La familia Wesley

Capítulo 4: La cabeza para los exámenes y el corazón para mi amor

El atardecer no tardó en llegar. La gente ya había empezado a marcharse y nosotros pronto nos iríamos también. Tom estaba tirando piedras al río, Charlie y Sandy hacían castillos de arena que se derrumbaban al segundo, y mamá y papá dando un paseo por ahí. Sin embargo yo seguía pensando en él, en Michael, no ha salido de mi cabeza en todo el día ¿Será verdad lo que dice? Quizás esa asquerosa fue la que le besó y no él. Solté un gruñido y me tapé la cara con las manos frustrada, maldito sea el día en el que naciste Michael Brown.

—Hey —miré a mi hermano y observé como se sentó a mi lado—. ¿Todo bien? —preguntó—. Todavía sigues pensando en él ¿no?

Junté mis manos y asentí. Era imposible sacárselo de la cabeza, encima hacía días que mis amigas no me escribían por lo que no tenía ningún cotilleo interesante de sus vidas.

— ¿Crees que seguirá por aquí Tommy?

—Ni idea. Quizás con un poco de suerte sí —sonreí. Había que ser optimista.

El móvil de mi hermano sonó, lo encendió y al ver la pantalla sonrió. Intenté ver quien era por encima de su hombro pero lo apartó bruscamente y me miró mal.

—Que te esté ayudando con ese idiota no significa que tengas que meterte en mi vida amorosa.

—Oh espera ¿Tienes? —le dije enfadada.

—Sí, y no es asunto tuyo.

—Creo que sí, porque debo vigilar que mi hermano el asaltacunas, no le haga daño a mi amiga Hannah ¿sabes?

—Vete a la mierda, lo último que querría en esta vida es hacerla daño —abrí la boca haciéndome la sorprendida.

— ¿Enserio? ¿Y qué hay de tu novia la rata? ¿Ya te ha abandonado?

—Que te jodan. Siempre lo fastidias todo, intento ser amable contigo y ser un buen hermano y solo consigues que me enfade aún más —se levantó y se fue.

Muy bien Lisa, el único que te podía ayudar se ha ido porque eres imbécil y solo sabes cabrear a la gente. Bueno, no pasa nada, solo quedo yo  y mis penas. Me levanté también y me fui lejos de la gente, necesitaba estar tranquila, sin la presencia de nadie.

—Lisa —hablando del rey de Roma.

Empecé a caminar con prisa ignorándole. Michael Michael, siempre llegas en las peores ocasiones.

—No me ignores —me cogió del brazo deteniéndome. Me giré cansada y giré los ojos.

— ¿Qué quieres?

—Ya te lo he dicho, por favor confía en mí.

— ¿Qué más te da? Total, no nos vemos hasta después de las vacaciones, yo me voy a Las Vegas, y tú… yo que sé.

— ¿Enserio? ¡Yo también voy!

Ole tu papo Lisa, ahora te va a perseguir hasta tu destino. No entiendo porque no puedo perdonarle, es decir, algo me lo impide. Cuando se acerca a mí, siento una opresión en el pecho, pero a la vez quiero hacerlo. Bienvenido a batallas entre mi corazón y mi cabeza. Suspiré y bajé la cabeza, a la porra mi mente, en estas situaciones se sigue al corazón ya tengo mi cabeza para lo exámenes.

—Sí… que guay.

— ¿Entonces…? ¿Estamos bien?

—Está bien… —sonreí—. Te veré en Las Vegas.

—Adiós Lisa.

Me acerqué para darle un abrazo pero creo que nuestras intenciones eran diferentes y él me dio un beso, pero no un beso en la mejilla no no, ¡En la boca! Sus labios se curvaron y se marchó tranquilamente dejándome más roja que el pelo de mi madre.

Cuando reaccioné toqué mis labios, ¡Dios mío! Huele tan bien el condenado. Miré a mí alrededor, esperando a que nadie me hubiese visto. Suspiré aliviada y cerré los ojos, prefiero que esto sea un secreto, ¡Hasta una persona de otro país que haya por aquí puede contárselo a alguien de mi instituto! ¡O peor, a mi padre! Si llegase a enterarse degollaría a Michael, es lo malo de ser la chica mayor, nuevas experiencias, cuando Sandy esté en mi lugar él ya sabrá lo que viene por lo que la dejará más libertad que a mí. ¿Injusto? probablemente, pero no puedo hacer nada.

Regresé al sitio donde se encontraba mi familia, ya todos recogiendo. Tommy me fulminó con la mirada, no sé cómo le puede gustar a Hannah, es feísimo.

—Eh, cara fea, pásame la toalla —le dije. Me miró y me ignoró. Mamá la cogió y me la tiró atajándola al momento.

Cuando terminamos nos pusimos en marcha. Caminar con la arena es lo peor que te puede pasar, te hundes y no puedes avanzar. Intenté ir más rápido para alcanzar a Tom, pero es que tiene unas piernas tan largas y yo tan cortas que se me hace imposible alcanzarle.

—Oye —eché una carrerita y le puse la mano en el hombro—. Espérame.

Volvió a ignorarme. ¿Y a este que le pasa? ¿Se habrá enfadado por lo de antes? Tampoco fue para tanto, es decir, solo le dije la verdad, lo que pensaba. Hannah es mi amiga y no quiero que la haga daño, no la merece. ¡No puede ofenderse! Me detuve y le cogí fuerte del brazo.

— ¿Qué diablos te ocurre?

— ¿Qué qué me ocurre? ¿Qué te ocurre a ti? ¿Te crees la mejor por decirme esas cosas? Te había dicho que lo mío con ella iba enserio. Te ayudé con aquel chaval y tú vas y buscas la manera de hacerme sentir mal y me dices que que me ocurre —gruñó enfadado. Me quedé congelada sin saber que decir.

—Simplemente… simplemente te había dado mi opinión y… —me interrumpió a los gritos.

— ¡En ningún momento he pedido tu opinión! Me da igual lo que penséis los demás, me da exactamente igual, me considero una persona madura la cual no necesita que la aconsejen ¿Te ha quedado claro? —asentí y aceleró el paso.

Seguí a mi bola y en mi mundo. Este idiota no tendría que haber nacido nunca, para darme la lata de esta manera. Hay gente que solo nace para joder, de verdad son como un grano en el culo y no aportan nada a nadie ni a nada. Luego estoy yo, la maravilla del mundo, soy el futuro, lo tengo claro. ¿Sabéis esa película de Terminator? La saga sí, bueno, ese chico que salva el mundo soy yo.

Llegamos al coche y comenzamos a meter las cosas en el maletero.

— ¿Mamá podemos cambiar de sitio? —dije. Me acerqué a ella y la susurré—. No los soporto más.



Michelle

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En el texto hay: humor, comedia, risas

Editado: 27.03.2020

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