Las sombras descendían del techo como cuerpos sin forma.
Se arrastraban por las paredes.
Por el suelo.
Susurrando nombres con voces humanas.
Valeria sintió una mano helada rozarle el brazo y soltó un grito.
Gabriel la sujetó rápidamente.
—¡Tenemos que bajar al sótano ya!
La señora Miriam asintió desesperadamente.
—Antes de medianoche… o será demasiado tarde.
La falsa Valeria observó todo con una sonrisa torcida.
Pero algo en sus ojos había cambiado.
Dolor.
Por un instante… parecía realmente Elena atrapada dentro de aquella cosa.
—No bajes… —susurró con una voz quebrada.
La criatura giró lentamente hacia ella.
Y el cuerpo de la falsa gemela se retorció violentamente.
Los huesos crujieron.
Elena gritó.
Un grito humano.
Real.
—¡CALLA! —rugió la criatura.
Valeria quedó paralizada.
Porque reconoció esa voz.
Era Elena.
Todavía seguía ahí dentro.
La criatura volvió a sonreír.
—Ella ya me pertenece.
Gabriel tomó la pala con fuerza.
—Muévete.
Él, Valeria y la señora Miriam comenzaron a correr hacia la puerta del sótano mientras el resto del pueblo intentaba sobrevivir a las sombras.
La casa entera parecía viva ahora.
Las paredes respiraban.
El piso latía bajo sus pies.
Y los susurros se escuchaban en cada rincón:
—Valeria…
—Hermana…
—No me abandones…
Valeria sentía que estaba perdiendo la cordura.
Llegaron al sótano.
El olor era insoportable.
Tierra húmeda.
Moho.
Sangre vieja.
Gabriel iluminó con la linterna.
Y allí estaba la puerta metálica.
Abierta.
Completamente abierta.
Detrás solo había oscuridad.
Pero algo respiraba allí abajo.
Algo gigantesco.
La señora Miriam comenzó a rezar mientras les señalaba unas marcas grabadas en el suelo.
Símbolos extraños rodeaban un pozo enorme oculto bajo la casa.
—Ese es el sello —susurró—. Deben cerrarlo con la llave.
Valeria observó el pozo.
La oscuridad dentro parecía moverse.
Como agua negra.
Entonces escuchó una voz salir desde el fondo.
La voz de Elena cuando era niña.
—Valeria…
Lágrimas llenaron sus ojos.
—Elena…
—Tengo miedo…
Gabriel intentó detenerla.
—No te acerques.
Pero Valeria ya estaba caminando hacia el borde.
La voz sonaba tan real.
Tan triste.
—Ayúdame…
Valeria miró dentro del pozo.
Y algo la observó desde abajo.
Miles de ojos abriéndose al mismo tiempo en la oscuridad.
Ella retrocedió horrorizada.
Entonces sintió una presencia detrás.
La falsa Valeria estaba allí.
Pero ahora lloraba sangre.
—Todavía puedo sentirla… —susurró—. Ella no quería morir.
Valeria tembló.
—¿Elena?
La sonrisa monstruosa desapareció por un instante.
Y finalmente, por primera vez en toda la noche…
La verdadera Elena habló desde dentro de aquella cosa.
—Lo siento… hermana.
La criatura rugió furiosa.
El sótano comenzó a derrumbarse.
Piedras cayeron del techo.
El pozo empezó a abrirse más.
Y una oscuridad infinita comenzó a salir lentamente desde abajo.
La medianoche estaba cerca.