Karion: Reencarnación en lobo

Sueño, despertar y el cristal de hielo

Un vacío tan grande e infinito que parecía absorber toda la luz de la existencia, tan profundo que daba la idea que cualquier forma de vida se vería inmediatamente despojada de esta y tan sobrecogedor que me hacía estremecer con cada fibra de mi ser. Vacío del cual súbitamente surgieron dos figuras de las cuales no podía distinguir más que sombras difusas, y que aun así su mera presencia hacía empequeñecerlo todo. Surgiendo de la nada para enfrentarse en un espectáculo de luces tan sorprendentes y majestuosas que parecían tener la capacidad de dar vida y quitarla con increíble facilidad. Fue un enfrentamiento tan trascendental que parecía haber existido desde siempre y el cual parecía nunca iba a acabar, hasta que se acabó.
 

Finalmente, una de las dos figuras pareció terminar con la otra, en un movimiento que parecía hacer dotar de energía al mismo cosmos, y que llevaba tal poder y destrucción que personificaba el significado del terror mismo. Incluso tras eso, la figura que fue azotada y herida con semejante poder, mientras desaparecía en su aparente muerte, llevó toda las últimas partículas que la componían a la primera figura. Esto en un movimiento que parecía corromperla y difuminando su brillo cada vez más hasta que su existencia se comprimió en un punto antes de poder desaparecer del todo. En ese instante todo se expandió, de la figura restante surgió una cantidad de luz tan deslumbrante que hacía palidecer al mismo astro rey, y lo peor, parecía aproximarse hacia donde estaba yo. En ese instante fui cegado en un blanco tan puro y brillante el cual nunca creí posible que pudiese existir, y en ese preciso momento, desperté.
 

Tenía el ritmo cardiaco hasta las nubes, la respiración a mil hiperventilado y empapado en sudor sobre la cama de mi departamento. Era un sueño recurrente que me había estado acosando durante todos mis 27 años de vida, apareciendo tan súbita e inesperadamente que me hacía preguntarme realmente de qué se trataba. Aun así podían pasar desde días hasta un par de años entre lapsos para que lo volviese a tener, sumado al hecho de que no me afectaba en mi vida cotidiana, por lo que nunca le tomé verdadera importancia. Lo más molesto resultaba cuando lo tenia estando en alguna relación con alguien, por lo que cuando mi pareja en aquel momento me preguntaba porque me despertaba en semejante condición, no me quedaba más que explicarlo todo mientras la veía extrañarse. De todas formas, lo deje pasar como cualquier otra vez que lo haya tenido y me empecé a alistar para dirigirme al trabajo.
 

Era un programador senior en una empresa de desarrollo de aplicaciones, esto después de haberme hecho la carrera de ingeniería gracias al soporte de mi madre. He vivido relativamente bien sin mayores complicaciones desde mi infancia; debido principalmente a que mi madre tiene un par de empresas que administra bastante diligentemente. Por lo que, aunque no éramos millonarios ni nada por el estilo, si estaba relativamente acomodado. Esto sumado a que soy hijo único y siempre me crió con cariño. De manera que he crecido experimentando la vida, con amigos, un par de relaciones que no llegaron a nada más, mi trabajo actual que me apasiona bastante y ahora mi propia casa. Y aun con todo eso, aunque vivo feliz, siento que me falta ese algo más que no me deja estar completo y que sumado con ese extraño sueño, me da una intensa curiosidad acerca de qué más hay allá fuera.
 

Terminando de alistarme y sumido en aquellos pensamientos, disponía a pasar por el umbral de la puerta cuando me invadió una sensación que nunca en mi vida había experimentado, al menos no a ese nivel. Era un dolor tan intenso que sentía como mi piel, músculos y huesos de todo mi cuerpo se rompían solo para proceder a desgarrarse cada vez más en un nivel tan profundo y terrible que llegue a pensar que ninguna tortura humana podría alcanzar ese nivel. Y definitivamente lo que suponía lo peor de todo es que estaba completamente consciente del proceso, sintiéndolo tan real e integro en todo el cuerpo que podía jurar experimentar cómo cada célula individual, y de manera simultánea con el resto de los millones de ellas, se desintegraba hasta un nivel atómico dejándome en un estado donde hubiera preferido simplemente morir que experimentar aquel sufrimiento que estaba seguro ningún ser vivo había experimentado jamás. Era algo agónico y tan indescriptiblemente intenso que, aunque hubiesen pasado solo unos pocos segundos, lo sentía como si llevase días en aquel proceso que me hacía querer gritar y llorar hasta mas no poder y que así como aquel sueño, todo simplemente se detuvo.
 

Al recuperar la conciencia empecé a abrir lentamente los ojos teniendo una vista difusa, con un cansancio y agotamiento que me atrapaban en una increíble pesadez. Todo me parecía extraño y aunque estaba completamente desconcertado acerca del cuándo y el dónde de la situación en la que me encontraba, recordaba con una increíble lucidez todo lo que me había pasado, incluido aquel nefasto momento en el que me pareció haberme desintegrado. A pesar de lo que había acabado de experimentar me encontraba extrañamente tranquilo y sin secuelas de aquella tortura como si simplemente no hubiese pasado, a pesar de lo extremadamente real que la recordaba.
 

Conforme pasaron los segundos empecé a recuperar la visión para sorprenderme con la vista de una especie de gran estancia dentro de una cueva en la que parecía encontrarme. Sin dejar de estar extrañado con esto, me extrañó todavía más que apenas y podía sentir moverme, como si aquel no se tratase de mi propio cuerpo. Reforzando esta idea, que en un principio descarte como locura, se sumó que mis demás sentidos parecían estar despertando de aquel letargo en el que aparentemente se encontraban, abrumándome con una gran gama de señales sensoriales que jamás había experimentado provenientes del olfato y de la audición.
 

Al punto en que podía percibir la humedad de aquella cueva en un nivel completamente nuevo, llegándome las señales a mi olfato de este estado inherente de aquella fría cueva, sumado de otra gran carga de diferentes señales que me eran imposibles identificar o aislar. Además, podía escuchar a las gotas escurrir por las estalactitas para liberarse y finalmente caer al suelo donde, ya en una gran cantidad, continuaban su camino para filtrarse por el suelo, así como el sonido del caminar de algún bicho que recorría aquellas rocosas paredes.
 



Fenrior

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En el texto hay: romance, magia, reencarnación

Editado: 20.01.2021

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