Hermanastro.

Prólogo.

Suspiré.

Me gustaba el hecho de que mi madre, Alice Wodds, hubiera conseguido de nuevo el amor luego de su divorcio con papá, Alexander Jackson.

Pero, ¿era necesario que el hombre tuviera un hijo? ¿No podía casarse con alguien que no hubiera estado divorciado? Porque al parecer Gregg Finnegan había tenido casi la misma historia que mamá.

Bufé, acomodando mi chaqueta de jean. Se suponía que ellos vendrían a cenar a la casa y se quedarían a vivir aquí.

Sí, unos extraños vendrían a vivir a mi casa.

¿Por qué yo no estaba enterada de esto? Estuve con mi padre durante unos años, él entró en algo así cómo una depresión al principio del divorcio, mientras mamá estaba emocionada por conseguir un nuevo hombre.

Ahora, mi padre trabaja en una gran empresa y se puede decir que muchas mujeres quieren estar junto a él ahora.

He llegado a la casa hace casi dos meses, pero mi madre no decidió contármelo hasta la semana pasada. Sí, no hay ningún secreto entre nosotras.

- ¡Ashley, ya llegaron! –volvía bufar, saliendo de mi habitación. Al menos espero que mi nuevo hermanastro sea lindo.

Bajé las escaleras, con mi madre evitando que viera a Gregg y su hijo.

Puse mis manos detrás de mi espalda y comencé a balancearme con mis pies, cómo cada vez que estaba nerviosa o ansiosa. Primero puse mi vista en el hombre.

Era alto y robusto, si conociera a papá lo derribaría con un pequeño golpe. Su cabello era oscuro y salpicado por algunas canas –ja, al igual que el de mamá –. Bueno, volviendo al tema, tenía ojos azules y parecía ser lo bastante amable cómo para agradarme, estaba usando ropa que yo clasificaría cómo formal.

Ahora mi vista fue al chico a su lado.

Santo Dios, estoy frente a un Adonis.

Bajé mi vista a su cuerpo, noté los músculos de sus hombros amoldarse a la camiseta celeste que estaba usando, y sus muslos en el pantalón negro que usaba.

Oh, Dios Santo. ¿Cómo se supone que controlaré mis hormonas teniendo a tremenda belleza durmiendo en mi misma casa?

- Ashley, él es Nathan, tu hermanastro. –pude ver cómo me sonreía.

Listo, estoy muerta.

 



Leo Y Janet

Editado: 31.12.2020

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