Jamás pensé en el Amor

Capítulo 8

El día siguiente, la Jefa nos dio permiso para acompañar a Carlos en el aeropuerto. 

Los únicos que vinimos son: Rosa, la señora Rodríguez, tres amigos más de él y yo.

—Gracias a todos por haberme acompañado, espero verlos pronto —deja su valija a un costado al ver que nos acercamos.

Todos les damos un abrazo y al rato se van. Sólo quedamos él y yo.

—Te extrañaré... —le digo y lo abrazo llorando.

—Yo igual linda... —me mira y está por decir algo, pero avisan que su vuelo está por salir.

Mi amigo...

—Nos vemos... —agarra mi mano fuerte y la suelta.

—... Adiós... —me mira una vez más y se va.

Sigo mirándolo hasta que lo pierdo de vista... voy a llorar de nuevo...

Ya no debo ser débil, ya no... 

El pecho me duele y siento que mi última gota de felicidad se va con él.

Ahora, no siento nada.

Estoy por salir pero comienza a llover. Yo no traje casi nada de abrigo. El otoño parece que va a ser feo, al principio no se sentía ya que a penas ha pasado un mes de dejar el verano atrás. 

Dejar atrás... dejarlo ir.

Voy a odiar esta estación porque me ha quitado casi todo lo que tenía y me hacía feliz.

Te estás volviendo loca.

Me estoy volviendo loca.

Pido un taxi para ir rápido a la empresa. Nos dió el permiso la Jefa pero tampoco para abusar de su confianza. 
Me arrepiento de no haberle dicho que sí a Felipe, me daba apuro que hiciera todo él.

Aunque en realidad lo necesito, llevamos veinte minutos atascados en el tránsito. Quisiera decirle al chofer de que tome el atajo pero quedaríamos igual ya que esa parte está llena de semáforos.

¡Que gran día el mío!


Una hora después llego al trabajo, entré a escondidas y creo que funcionó... creo.

—Stone, en veinte minutos necesito esto en mi oficina —me sorprende a mitad de camino el señor Muñoz, con una carpeta grande. 

—¿De? —trato de adivinar su humor en su rostro lleno de ojeras y su gran expresión demacrada.

—Presupuesto de las últimas inversiones del mes —me da la carpeta, no, me tira la carpeta en mis brazo y sigue caminando. 

Lo detesto, siempre me molesta cuando se lo propone.
No tengo la culpa de que se haya divorciado de su mujer, la casualidad es que todos los días es conmigo los problemas. 

Entro a mi oficina y el teléfono empieza a sonar.

—¿Hola?...

—Laira —la Jefa—, te necesito rápido, ahora.

Corta de repente y no evito que mi cuerpo se tense. Espero que no sea nada malo.

Antes de salir me arreglo un poco y voy rápido a su oficina, o sea, a presidencia, donde todos los empleados tienen miedo si quiera de llegar al último piso, y yo justamente lo estoy haciendo en este instante. Tuve que correr algo ya que las puertas justo se abrieron y fui la única en entrar, rápido pude subir y aquí estoy, en frente de la puerta. Toco y me dice que pase. Cierro despacio y me siento en frente de ella.

—Laira, te he visto cómo trabajas, con dedicación y esfuerzo. Quiero hacerte una propuesta —se aleja un poco del escritorio haciendo un leve sonido seco al arrastrar la silla. Otra vez luciendo el color negro con su vestido... algo atrevido, algo típico de ella—. Podrás seguir trabajando en el mismo lugar en donde estás pero también que seas mi secretaria personal. ¿Qué dices? Obvio que tu sueldo va a subir si es lo que te preocupa.

¿Que sea su secretaria?

—¿Puedo serlo? —pregunto dudosa. 

Yo aún sigo en periodo de prueba, sólo un mes más y sabré si estoy o no adentro realmente. 

—Cierto que estás en prueba, pero lo consideremos dentro de esos términos esto también. 

Si así lo dice... No lo pienso y pregunto:

—¿Y qué sería exactamente lo que haría? —porque así de fácil no puede ser.

Entendí que seré su secretaria, pero no exactamente mi función específica. 

—Me ayudarás en muchas cosas serás... —me mira a los ojos dejando de hablar, toma aire y continúa—, como la segunda en dirijir la empresa. También seguirás con tu trabajo. Aver si me explico, quiero poner orden de verdad, que nadie se tome el trabajo como un juego, así que me ayudarás a poner disciplina aquí. 

Se levanta caminando a la ventana con los brazos cruzados. —Quiero que seamos la mejor empresa, una empresa seria y fuerte. ¿Aceptas o no?

No me ha convencido mucho sus respuestas, pero que da. ¿Cuándo se te ofrece así una gran oportunidad?

—Sí, no se decepcionará de mí, se lo prometo —me sonríe de una forma que no puedo interpretar... ¿cariñosa?

Me explica unos últimos detalles para por fin dejarme salir de su oficina.
Quizás esto se pondrá mucho mejor de lo que pensé. 


—Veinte minutos te di, Stone —en sus ojos desprende furia—. Ya llevas treinta y siete minutos y aún ni terminas.

—Estoy haciendo lo que puedo, señor Muñoz.

Apoya las manos en su cintura levantando sus brazos, quiere hacerme sentir peor pero con todo lo sucedido en este día, ni me afecta su mirada de odio.

—Creí que eras más calificada, no entiendo lo que vio en ti la Jefa.

—Pregúntele usted a ella —me encojo de un hombro y señalo a la puerta.

—¿Y todavía tiene el descaro de faltarme el respeto? —sus ojos grises se iluminan, brillan por la rabia.

—No estoy faltándole el respeto, señor...

—Niña insolente —toma la carpeta y sale dando un portazo.

Ya dije, lo odio.


En el camino a casa, fue un silencio incómodo con Felipe. No sabía cómo comenzar una conversación. Él solo está sumergido en sus pensamientos.
Al llegar, le digo buenas noches pero que ni siquiera contesta, y voy a mi habitación. Hoy no tengo ganas de nada. Antes de entrar lo miro y veo que sigue perdido. ¿Qué es lo que le habrá pasado?

Siempre un baño antes de ir a dormir después de un día agotador, me resulta desestresante. Tomo la toalla, ropa interior y un camisón verde agua, sin dudar entro al baño.

Se suponía que me iba a relajar, aunque me sigo sintiendo igual.
Me he mirado al espejo varias veces para tratar de ver cuál es el problema en mí, hasta que lo encuentro. Mis ojos marrones que tanto me gustan, ahora se ven vacíos, ¿por qué?

Ya que lo recuerdo, al haber despedido a Carlos sentí como si parte de mi energía positiva se fuera. Algo que jamás sentí, me fue y sigue siendo extraño. 

¿Qué está pasando en mi vida?



María Carrizo

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En el texto hay: amor, dolor, odio

Editado: 27.02.2020

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