Jamás pensé en el Amor

Capítulo 9

Felipe:

Escucho un ruido en las escaleras y es Laira viniendo. Escondo los papeles rápido y voy a la cocina con ella. 

—¡Buenos días Laira! —digo en tono animado.

—Buenos días —dice seria—. Tengo que irme rápido o llegaré tarde.

—¿Tarde? —miro el reloj que marca las 06:50am.—, es temprano aún.

—Soy la nueva secretaria de la jefa. Al irse Sofía, ella se quedó sin nadie que la ayudara. Me ofreció el lugar y acepté. Pero igual trabajo en mi oficina a la hora de siempre y termina cuando todos se van, vuelvo a quedarme como secretaria toda la noche hasta las 23pm. —lo dice tan normal que hasta a mí me confundió. 

¿Y las prácticas? No es que quiera arruinar su momento ni nada de eso, solo que me parece muy precipitado todo y a parte, mucho para una novata.

—Entiendo. Quería decirte... —mira al reloj asintiendo.

—Ya es hora, me voy nos vemos allá —me da un beso en la mejilla y se va.

Ahora comprendo lo que hizo. Muy astuta. ¿Quiere jugar?

Después de desayunar tranquilo, voy a mi habitación a prepararme. Un baño frío para despertar bien, y al salir, la ropa de siempre: traje y pantalón de vestir negro, camisa blanca. Coloco en mi muñeca el reloj que mi padre me dio de niño, un poco de perfume, por último los zapatos y tomo el maletín saliendo rápido de ahí. 

Esto me hace recordar a la universidad, algunos me miraban raros, a otros les daba igual, pero era y es mi forma de lucir.

El mensaje que recibí me tiene preocupado y perdido. Cuando me doy cuenta ya había llegado. Tuve que salir antes porque sino me agarraba el tremendo tránsito de aquí. 

Entro confirmando mi hora de llegada, me dirijo a ver a Rosa, me preocupa cómo está.
Al no darme cuenta choco con alguien. Le dedico una mirada fría, tenía que toparme con ella, sé que lo hizo apropósito. Sus ojos azules me observaban con rencor, parece que ella aún no lo acepta. Sigue de largo y yo la ignoro. Tendrá que pasar página como yo lo hice.
Gracias a ese "encuentro" perdí el ascensor, así que me tocó subir por las escaleras hasta llegar al séptimo piso. 

Entro a su oficina con nervios. La veo y no lo pienso la abrazo.

—¿Estás bien?, ¿te hicieron algo? ¡Contestame! —me corresponde el abrazo escuchando sus sollozos, derrumbándose por completo.

Espero que no haya pasado nada porque no seré consciente de mis actos. A mi mujer, porque sí aunque llevemos poco tiempo juntos la considero mía; el que la toca, lo paga.
Escucho como deja de llorar y se separa un poco de mí.

—Si, si estoy bien —seco sus lágrimas y ella sigue hablando con pequeños sollozos—. Lo que sucedió fue que estaba por entrar a mi casa y me agarraron, no pude ver quiénes eran pero te aseguro que una era mujer. Me dejaron en una sala, que parecía estar como abandonada no había nada y estaba un poco sucio.

Su mirada se pierde en algún punto de la oficina, seguro recordando. —Me empezaron a decir que es lo que sabía y tramaba, me gritaron y un momento una mujer salió y su rostro estaba tapado. Amenazó de que si no le contaba lo que sabía, que te iba a hacer daño y... eso me puso más nerviosa.

—¿Qué es lo que le dijiste?

Fue una mujer...

—Que sólo había encontrado unos números de teléfono y que a vos no te interesaron porque no era suficiente información... y si lo que estás pensando ¿cómo es que me creyeron?, les repetí mil veces eso, hasta que te llamaron y te dijeron todo.

Me quedo pensando en todo lo que dijo y creo que ya sé quién es.

—No te preocupes ya pasó todo... —miro al costado del escritorio y se ve un bolso arriba de otras dos valijas—. ¿Y eso? 

Señalo lo que hay y ella se pone delante para que no toque o vea. ¿Y ahora qué?

—Nada. Bueno, te sirvió... —la corro y entiendo lo que quiere hacer—. Tenía que irme de ahí, ellos ya saben dónde vivía y me preocupé un poco así que... —la interrumpo. 

—Era necesario, pero ¿a dónde vas a ir?

—Alquilaré algún departamento hasta que se calme las cosas.

Sí claro.

—No nada de eso, te vendrás a mi casa y punto. Igual nos vendría bien tu compañía —le dedico un sonrisa y ella empieza a negar con la cabeza.

—Perdón, pero no Felipe. Gracias, pero ahora estás con... —se escucha la puerta abrir y vemos a Laira con unos papeles.

—Perdón si interrumpo algo, pero traigo estos archivos para vos Rosa —me mira y su expresión sigue sin cambiar—. Felipe, hace rato empezó el trabajo son las 09:30am. debes trabajar.

¿Tan rápido pasó la hora?

—Si lo sé. Sólo que Rosa tuvo un problema y quise hablar con ella —me seguía mirando frunciendo levemente el ceño—. Rosa irá a vivir a nuestra casa. ¿Qué dices?

—Eso sería bueno, estoy de acuerdo, si necesitas algo contá con nosotros, eso no lo podes negar.

—Bueno está bien —nos dedica una sonrisa tímida.

—Tema arreglado. Buelvan al trabajo rápido —nos habla con voz autoritaria.

—Sí, yo tengo que hacer una consulta así que nos vemos.

Paso por al lado de ellas y me dirijo hacia presidencia. Debo saber si es verdad lo que estoy sospechando.

Al llegar entro sin permiso. Estoy tratando de contenerme y no descargar la rabia que llevo. Levanta la mirada observando mi rostro confundida. 

—¿Qué te sucede ahora? Entrar de esa manera no se debe. 

No la escucho y hablo.

—No sé que quieren, pero te aseguro que pagarás caro si le hacen algo de vuelta —le dedico una mirada envenenada y espero a que responda, pero sus ojos están llenos de intriga. 

—¿Qué ha pasado?

—No te hagas que no estoy de humor para juegos. Vos y alguien más prepararon el secuestro, y te informo que no juegues con fuego.

—Yo ni siquiera sé lo que me dices... y esperá, ¿a quíen secuestraron?

—No creo lo que dices.

—¿Fue a Rosa entonces? —acomoda su cabello—. ¿Por qué?

—No lo sé pero ni te acerques a ella —doy dos pasos a ella.

—Felipe entendé que quiero ayudar. Y si no me dejas, lo haré yo misma. Pero la respuesta es para ambos así que vos no te quedas atrás ni yo tampoco —me dedica una mirada decidida y algo fastidiada.

—Hacé lo que quieras, pero no te metas con ella —le devuelvo la mirada pero de advertencia.



Narra Laira:

Si que decía verdad la Jefa, es mucho trabajo. Me dejó varias cosas que hacer y aún no termino lo mío. Vinieron a buscarme para ir a la sala ya que es la hora del descanso, pero quiero seguir con lo mío o me atrasaré más de lo que pensaba. 


19:50pm. 

El edificio está quedando vacío, ya que es hora de irse de los demás. Pero para mí sigue el trabajo, lo único que debo hacer es controlar y seguir con lo mío porque aún sigo en tiempo de prácticas.

Doy una vuelta para revisar que todo esté en orden.
Vuelvo a mi oficina y me quedo pensando sobre Felipe y mis padres. Aún no puedo entender que relación tienen, cómo es que ellos lo conocen y también el parecido de Felipe y yo. Puede que sea coincidencia, algo que no creo mucho.

¿Y si hago alguna investigación? No recuerdo mucho de niña, pero esta curiosidad me carcome cada vez que pienso en eso. Podría hacerlo pero sin que se entere alguien.

¿Cómo empiezo? Las cosas de la casa de Felipe, ahí tendría mi primera pista. En la hora del almuerzo iría y buscaría.

De mi vida, hasta donde yo sé, somos mis padres y yo, una familia chica. Antes tuve dudas con respecto a ellos, su cariño no lo sentía como cómodo, se veía forzado sus gestos. En mi adolescencia intenté saber un poco más pero repetían lo mismo varias veces por lo tanto me dejaba más desconcertada porque sentía que habían espacios en blancos que, o no me querían contar, o era mi impresión inventar esas dudas. Y ahora que ellos me abandonaron, no dudo nada. 
Mi historia, o mejor dicho la que me contaban "mis padres", era que un día habíamos salido los tres a dar un paseo, un auto que iba por el otro lado a gran velocidad cruzó y nos impactó de frente, por lo tanto fue muy grande el choque. Ellos salieron con algunos golpes, yo con la mala suerte de que mi cabeza se golpeara muy fuerte provocando a lo que me llevó a perder casi toda la memoria. A mis ocho años sufrí ese trauma que costó llevarlo. Estuve años con tratamientos. Al recuperar un poco la estabilidad fue cuando se crearon dudas por no recordar bien. A veces trato de recordar pero veo borroso así que no puedo...

El teléfono suena sacándome de mis pensamientos, inmediato contesto. —Stone.

—¿Todo en orden?

—Todo en orden, Jefa.

—Espero continúe así los siguientes días, estás haciendo un buen trabajo —corta antes de que pueda contestarle. 

Bueno, me quedo satisfecha con lo que dijo.

Como dije, no pierdo nada investigando por mi cuenta.


Ya a la hora de irse no veo a Felipe, capaz que está ocupado con la mudanza de Rosa. 

Siento de la nada que alguien me empuja por atrás, doy vuelta y es un hombre, como de mi edad más o menos, muy alto, ojos marrones oscuros, cabello negro y de tez blanca.

—Perdón, de verdad, venía distraído y no te vi —parecía arrepentido.

—No importa, también venía distraída —se queda mirándome haciendo que me empiece a poner nerviosa. 

—¿Qué hace una chica como vos, joven, a estas horas de la noche? —sonríe y levanta una ceja.

¿A caso no me ve como estoy?

—Vengo del trabajo —respondo indiferente. ¿Por qué le contesto?—. ¿Y vos?

¡¿Y ahora por qué le pregunto?!

—Igual —levanta su maletín confirmando lo que dice.

Enserio no sé qué hago así, no me importa y pregunto como si me interesara. Por lo menos soy cortés. 

—Debo irme —retrocedo para continuar mi camino.

—Un gusto —inclina leve la cabeza y dobla a la derecha cruzando la calle.


Cuando llego a casa veo a Rosa subiendo las escaleras con una caja y Felipe viene bajando. 

—Laira, perdón que no te fui a buscar, como ves estamos ocupados aún. Y te quería dar esto —me da tres llaves—, estas son de distintos lugares. La primera es de la puerta principal, la segunda es de la puerta trasera de la casa y la tercera es de tu habitación.

No lo creo.

—Bien. Gracias. Voy a cambiarme y vuelvo —¡lo tengo sin siquiera pedirlo!

Rápido me cambio por un conjunto sencillo cómodo para pasar el rato y luego para dormir. 

Después nos reunimos en la cocina para cenar unas deliciosas empanadas de carne y vino tinto para acompañar. Ellos se entretenían hablando y riendo. Pero mi mente está en otro lado que no me puedo concentrar en lo que dicen.

—¿Laira, estás bien? —reacciono al sentir que me tocan—, te ves mal.

—No. Estoy bien, un poco cansada. Disculpen, voy a dormir, buenas noches.

Escucho que responden mientras me dirijo a las escaleras. 

Voy despacio subiendo y miro hacia el costado derecho que hay cuadros. Están sucios y no puedo ver la foto. Limpio uno y veo a dos niños chiquitos y dos más grandes. Mi mirada se centra en la de los dos más grandes. Siento que los he visto.

Un bostezo interrumpe mi concentración, sigo subiendo llegando a mi habitación.



María Carrizo

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En el texto hay: amor, dolor, odio

Editado: 27.02.2020

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