Jamás pensé en el Amor

Capítulo 3

Al otro día, cuando llegué a trabajar, habían muchos empleados en secretaría, no sabía para qué e igual me dirigí a mi oficina.

Luego de casi asfixiarme en el ascensor porque no paraban de entrar, logro llegar a mi oficina. Iba a entrar pero Carlos me detuvo.

—Laira —me sonríe amable mientras se acerca a mí.

—Carlos —lo saludo también sonriendo de lado.

—¿Emocionada por tu primer día? —dice en tono burlón.

—Obvio. He esperado esto por mucho tiempo y no lo puedo creer que ya estoy acá.

—Quería preguntarte si ya sabes algo de los resultados.

—¿Resultados? —frunzo el ceño confundida.

—Sí. Bueno igual ya iré averiguar yo, no importa —agita la mano restándole importancia.

—Ajá.

Se le olvidó de que soy nueva.

—Te deseo un buen día —y rápido se fue corriendo hacia el ascensor.

Alguien parece tener buen humor hoy.

Él estaba esperando el ascensor y justo lo miré, me llamó la atención porque llegó por detrás Rosa, parecían que estaban hablando de algo importante. Las puertas se abren y entra evitándola.

No sé por qué me interesa, si será tema de ellos dos no tenía por qué meterme. Así que entré a mi oficina.

Toda la mañana ha sonado el teléfono. Que los informes listos, que sellados, firmados, los presupuestos debía pasarlos al sistema.

¡Un poco de descanso siquiera!

Segundo día de trabajo y ya me cansa.

Termino de hacer parte de lo que me dieron para terminar, así que junto todo y salgo de mi oficina para ir al penúltimo piso. Sí, también tuve la misma expresión son como siete pisos más.

—Por suerte están los ascensores —me digo en voz baja.

Toco el botón para subir pero este no responde, vuelvo a tocar y nada.

—Hubo un problema y no estarán en servicio —doy vuelta mirando a uno de seguridad.

—¿Tardarán mucho? —tal vez pueda llevarlos después.

—Sí. A lo mejor mañana ya estén funcionando nuevamente.

¡¿Mañana?!

—O sea que sólo las escaleras, ¿verdad? —asiente con la cabeza—. Bien.

Siete pisos... tengo que subir siete pisos, mis pobres piernas y pies.

Camino un poco más y comienzo a subir. Aquí va mi tortura.

A medida que iba subiendo aprovechaba de mirar todos los pisos. Casi todos eran iguales pero lo que me sorprendió es que hay más jóvenes trabajando, no se ve tan importante para otros pero si los ves desde otro punto de vista como lo hago yo, es interesante porque no es tan apagada la empresa.

Pero los de las plantas bajas no se ven así.

—¡Hey, chica! —entre los murmullos altos, alguien grita—. ¡La que va con muchas carpetas!

Me dice a mí.

Lo miro y me hace una seña para que vaya con él, niego y sigo mi camino.
Me faltan tres pisos, no me puedo retrasar mucho.

—¡Hey chica, espera! —sigo caminando llegando al otro lado para subir las escaleras—. ¿Por qué huyes? —habla una vez que me alcanza.

—No estoy huyendo —subo los primeros escalones y me vuelve a detener sujetando mi brazo.

¡Qué pesado!

—¡¿Qué quieres?! —lo miro exasperada.

—Tranquila fiera.

—Tengo trabajo y tengo que llevar esto al último piso.

—¿Para la secretaria de la jefa? —asiento sin darle mucha importancia—, ella trabaja en el primer piso.

En el primer piso... en el primer piso... ¿QUÉ?

—Dime que no es cierto. ¡Vengo del quinto piso! —mi respiración se agita.

No llego a darle esto y mi trabajo se termina en este instante.

—Es mentira, en el piso once está, no en el doce —sonríe complacido al ver mi reacción.

Hoy va haber sangre... pero no aquí.

—¡No es chistoso! —él comienza a reír a carcajadas y mi paciencia con él ya se esfumó.

—También tengo que ir hacia allá, sólo quería molestar un poco —vuelvo a subir sin prestarle atención—. No aguantas ni un chiste.

—No.

Ya me cae mal.

—Soy Thomas —vuelve hablar colocándose delante mío.

—Laira. ¿Te puedes mover? —lo miro a los ojos y el me guiña uno.

—Te ayudo, dame la mitad.

Bueno, por lo menos es amable a parte de ser pesado.

Estuvimos hablando en el camino. Es simpático, tenía razón, sólo me molestó para poder hablar conmigo.

—¿Cuál es tu función aquí? —pregunto mientras subo los escalones eternos.

—Soy uno de los contadores de la empresa.

—Interesante —terminamos de subir y nos dirigimos hacia la oficina.

—¿Vos estás en prueba?

—Exacto.

—bufa negando—. Suerte. Los molestan mucho ya que lo hacen para tener los mejores empleados —señala las carpetas.

—Ya veo.

Su irritante voz calmada hace eco en el lugar que estamos. Todos se han callado.
Como si ella es la que mandara, patético.

—Tardaste mucho. Ya iba a informarle a la jefa —dice mirándome mal.

—Los ascensor no funcionan y vengo de un quinto piso —me molesta su tono de voz.

—Funcionan excelente.

—Intenté subir y no.

—Ajá, como digas. Deja todas las carpetas en mi escritorio —asiento, y antes de entrar habla nuevamente—. Igual iré a notificarle a la jefa.

Pongo los ojos en blanco.

Me cae mal.

A muchos me caen mal.

Pero a ella más.

—Yo tenía que hablar con ella.

—¡Cierto! —muerdo mi labio mirándolo sorprendida—. ¡Ve!

—Mejor no. No era importante.

Entramos y dejamos todo. Observo un poco el lugar pero es casi igual al mío, sólo que tiene una ventana negra y cortinas negras. Nada nuevo, nada del otro mundo.

—Laira —lo miro y él me indica de que salgamos.

—Sí.

—Ahora tendremos que bajar... por las escaleras.

—No hay tanto problema en eso.

—Tengo que hacer otras cosas así que tendrás que volver sola.

—Está bien.

—Más tarde pasaré por tu oficina para darte la dirección de la fiesta que habrá el fin de semana.

—Sí, claro —le sonrío alegre.

Da vuelta y se va.

Ups. Me olvidé de describirles como es él. Sí, así de olvidadiza soy.

Es alto, si mal no me equivoco un metro noventa llega. Rubio, ojos verdes y de tez blanca. El sueño de muchas chicas...
Se veía que era mucho más grande que yo por su aire de superioridad y sus facciones. Pero igual es simpático... esperen, ya lo dije.



María Carrizo

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En el texto hay: amor, dolor, odio

Editado: 27.02.2020

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