Infierno Helado (libro 1)

Capítulo 7

Odio hacer deportes.
Abro la puerta que lleva hacia el campus, Natalia está a mi lado y no para de hablar sobre lo emocionada que está por lo de la fogata. Se desilusiona cuando le digo que no iré. Cosa que no estoy segura si es verdad o mentira.
Básicamente no estaría ahí junto a ella pero estaría espiando desde lejos, ese día quedé con los chicos para observar los movimientos, por si alguien se colaba o pasaba algo cuera de lo normal.
Entrecierro los ojos cuando la luz solar me pega directo en la cara.
-Si tú no vas entonces ¿Con quién iré?- Pregunta ajustándose la sudadera.
Su short gris deportivo le quedaba bastante bien, se le marcaban sus curvas. Su camiseta del mismo color le queda de infarto. Yo por otro lado llevo unos pantalones deportivos negros, del mismo color que mi camiseta desmangada. Me hice una coleta y pues, me veo decente.
Natalia saluda a Zack, quien está en la gradas junto a Jesse y Sebastian. Creo que esta es la única clase que tengo con todos los Thompson. Topo mirada con Jesse, viste de negro al igual que yo aunque la ropa deportiva negra se le ve mejor a él.
Nos dirigimos a una de las hileras de bancas, alejadas de los Thompson. Dejamos nuestros bolsos y botellas de agua.
-No lo sé Nat ¿Por qué no vas con Karum? ustedes dos se llevan. De hecho creo que amas cuando se te une y ambos me hacen bullying.
Ella se ríe.- Si, esos momentos valen oro.
Ruedo los ojos.- A Veces no sé por qué eres mi amiga.
Todos hacemos hileras cuando el profesor suena el silbato. Dos hileras de chicas y dos de chicos.
Escucho los comentarios pervertidos de las chicas sobre los chicos.
A los chicos los colocan delante de nosotras así que tenemos muy buena vista de ellos.
El chico al frente de mi me cacha observado, me aclaro la garganta mientras miro hacia otro lado sonrojada. Voy a decirle algo a Natalia pero la miro muy concentrada observando a Zack. No puedo creer que Zack oculte todo eso debajo de sus suéteres y pantalones flojos. Lo admito, miro a la hilera entera y me ofendo al ver que hay varios chicos con el trasero más grande que el mío, eso no es justo.
Empujo con el hombro a Natalia y la hago tambalear, cuando vuelve a verme está roja y sonrío de manera perversa.
Lo primero que hacemos estirar. Nos hacen estirar los brazos, subirlos y bajarlos, estirarlos de un lado a otro. Luego ejercicios del torso y cuando el profesor nos dice que hagamos diez sentadillas las chicas empiezan a reír y murmurar cosas no aptas para menores acerca de los chicos.
Natalia y yo volvemos a vernos al mismo tiempo.- Como que hace calor ¿vedad?
Miro hacia el frente.
-Es por el ejercicio- Ruedo los ojos.
-Claro que por el ejercicio.- Dice riendo.- ¿En qué pensabas?- Pregunta levantando una ceja.
Oh Dios.- En nada.
Hacemos las sentadillas. Siento un hormigueo en mi cuello y hace que los vellos de los brazos se me ericen.
Frunzo el ceño.
-Bien, ahora quiero que den dos vueltas al campo para calentar.- Grita el entrenador.
¡¿Y qué hacíamos antes?! Le grito en mi mente
Suelto aire y me pongo en la formación.
-Hola.- Tengo a Zack detrás.
-Me asustaste.- Digo riendo.
Me mira frunciendo el ceño.- ¿Cansada ya?- Pregunta
-Eh...- Trato de calmar mi respiración.- No, estoy bien
Ríe mientras señala su oído.- Puedo escuchar tu corazón acelerado.
-Bien, tu ganas.- Me rindo.
-Tienes que ser rápida recuerda.
-Lo sé.
-Hagamos una apuesta.
-Uh yo nunca gano una apuesta.- Digo haciendo una mueca.
De hecho nunca gano nada.
Jesse aparece detrás de él, está sudado pero no muestra ninguna señal de estar cansado.
Me saluda con un gesto de cabeza y mira a Zack.- ¿Qué pasa?
-Estaba haciendo una apuesta hermano.

Jesse lo mira curioso.- ¿Qué clase de apuesta?
-Bien, Abby si tú me ganas haré algo por ti pero si yo te gano harás algo por mí.
Me río.- ¿Hablas de ganarte a correr? Eso es imposible, eres un origen no es justo.
Jesse mira curioso a Zack.- Ya sé porque...
Zack sisea y lo hace callar.- No empieces.- Devuelve su mirada hacia mí.- ¿ Y bien?
-Sabes que no ganaré.
-No deberías ser tan pesimista.- Me aconseja Jesse.- Recuerda que algunos dones se desbloquean antes o tiempo después que el cambio. Como la fuerza, mejor vista, agilidad, la velocidad y en algunos casos la curación.
-¿Aceptas?- Pregunta demasiado entusiasmado.
Lo miro.-Primero dime, que es lo que pedirías si ganarás.- Entrecierro los ojos.
Este mira a Jesse.- No es nada malo...
-¿Entonces por qué no me lo has pedido? sabes que puedes confiar en mí.
-También quiero ayudarte a ser rápida, ya sabes para correr si hace falta.
Lo miro, se mira extraño sin lentes, hace que sus ojos se miren un tanto más pequeños.- Bien, espero no arrepentirme de esto.
Zack aplaude.- Bien, eso es.
Jesse niega con la cabeza riendo.- Esto va a ser interesante.
-¿Por qué no corres con nosotros?- Pregunto.
Me mira curioso.- No creo que me ganes.
Lo dice retándome.- De todas formas la apuesta no te incluye.
-Bien.- Acepta.
Nos agrupamos, tengo a Zack a mi izquierda y a Jesse a mi derecha.
Estoy atenta y nerviosa.
Miro a Jesse, está en posición. Sonríe cuando me mira.
Trago saliva y miro al frente esperando el sonido del silbato.
El profesor está en una de las esquinas del campo colocando obstáculos.
Hay un par de conos naranja, vallas de salto y un gran tubo en el que debemos meternos rápidamente y luego continuar corriendo. Esto va a estar difícil.
Los obstáculos estás esparcidos por todo el recorrido del campus.
Miro al entrenador llevar el silbato a su boca. Mis piernas duelen en esta posición.
-Preparada.- Murmura Jesse.
Respiro.- Ahora.- Dice.
Y segundos después escucho el sonido del silbato.
Me levanto y empiezo a correr. Siento la adrenalina en mis huesos, el viento en mi cara. Estoy detrás de ellos y hago mi mayor esfuerzo por no quedar muy atrás.
Miro mi primer obstáculo. Muerdo mi labio y esquivo los conos sin tocarlos. Ellos se alejan, soy la tercera de todo el grupo. Siento como mi estómago se tensa.
Me repito mil veces "tienes que hacerlo" "concéntrate" "desbloquéalo"
Suelto aire y me obligo a ir más rápido.
Siento como aumento mi velocidad. Siento algo dentro de mí, algo fuerte.
Siento mi garganta seca. Salto las vayas como si nada. Son cuatro en total y para cuando llego a la última me doy cuenta que estoy cerca de ellos.
Voy más rápido. No veo más que los dos cuerpos delante de mí y el verde pasto. El resto es como un borrón. Viene una vuelta y me siento sin peso alguno.
Los paso. Paso entre ellos y me miran anonadados. Ahora sí.
Ellos también aumentan su velocidad. Esta carrera va enserio, soy veloz, tan veloz como ellos.
Viene el tubo, es ancho. Tengo otra táctica, no me arrastraré por él, me deslizaré.
Escucho a Zack gritar que tenga disminuya la velocidad.
Mi garganta se seca aún más y mi cabello se pega en mi cara.
Agarro impulso y cuando viene el borde del tubo me deslizo de espalda. Veo el borde justo al frente de mi cara al pasar por él, es angosto pero paso perfectamente por él. Salgo, me enderezo. Escucho el murmullo de la gente y cuando paso por donde el entrenador lo miro con la boca abierta.
-¡Eso es, sigue así!- Grita agitando los brazos.
Voy por la segunda vuelta.
Mi vista se nubla un poco, siento el cordón en mi cuello húmedo por el sudor. Lo siento mientras corro, me concentro en él y no en el dolor físico. Jesse viene más cerca que Zack, está usando todo su poder.
No puedo creerlo, lo he desbloqueado, no del todo porque sino, no sería tanto dolor pero he desbloqueado lo suficiente.
Cruzo los conos. Jesse está a mi lado, corre junto a mí y puedo ver que sonríe. Sus ojos me miran. Mira al frente. Me regaño.
Por un segundo sigo mirándolo, perdiéndome en el azul de sus ojos. Pero luego dirijo mi atención a los obstáculos siguientes.
La piedra se calienta un poco y hace que mi pecho queme.
Entonces todo a mí alrededor desaparece. Me encuentro corriendo hacia el lago. Paro de golpe y caigo. Mi cara queda a centímetros de las piedras. Escucho algo a lo lejos pero lo ignoro por el dolor.
Levanto la vista y el agua esta tan cerca. Me levanto con la respiración acelerada.
Doy media vuelta para ver si hay alguien pero no.
Estoy de nuevo en aquella ilusión, lo que significa que el dueño del collar está frente al lago.
Siento algo tomar mi brazo, esta vez siento que de verdad es a mí no al chico.
-Lo quiero de vuelta.- Lo escucho decir.- ¡Lo quiero de vuelta!- Grita arrojando una piedra al lago.
Jesse me sostiene el brazo en el aire y me mira asombrado.- ¿Estás bien?
Miro a mi alrededor, todos me miran entre burlescos y sorprendidos.
Siento que mis rodillas escuecen y mis brazos duelen. Me he caído.
Me quedo sin habla. Lo quiero de vuelta. Quiere su collar.
-Es él.- Digo.- Está en el lago.
Veo hacia su rostro, aún tiene el ceño fruncido, parece sorprendido y entonces miro mi brazo, mi puño está cerrado y lo sostiene a centímetros de su cara.
¡¿Qué rayos?!
Lo bajo asustada. ¿Iba a golpearlo?
-¿No te golpeé cierto?
Niega.- No te preocupes.- Mira a todo el mundo.- Hay que hablar de esto en otro lado. ¿Estás bien?- ogro asentir incluso entre la conmoción.
Veo a Natalia, Zack y Sebastian correr hacia nosotros. Habían quedado bastante atrás.
El lago ¿Sabía que podía verlo? ¿Por qué se arriesgaría?
Ni siquiera me preocupa la vergüenza que pasé, esa sí que debió haber sido una caída.
Jesse me vuelve a tomar del brazo de forma suave.- Vamos.
Natalia me abraza.- ¡Oh Dios Abby! ¿Estás bien?- Escucho la preocupación en su voz.- Demonios ibas demasiado rápido.- Dice asustada.- No sé cómo pasó.
-Tranquila, sólo me tropecé con los pies. Sabes que soy torpe.
-Me diste un susto de muerte.- Dice riendo. Mira mi brazo, el que Jesse sujeta.- Estas sangrando.-Dice alarmada.
Jesse mira hacia el brazo. Es verdad, la sangre se mezcla con lodo. La mano de Jesse está bajo la herida así que la sangre lo manchaba también.
-Está bien, tranquilízate iré a la enfermería.
-Zack.- Dice ella, aún preocupada. Zack la mira.- Cuídala.- Mira a Jesse con los ojos entrecerrados.- Tú también.
Y se da la vuelta. Los miro apenada pero no me da tiempo de decir nada.
Jesse cambia de lado, a mi derecha y me agarra del brazo bueno.- Vamos.
Cruzamos los pasillos, los alumnos nos miran raro, ahora si siento vergüenza.
Estoy despeinada, llena de lodo y estoy sangrando. ¿Qué más podría pasar?
Lo peor es que durante el recorrido a la enfermería, ninguno dice nada, es aún peor.
Al tocar la puerta nadie contesta.
-¿Qué clase de enfermería es esta?- Pregunta Jesse en tono enojado.
Golpea la puerta una, dos veces. Nada.
-Hay que abrirla, puede limpiarle las heridas.- Zack se ofrece.
Levanto la vista hacia Jesse, me está viendo. Demonios que vergüenza.
Sé lo que estará pensando. Esto debió darle más razones para verme como una debilucha.
Me enojo conmigo ¿cómo es que no vi venir eso?
Los escucho hablar pero no pongo atención. Miles de pensamientos ocupan mi cabeza.
La puerta se abre y me sobresalto. ¿Cómo hiciste eso?-Pregunto confundida.
Zack mira a Jesse y luego a mí.- ¿Hacer qué?
-Eso.- Señalo la puerta.
-Es fácil abrir la puerta con fuerza.
Niego con la cabeza.- No hiciste eso, ni siquiera la tocaste.
Avanzo hacia la puerta y tanteo la manija, está sin seguro pero no se mira forzada.
-Creo que estás desorientada.- Dice Jesse.
Me giro.- No es así, no tocó la puerta.
Jesse mira a Zack sin ninguna expresión.
-Abby.- Me llama Zack.- Confía en mí, forcé la cerradura.
Confía en mí.
Tiene razón, puede que no haya visto bien, además estaba pensando, no estaba realmente pendiente de nada.
Asiento.- Está bien. No importa.
Me siento en la camilla.
Huele a medicamentos y a sustancias raras.
-Buscaré las vendas.- Dice Zack avanzando hacia el centro.
No es tan grande, es como del tamaño de un salón de clases, tal vez más pequeño. Las paredes son blancas, igual que la cortina en la ventana y el cobertor de la camilla donde seguro la enfermera Ashley duerme todo el tiempo.
-Te ayudo.- Dice Sebastian mientras empieza a abrir las gavetas.
Jesse cierra la puerta y se lleva una mano al cabello mientras se acerca.- ¿Segura que estás bien? caíste mal.
Miro a otro lado. No, no estoy bien porque me siento inútil No porque siento que tienes razón, soy torpe.
-No fue tu culpa.- Murmura.
-¿Qué?- Pregunto confundida.
-No fue tu culpa el caer, fue el collar.
-No se sabe.- Digo viendo mis manos. -Pude ser yo.
-No es así.
Lo miro.- Deja de fingir preocupación ¿quieres? sé lo que estás pensando, probablemente lo que todo están pensando.- Zack y Sebastian se quedan quietos.- Sé que piensan que soy torpe.
Zack se gira hacia mi.- ¿Estás loca mujer? acabas de lograr que tu velocidad se desbloqueara.- Dice asombrado.
-Fue fascinante.- Dice Sebastian asintiendo. Yo no pude hacerlo sino después del cambio.
-Y se estrelló contra un árbol.- Se burla Zack.
-Yo me estrellé contra el suelo.-Puntualizo.
-Creo que estuviste bien-Dice Jesse
Frunzo el ceño y él se aclara la garganta.- Necesito ver si tienes más raspones o cortes.
Miro mi tobillo no parece torcido, empiezo a subir mi pantalón hasta que mi rodilla queda a la vista.
Jesse se acerca.
Mi rodilla está sangrando también. Acerca una mano inseguro.
Me mira y asiento. Su tacto es frío. Hace que el dolor se calme un poco.
-Tu tacto.- Digo. Jesse levanta la cabeza y me mira.- Tu tacto calma el dolor.
-Es lo frío.- Dice Zack.
Jesse se mira las manos.- Tal vez esto ayude.- Le dice a Zack.
Zack se acerca con vendas, gasas y un maldito alcohol.
Esto va a doler.
-Probablemente pero primero hay que limpiar las heridas, no queremos que se infecten por la suciedad.
Miro el alcohol como si fuese mi enemigo.
-Bien Abby, soy el doctor Thompson y...- Bromea Sebastian con voz fingida.
-Basta idiota.- Le dice Zack.- La asustas.- Dice rodando los ojos.
-No me asusta.- Le digo sonriendo.- ¿Cuál es el diagnostico doctor?- Le sigo la corriente
Zack y Jesse murmuran algo como "tienen que madurar"
Sebastian se mira pensativo.- Creo que es mejor cortarte las piernas y el brazo.
Abro los ojos como platos.- Creo que serías un pésimo doctor.
Se ríe.
-Bien, empecemos.
Me agarro a la camilla.
Zack empapa la gasa con alcohol.
Me escuece y muerdo mi labio.
Las manos de Zack parecen expertas. La sangre empapa la gasa y Jesse le pasa otra.
La herida de la rodilla ya está limpia, aunque se mira horrible.- Jesse, has lo que hacías antes, enfría un poco la zona de la herida.- Jesse asiente y se arrodilla, queda a la altura de la herida.
Ubica las manos a centímetros de la rodilla. Puedo ver como lo hace.
De sus manos aparece lo que parece vapor, es el frío saliendo de él. Siento el vapor en la herida. Siento como esa parte se entume y deja de doler tanto por el contacto frío. Es hermoso, su poder es hermoso. Sonrío levemente.
La zona se vuelve un poco azul, hay escarcha de hielo en mi rodilla.- Pásame la venda.- Dice.
Pero la tiene Sebastian. Este me la pasa y su piel queda en contacto con la mía. Algo me desconcierta. Su tacto no es frío como el de Jesse. Un origen de hielo siempre tiene el cuerpo frío.
¿Algo estaba mal?-¿Te duele?- Pregunta Jesse.
-¿Qué? no.
-Te miras preocupada.
"Estaba pensando"- No, está bien.-Asiento.- Gracias, eso ayuda mucho.
Se levanta, la venda ya está puesta.
-No es nada.
Zack empieza a limpiar la otra rodilla y el brazo.
Ellos dicen que me llevaran a casa, les digo que no es necesario, que puedo irme sola. Pero ellos insisten, Zack se ofrece para llevarme diciéndome que le hizo una promesa a Natalia. No puedo discutir contra eso.
Jesse continúa enfriando mis heridas una vez que Zack termina de curarlas.
-Bien.- Dice Zack sonriendo.- Ya estas. ¿Nos vamos?
-Está bien.-Me levanto lentamente para no causarme más dolor en las zonas lastimadas.
Los tres están pendientes de mis movimientos pero creo que es demasiada atención, no es una herida grave.- Oigan tranquilos, sólo son raspones.
-Bien.- Dice Jesse.- Entonces llévala a casa, les diré a los profesores...



Abby Conrad

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En el texto hay: guerra, fuego, hielo

Editado: 15.02.2018

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