La flor del mal

Dulce encanto

Al  día siguiente aquella chica de piel morena caminaba por el  edificio de la facultad de medicina, parecía buscar un lugar desesperada y a pesar de todo un poco tímida daba cada paso esperando poder encontrarle,  se sentía menos agobiada con él, puesto aquel chico  tenía un aire sincero en su amabilidad, en  cambio los demás parecían  etiquetas hipócritas que buscaban algo más.

  • Lo encontré – susurro para sí misma al ver el  302 en aquel  salón, se cercioro por las ventanas del salón  que daban hacia el pasillo para encontrar con la mirada al joven, pero no alcanzaba a verle, puesto no  era horario  de clases – tal vez salió  se dijo así misma un poco abatida.
  • ¿Disculpe busca algo? – un chico  se aproximó  a ella.
  • Si, si   hablo un poco  esperanzada ¿Conoce usted a Kouichi? – esperaba alguna respuesta.
  • Claro, pero si deseas mejor pasar tiempo conmigo  el joven comenzó  a ponerse un poco más pesado.
  • Lo siento, pero yo solo vengo  a buscar a Kouichi – ella se mostró  valiente ante él.
  • Está bien no  te enojes   se sintió cohibido ante dicho comportamiento.
  • Si me pudiera ayudar por favor   sonrió amablemente  intentando no  dejar mostrar su enojo al chico.
  • Claro   abrió la puerta del  salón Kouichi  te hablan – grito ante el  salón

El joven que estaba expectante ante las hojas de los árboles que se mecían con el viento  esperando  ver en  el  campus aquella mujer, preguntándose así mismo que había hecho mal, puesto le había dado el lugar donde estudiaba y ella no venía, se maldecía así mismo por no preguntarle en que salón iba ella.

No comprendía nada de sí mismo, no entendía por qué no podía dejar de pensar en  ella, era la sensación  en  la universidad, la extranjera que llamaba la atención por ser una belleza exótica, al final Souichi  tenía razón por lo que siempre peleaban  aquellos dos hermanos, todo  ser humano  sucumbe a sus instintos.

No podía negarlo, aquella mujer era hermosa, tenía un  cuerpo envidiable el cual  muy pocas japonesas podrían lograr tenerlo al natural y la mayoría de esas siempre eran mitad extranjeras, en ese momento  se dio cuenta que el físico que le atraía era ese exótico que no podía poseer cualquiera y de alguna manera el deseaba ser el único en hacerlo, movió su  cabeza hacia los lados rápidamente quitando  aquellos pensamientos que sentía que podían enfermar su mente, pues la realidad es que al final era obvio que a lo único que podían llegar era a ser amigos y  eso no lo iba a cambiar,  no quería hacerla sentir acosada como los demás, no  estaba en su  ser, él  debía controlarse y ser aquel hombre que tiende a la perfección dándolo todo sin recibir nada a cambio, ser amable  como el mismo buda lo hubiera hecho.

Pero inclusive pensando en aquello, el mismo Buda quien había alcanzado la iluminación se había enamorado una sola vez por lo que casi perdía todas sus riquezas y el amor por el cual  sufrió durante toda su vida. Aun así  tuvo hijos con otra a la que quizás le tomo cariño, pero jamás amo  como a la primera, era cierto, inclusive Buda también  se había equivocado pues es de humanos errar en la vida.

De repente escucho que le hablaban cuando  se aproximó algo  cansado  a la puerta,  debía perecer impecable y amable ante los demás, esos eran los protocolos sociales que todos buenos ciudadanos debería seguir o más bien todos los seres humanos.

En ese momento  los ojos de ambos se iluminaron al verse mutuamente,  esperaban poder volver a verse, para Danae como si grandes amigos se tratase y para Kouichi  ver a la mujer que no  dejaba de rondar por su  cabeza como buena maldición  de su hermano menor que parecía un embrujo de aquella mujer para no quedarse sola, si Kouichi a veces pensaba que ella debía ser una bruja, pues por el poco tiempo  en tan solo dos encuentros no podía dejar de pensar en la figura y aquella bella sonrisa de la peruana.



Hime-Rose

#5495 en Fanfic

Editado: 07.07.2018

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