Hija de la Oscuridad #1

Capítulo 23

Garras rasgando alguna superficie.

Una oscuridad profunda y creciente.

Cada murmullo intensificado.

Estaba completamente sola y encerrada en ese lugar.

¡Oh joder! La combinación de dolor y placer era indescriptible. Nunca sintió algo similar a eso. La magia en su interior era cómo un remolino inestable. Podía sentir que su alma estaba tratando de ser arrastrada a ese vórtice de locura y dolor. El viento cortaba su piel. ¿qué pasaría si se quedaba en ese lugar? No, no, aún tenía una misión que cumplir. La oscuridad deslizó por todo su brazo derecho hasta el cuello. Quemaba.

–Puedo saborear tu miedo. ¡Es exquisito! – en toda esa oscuridad pudo ver a Idara acercándose muy despacio – Me pregunto, ¿Qué sucedería si lograra conectar tu mente con Eligia? Todo sería mucho más sencillo para nosotras. Ustedes son un obstáculo muy molesto.

–¿Por qué no me matas de una vez, entonces? Estás aquí, dentro de mi subconsciente.

–Ciertamente, podría, pero no son las órdenes que se me han encomendado. Mi objetivo es otro.

 

–Puedo sentir que esa maldición está desequilibrando mucho más la magia negra que hay en su interior – frente a la habitación de Alice, Ethan seguía dudando si era el momento o no de hacer lo que tenía planeado. No estaba listo para dejar todo atrás – Me preocupa que se vuelva loca, o incluso que empiece a desear más.

¿Lo crees?

Estoy seguro de ello. Yo mismo lo he experimentado. Desde el principio era imposible que me alejara de mi perdición – dijo con un tono de tristeza en su voz –. Cuando te dejas llevar por la oscuridad, es un éxtasis sin salida.

Ambos entraron al dormitorio, donde encontraron a Alice en un rincón, acurrucada, golpeando su cabeza con sus propias manos. Idara se encontraba sentada en el alfeizar de la ventana, masticando una manzana.

–Planeas algo estúpido y sin sentido – balanceó sus pies cómo una niña columpiándose –, mis maldiciones no pueden ser retiradas por nadie, excepto yo. Si intentas absorberla vas a fracturar lo que intentas salvar. Sin embargo, puedo ofrecerte un trato diferente, muy aparte del grimorio, claro.

–¿Cuál es tu precio?

–¿Seguro? No creo que te agrade mucho la idea.

–Sólo dilo o yo mismo te mataré aquí.

–Muy bien – hizo una breve pausa, y lanzó los restos de la manzana al piso –. Quiero tu alma, exactamente donde guardas todas tus emociones.

–¿Qué ganarás con eso?

–Yo, nada. Pero para mi señora eres un obstáculo; ella tiene otros planes para ti.

Obviamente, Ethan no confiaba en esa bruja, por lo tanto, tenía que asegurarse que cumpliera con su palabra. Sabía perfectamente lo que iba a ocurrir al entregar esa parte de su alma: volvería a ser aquel monstruo que fue en algún tiempo. Jamás había sacrificado tanto por alguien. Algún día, ella lo comprendería, o tal vez nunca lo perdonaba, y eso quizás, sólo quizás era lo mejor. Primero Katherine, y ahora Alice. Al menos quiso creer que estaría a salvo.

–Ethan, no lo hagas.

–Lo haré – ni siquiera hizo caso a Gian. Estaba decidido. La bruja se bajó de un salto y se paró junto a Alice. Idara podía sentir el flujo turbulento de magia que provenía de la chica. ¡Interesante! Después de todo encontró algo muy valioso. Las líneas oscuras desaparecieron de sus brazos y el collar se rompió en dos. Cayó cómo una muñeca inerte.  Ethan quiso acercarse, pero al hacerlo no sería capaz de abandonarla. Hizo aparecer el grimorio y se lo lanzó a la bruja. Ella atravesó el pecho de Ethan con una daga mágica; tiró de ella con un solo movimiento hasta extraer una bola de luz azul con manchas negras. Era hermosa. La única parte buena de un mago oscuro cómo él. Finalmente podría ser quien era en realidad sin necesidad de restringirse. Idara devoró el alma y cogió al mago de la mano para desaparecer.

Gian corrió hacia Alice para verificar si aún tenía pulso. No podía creer lo que ese idiota hizo. Verita entró tan rápido, preocupada, revisando toda la habitación. Había logrado percibir la magia de todos reunidos. Observó por todos lados y no encontró a Ethan. Gian sólo negó con la cabeza. Nunca creyeron que fuera capaz de tal cosa con el propósito de proteger a alguien.

–Hermano, ¿se puede saber por qué diablos lo dejaste ir? Si él se une a sus fuerzas nuestra derrota es segura.

–Fue su decisión – su hermana tenía toda la razón. Como enemigo, Ethan podría convertirse en una terrible amenaza. Ni siquiera Alice iba a poder detenerlo si se interponían en su camino. Porque estaba casi seguro que retomaría el lugar que una vez abandonó: el trono del rey mago. El único que podía competir con la reina bruja. Al parecer Eligia había comenzado a tejer su escenario y a mover todas sus piezas. Astuta y peligrosa. Por el momento aún contaban con la lanza demoníaca – Alice tendrá que seguir sin él. Es muy probable que ahora sea nuestro enemigo.

–Realmente no estoy segura si esto es producto de mi imaginación – con dificultad, Alice se puso en pie, sus piernas no lograban estabilizarse muy bien. Por las caras serias de ambos hermanos, lo comprendió –. Él me abandonó. Voy a considerarlo un traidor – apretó sus manos en puños. Quería golpearlo con tanta fuerza. ¿Qué se suponía que tenía que hacer con ese dolor tan gran que estaba sintiendo? ¿buscarlo? ¿llorar? ¿sentirse furiosa? Nada de eso funcionaba en esos momentos. Por más que quisiera no iba a llorar. No iba a darle el gusto a nadie. Qué ingenua fue – Debo volverme más fuerte. No puedo depender siempre de los demás. Voy a proteger a mi familia sin importar lo que cueste – esta vez no iba a permitir que nadie se sacrificara por ella. Hace mucho tiempo sus padres se sacrificaron, al igual que su hermano, dejándola completamente sola en mundo que ni siquiera conocía. No, Melanie siempre estuvo a su lado.



Andrea L. Grey

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En el texto hay: romance, magia, sobrenatural

Editado: 17.01.2021

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