Juego del destino

Capitulo L

Salgo del lugar y no le presto atención a los gritos de Roberto, es el único que sabe como me siento en este momento. Llego al estacionamiento y cojo las llaves de moto, para enseguida salir hacia donde mi novia se encuentra con su primo... Un primo que es peligroso y no conforme con eso está enamorado de ella. Voy a exceso de velocidad pero en este momento estoy lleno de rabia y preocupación, no sé si es por su encuentro con esa persona o por los celos de saber que está con ese hombre.

Prometiste que no te verías con el.

Avanzo por la ciudad y a unas cuantas cuadras, diviso el enorme edificio donde ellos están, estaciono la moto a un lado de la calle y entro al agitado lugar. Al llegar no sé dónde se encuentra el maldito café, pero al ver a un guardia de seguridad no lo pienso dos veces en preguntarle. Al oír la indicación me dirijo hacia la parte oeste del centro comercial y un gran letrero negro me muestra que estoy en Café Express.

Las mujeres siempre estuvieron presentes en mi vida. Desde que era adolescente comencé a relacionarme con ellas y siendo adulto no puedo negar que muchas de ellas sirvieron para vivir momentos de placer. Nunca me preocupé de que salieran con otros hombres, en una oportunidad salí con una mujer casada y no me importó que estuviera conmigo y luego se fuera con su esposo o viceversa.

 Pero esta vez es diferente.

Al ver a mi prometida sentada a muy poca distancia de ese hombre, hace que pierda los estribos, ella es mía, y no voy a permitir que ningún maldito infeliz la aparte de mi lado. Avanzo por el lugar y el es quién primero me ve y al hacerlo toma de las manos a mi novia. Por lo que, en dos grandes zancadas estoy a su lado, la arranco de su agarre, y sin pensarlo dos veces levanto mi puño y se lo acento en la cara. 

El yace el suelo aturdido por mi golpe mientras Elisa se lleva las manos a la cara y me mira con ojos de par en par. Las personas a nuestro alrededor gritan por lo ocurrido, pero los ignoro. Veo a mi prometida y puedo distinguir que antes estaba llorando porque aún tiene las pestañas húmedas.

-Así que estas aquí. Que curioso. Dice el muy cretino mientras se levanta y saca un pañuelo para colocárselo en la orilla de su boca que sangra.

- ¿¡COMO TE ATREVES SI QUIERA A POSAR TUS SUCIAS MANOS EN ELLA!?

-Caín... No es... Levanto mi mano y hago ademán que guarde silencio. Ella no dice nada y en el fondo se lo agradezco.

-Que sea de tu conocimiento que ella es MÍA. Amenazo.

-No por mucho tiempo. Dice el maldito de Hugo Lievanov mientras se acomoda la solapa de su traje..

- Ambos lo sabemos. Ya va siendo hora de que se entere quien verdaderamente eres. Dice mientras una sonrisa se dibuja en su rostro.

-No sé de qué diablos hablas, pero que sea la última vez que la contactas, porque de lo contrario te las verás conmigo.

-¿Me arrestarás? Sé de muy buena fuente que tienes la potestad de hacerlo.

Al oír esto me le voy encima y enseguida varios hombres de seguridad me retienen para que no vuelva a partirle la cara a ese imbécil. Trato de zafarme pero no logro hacerlo, veo a Elisa acercarse a su lado.

-Es mejor que te vayas.

-Si así lo quieres. Pero cuídate mucho y contáctame cuando sepas algo. Eli Sabes que no permitiré que te pase nada.

-Gracias por hablar conmigo.

Mientras los oigo, siento náuseas y es que en este preciso instante me siento traicionado por la mujer que es mi prometida y que dentro de poco será mi esposa. Después que Lievanov se retira del lugar los de seguridad me sueltan y enseguida Elisa está en frente de mí. Ambos nos miramos fijamente y ninguno dice nada, solo se oyen nuestras respiraciones y antes de tomar la palabra Elisa avanza y me deja allí solo.

-¡No vengas con que estas molesta! Digo mientras la sigo y noto las miradas de las personas cercanas al local.

-Te viste con él a mis espaldas ¡Me lo prometiste!. Le hago saber mientras ella camina hacia la salida pero al oírme se gira y quedamos frente a frente.

-No sabes lo que dices.

-¿Perdón!? Me prometiste que no aceptarías verte con ellos y te encuentro aquí con... con él.

-Yo no prometí nada. Dice y por la forma en como aprieta la mandíbula sé que está enojada.

-Aún no entiendes el peligro de esas personas y decides verte con uno de ellos. ¿¡Quieres que te maten!?

-¿Sabes que Caín!? Tú no sabes nada.

-Créeme que se mejor que tú, la clase de escoria que son los Lievanov.

-Yo soy una Lievanov. Agrega y me fulmina con la mirada para alejarse de mi lado.

-Te vendrás conmigo. Le hago saber mientras la sujeto por el brazo y ante mi toque, se sacude librándose de mi agarre.

-Vine sola y sola me iré.

-¡COMO QUIERAS! ¡A LO MEJOR HASTA QUIERAS VERTE CON EL EN OTRO LUGAR! Grito a su espalda mientras ella se aleja dejándome solo, en medio de un centro comercial y sintiendo hervir de rabia por todo lo que ha sucedido.

Llego al centro de operaciones y por las caras de mis compañeros de grupo, se que ya saben todo lo que ha ocurrido, aún no se quién es el informante de este caso, pero se que envía constantes reportes de los que la banda hace. Ya algunos saben de mi altercado con un Lievanov. Al entrar a la sala la mirada de mis compañeros me lo confirman, no preguntan nada porque saben que sería capaz de partirle la cara al primero que lo haga, al verme enseguida desvían la mirada y continúan en lo que estaban.

A Roberto lo veo al final de la sala, y enseguida viene hacia donde me encuentro, me alejo del lugar hacia los dormitorios de descanso y al entrar descargo mi ira con una mesa de la estancia, después tomo una silla y la estampo contra la pared, mientras tomo pequeña cama y la levanto de su sitio.

-Tendrás que pagar lo que has roto. Dice Roberto aún en la puerta del dormitorio.

-¡Me importa una puta mierda este lugar!.

-Los demás se enojarán si lo destruyes por completo.



Abeja Ajetreada

Editado: 08.01.2021

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