solo el tiempo lo dirá.

―No el mando no tuvo la culpa, estoy harto de las noticias ― suelto con desprecio, se sienta en el filo de la cama y apoya las muletas a su lado, aunque intenta aparentar ser fuerte, ambos compartimos el mismo dolor, acaba de perder a casi toda su familia, y los pocos que quedan deberán ser sometidos a evaluaciones psiquiátricas para valorar si pueden adaptarse a la vida normal.

Asiente en silencio, así pasamos los últimos días, aquella noche en que nuestra vida cambio para siempre, en medio de las balas, cuando una vez más Josabet salvo mi trasero, pero a que costo, una lagrima de impotencia comienza a descender por mi mejilla, estoy harto de este sentimiento, de la culpa... Josabet, Josabet... repito como un mantra, como si de esa manera, alguien en el cielo me la devolviera.

―Cuñado ― la voz de Bob se quiebra una vez más, veo sus ojos, idénticos a los de su hermana, donde me gustaba perderme, es extraño que en unos días haya caído embobado por sus encantos, su carácter fuerte, sus momentos de vulnerabilidad, esa chica que parecía un ángel de ojos violetas, que el mundo había lastimado tanto, pero que aun así logro enseñarme que aunque la vida te diera cien razones para llorar, solo necesitabas una para ser feliz.

Dos meses después...

―Su majestad, está usted evolucionando muy bien ― dice el Dr. Austen, revisando mi pierna ― su rehabilitación está dando los resultados esperados, quizá en un mes o dos podrá dejar las muletas en cortos lapsos.

―Gracias Doctor ― respondo sin emoción.

Nadie me creería que no tengo ni una pizca de emoción, bajo de la camilla, y tomo las muletas, es verdad estoy harto de ellas, pero al menos ahora puedo moverme solo. Ya me tenían cansado con eso de tener alguien que me lleve en silla de ruedas.

Salgo del consultorio, donde me esperan Bernard y Bob, se levantan al verme, saben el camino que tomo dos veces por semana cuando vengo al hospital, al final del pasillo se encuentra su habitación.

Abro la puerta con suavidad, los guardias de seguridad se ponen en firmes cuando me ven y como es costumbre abandonan la habitación, observo sin interés toda la habitación que me es tan familiar, camino hasta la cama, me siento con cuidado en ella, mientras Bernard me ayuda sosteniendo las muletas.

La veo como cada vez que vengo, su cabeza cubierta por completo por vendajes, su rostro apacible tan ajeno a todo lo que pasa a su alrededor, esta pálida, sus heridas físicas se han curado, pero hay una herida dentro de ella que no se ha podido curar aun y es por eso que aún no se siente preparada para regresar.

AMBUR, Dos meses atrás...

Han tomado a Bob por la espalda, sin pensarlo dos veces apunto con la pistola que me ha entregado Seth al hombro del hombre, en su rostro soy capaz de ver la maldad en su más puro estado.

―Creías que ibas a salvar a la putita de tu hermana entregándonos a todos ― le dice en el oído pero soy capaz de escucharlo, Josabet está viendo hacia al frente ajena a lo que está sucediendo.

Sin pensarlo dos veces aprieto el gatillo en cuanto el hombre aprieta la navaja en el cuello de Bob, la fuerza de choque del disparo hace que la bala se incruste en el cuello del hombre, oh por Dios, ¿Qué he hecho?, no tengo tiempo para ponerme a pensar en ello, el disparo ha alertado a los demás, el cruce de balas es inevitable, en un momento solo veo caer cuerpos frente a mis ojos, jamás pensé tener que ser parte de una masacre como esta. Nos superan en número, y las municiones comienzan a terminarse.

―Por aquí ― dice Seth señalándonos lo profundo del bosque.

Corremos tan rápido como la nieve nos lo permite, siento el corazón en la garganta, no puedo evitar ver hacia atrás para comprobar que tan cerca están, en ese momento escuchamos los disparos una vez más, y lo siento, mi pierna comienza a quemar como si una barra de metal a fuego vivo me hubiera atravesado, caigo al suelo, el dolor es insoportable, todo alrededor se vuelve borroso, no puedo perder el conocimiento, me obligo a tener los ojos abiertos, y veo horrorizado como un hombre está tomando por el cuello a Josabet, mi cuerpo no se mueve, Bob se lanza sobre él, haciéndolos caer, escucho un grito desesperado salir de su boca y es lo último que escucho...



Kath B. Carlton

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En el texto hay: realeza, amor, principe

Editado: 18.10.2018

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