Juego del destino

Capítulo I

Cambio de velocidad para aprovechar el caos dejado atrás, y que yo mismo provoqué, para acelerar de nuevo mi moto y enseguida perderme en el tráfico. Después de unos minutos elijo un escondite para mi resguardo.

Me encuentro en un estacionamiento alejado de la escena de hace minutos, una vez allí saco mi teléfono móvil y marco al comando, después de notificar lo sucedido y dar mi ubicación termino la llamada para esperar el equipo de operaciones. Estoy alerta con mi arma en la mano cuando al pasar al menos 10 minutos, veo como dos camionetas del cuerpo llegan a mi escondite improvisado. Roberto es quien baja primero con su arma desenfundada. 

-¿Estás bien? Pregunta al llegar a mi lado.

-Sí, solo cuatro malditos intentando asesinarme pero nada que lamentar. Digo con ironía.

-Me alegro encontrarte bien, aunque esa abolladura en tu moto sí que dá pesar.

Al dirigir la mirada hacia donde él señala, efectivamente veo que parte delantera de la moto tiene una enorme abolladura. Es aquí donde caigo en cuenta de que arrollé a alguien a unos pocos metros de aquí.

-¡Mierda! En mi escape irrespeté una luz roja y arrollé a un peatón. Creo que fué a una mujer. Era mi vida o la de ella digo para excusarme.

-¡Uf! Espero que se encuentre bien. Agrega Torres quien también está con nosotros.

Veo como un compañero que jamás he visto, y quién de seguro es algún novato, toma mi moto y sale del lugar, mientras subo a la camioneta y enseguida salimos del estacionamiento. Los cuatro vamos alerta ante cualquier posible persecución, veo que cada uno, al igual que yo, lleva su arma desenfundada por si estamos frente a un ataque. Avanzamos por la ciudad sin ningún contratiempo y minutos después estamos en el comando.

Doy mi reporte de los hechos a mis compañeros y superiores para que estos sean reseñados en un informe detallado y sé, que inmediatamente comenzarán las investigaciones sobre lo ocurrido, luego de describir todo lo que sirva de ayuda, como características físicas, modelo de motos, tipo de armas que usaban los tipos, noto que algo comienza a hacer eco en mis pensamientos, y es el paradero de la persona a quién arrollé.

-Necesito un reporte sobre el accidente en la avenida. Digo a Torres, mientras los demás salen y quedan solo Cristóbal, un hombre afrodescendiente quien lleva al menos cinco años en el equipo y Roberto.

-Hay que ver quien está de guardia, pero creo que sí. ¿Preocupado por el peatón? Pregunta Roberto sirviéndome una taza de café.

-Quiero saber su estado. Digo mientras recibo la taza y la llevo a mis labios.

-Yennifer es quien está de guardia, así que no creo que tengas ningún inconveniente Tigre.

No hago caso al comentario de Cristóbal por lo que terminando mi café, salgo rumbo al ascensor para dirigirme al quito piso, donde funciona el equipo telefónico de respuestas a emergencias. Camino saludando a algunos colegas quienes preguntan por lo ocurrido y es que en lugares como estos las noticias corren veloz.

-Nada de que preocuparse. Contesto mientras voy a la oficina de llamadas para enseguida encontrar mi objetivo.

Yennifer Colmenarez es una mujer rubia, guapa y con un par de senos grandes que algunas veces comparte una noche de tragos y algo más conmigo. La observo que se encuentra detrás de una enorme pantalla en donde se observa el tráfico de la ciudad desde diferentes ángulos. Como ella aún no me ha visto, me devuelvo y voy directo a la maquina dispensadora de café, sirvo una pequeña taza y voy hasta donde ella se encuentra. Me siento a su lado y le entrego su café, cuando se percata que soy yo, sonríe quitándose los audífonos.

-Gracias. ¿Y esto se debe a qué? Pregunta reposando su espalda en la silla y colocándose en frente de mí.

-Necesito una información. Digo mirando su rostro lleno de maquillaje. Aquí me doy cuenta que en las innumerables veces que nos hemos liado, ella nunca se ha mostrado sin maquillaje.

-¿Que si puedo tomarte en mi tiempo libre? Pues para tu tristeza. No. Tengo que cubrir varias horas. Dice mientras sorbe un poco de su café.

-Una lástima. Aunque en este momento no es eso de lo que te hablo, sino que necesito saber cuanto antes un accidente en la avenida Baralt con 7ma Oeste hace algunas horas, y el paradero del arrollado. Después de eso quizás te invite a salir y repetir lo de la otra noche.

-¡Ja! ¡Eres un pícaro Caín!

-¿Lo deseas o no? Digo con voz seductora.

-Ya te tengo lo que pides. Dice desviándose del tema y la veo colocarse el auricular para después de marcar unos números en el teclado. Escucho su conversación con quien sea que está detrás de la línea, y después de aceptar algo que se oye a una salida de mujeres, enseguida escucho que le pide la información que necesito. La veo tomar notas de algo y seguidamente después de una larga despedida termina la llamada.

-Aquí tienes. Dice mientras me entrega el trozo de papel y veo la dirección de la clínica. Se enseguida donde está porque allí mismo trabaja Vanesa la esposa de Roberto.

-Pero que buen samaritano. Dice mientras me levanto hacia la puerta no sin antes guiñarle un ojo, y antes de cerrar añado.

-Sabes que en realidad no lo soy y mi trabajo lo confirma. Digo alejándome del lugar.

Al tener el día libre decido ir a saber el paradero del peatón a quien arrollé. Después de quitar la llave de una unidad salgo hasta el estacionamiento y esta vez tomo la Merú, la enciendo y me alejo de allí hacia la clínica, no necesito echarle un vistazo a la dirección porque muchas veces Roberto y yo hemos venido por Vanesa, y en algunos casos he venido a traerla o llevarla cuando su esposo no puede hacerlo.

Voy camino al lugar, no sin antes percatarme esta vez de algún auto o motorizado que quiera darme caza, pero al darme cuenta que no es así. Tomo el camino más rápido para la clínica y en 25 minutos estoy allí, camino hacia recepción y valiéndome de mi trabajo pregunto por el peatón arrollado y miento alegando que busco información para la investigación del caso.



Abeja Ajetreada

Editado: 08.01.2021

Añadir a la biblioteca


Reportar