Chris...
Sal de ahí, Christian...
Te necesito, Chris...
Se levantó de golpe, su pecho subía y bajaba con velocidad, sentía como su corazón latía con gran frenesí dentro de su pecho. Pasó una de sus manos por su frente y comprobó que estaba sudando. Miró a su alrededor, todo estaba oscuro, al parecer en la Cueva no había luces.
Sentía su piel erizada, no recordaba que estaba soñando antes de despertarse, pero sabía que Amelia estaba en él, era su voz la que decía su nombre, con necesidad y urgencia.
Mi Amelia… donde quiera que esté, esperaba que estuviera en paz. Christian no tenía una religión que seguir, pero ella era una católica nata, entregada, le acompañaba todos los domingos a la iglesia, le gustaba ayudar mucho en las actividades que hacían allí. Pero tal vez pensar tanto en ella, en la falta que le hacía y las ganas de tenerla a su lado no dejaban que estuviera en paz.
Tomó una gran bocanada de aire y se levantó de la cama. Buscó una camiseta y se la colocó. Salió de la habitación y la luz en los pasillos hizo que cerrara los ojos para adaptarse a la claridad, había movimiento, varios pasaron por su lado, todos llevaban sudaderas, buzos o camisetas grises.
Reconoció una mata de cabello gris salir de la habitación del lado.
—Anna.
La llamó, ella se detuvo, se giró para mirarlo y darle una sonrisa. Se acercó a él dando leves saltos.
—Hola, Christian. — dijo colocando sus manos en su espalda moviendo su cuerpo de un lado a otro.
—Hola, Anna— le regaló una sonrisa al tiempo que colocaba una de sus manos en su hombro. Anna se ruborizó—. Me dijo Luca que podrías llevarme con él.
—Ah... yo...— titubeo—. Claro que sí puedo...
—Ok, vamos.
Empezó a caminar, pero ella lo detuvo.
— ¿No debería darse un baño antes? — dijo con nerviosismo—. No es que huela mal... solo que... es mejor que esté fresco como una lechuga.
Vio como al decir lo último apretaba sus ojos, como si se regañara por lo que había dicho y él sonrió, era una chica muy tierna.
—No me parece mala idea, pero no sé dónde quedan los baños.
—Yo le acompaño... solo hasta la puerta— dijo comenzando a caminar y él la siguió—. Las chicas se bañan en uno diferente.
Recorrieron el pasillo y doblaron a la derecha. Notó que estaban en la fila 5B y que las puertas de las habitaciones estaban nombradas con el número de la fila y un número.
Según le entendió a Anna, las habitaciones estaban organizadas por filas de la A, B, C y así sucesivamente hasta la H y que cada fila tenía alrededor de doce habitaciones, le dijo que su habitación ahora era la 5B-7 y la de ella, la anterior a esta. También le explicó que, de la I a la P, estaban los cazadores, de la Q a la U, estaban los profesores, de la V a la X los Dirigentes, y que las de la Y y Z, son las habitaciones que tenía los Destripadores o algún cazador que estuviera de visita.
Le explicó que la Cueva, estaba dividida por secciones y que solo había tres pisos, donde había salas de tortura, entrenamiento, la enfermería, las demás habitaciones, galerías y salas de herramientas. Había una torre donde se reunían los Dirigentes para discutir cosas importantes. Aunque ya lo había visto desde el exterior, parecía un edificio normal, sus paredes eran de piedra lisa y oscura, tal como en una cueva, que ironía.
Llegaron a la sección de baños y ella me señaló la entrada.
—Puedes entrar, de pronto te encuentras con cualquier otro aprendiz— dijo—. Hay una gaveta con toallas y otra con ropa. Puedes tomar alguna... te esperaré aquí.
Lo último lo dijo apartando la mirada y Christian entró. Las paredes tenían el mismo aspecto y estaban divididas por cubículos. Encontró uno libre y entró, había una pequeña regadera, los cubículos eran blancos, eran altos, pero debajo se podían observar los tobillos. No había rejilla de desagüe, sólo un pequeño canal que estaba unido a los demás cubículos, quién sabe dónde terminaban.
Se quitó la ropa y abrió la regadera, el agua estaba fría, pero su piel caliente se refresca, la gran sensación de sentir cómo cada parte de su cuerpo se relajaba. Sentía cómo le hacía falta eso, si estuvo dos semanas inconsciente, eso significó que alguien lo bañaba.
Cerró sus ojos para disfrutar del agua.
Chris...
Te extraño, te necesito....
Quiso golpear la pared, pero el cubículo aparentaba ser solo para dividir y dar privacidad, no para resistir un golpe. Pensar en Amelia provocaba un vacío en su pecho y sentía la necesidad de seguirle, lo que decía en el sueño se repetía en su cabeza...
—Yo también te necesito…— dijo en un susurro y apretó mis ojos.
Al abrir los ojos, todo estaba borroso por el agua, Christian miró sus brazos y notó que aún tenía las vendas. Las retiró para lavar la herida, pero se sorprendió, tenía tres finas líneas rojizas en cada brazo, vio pequeñas líneas en medio de cada una, lo que le dio a entender que habían tenido que tomarle puntos para cerrarla y mientras estuvo inconsciente retiraron los puntos.
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Editado: 26.03.2026