La gemela malvada

Capitulo 12

El sótano entero parecía respirar.
Las paredes se abrían y cerraban lentamente como carne viva mientras el pozo rugía desde las profundidades.
Gabriel miraba horrorizado el círculo del sello.
—No pienso dejar que ninguna de ustedes se sacrifique.
Pero Valeria ya sabía la verdad.
Aquella noche jamás terminaría sin un precio.
Elena seguía extendiendo la mano hacia ella.
Temblando.
Llorando.
Y por primera vez desde que eran niñas… parecía tener miedo de verdad.
—Valeria… por favor…
La oscuridad comenzó a subir nuevamente por su cuello.
Como venas negras moviéndose bajo la piel.
La criatura estaba recuperando el control.
—NO LA ESCUCHES —rugió la voz monstruosa—. ELLA TE ODIABA.
Valeria sintió lágrimas correr por su rostro.
Porque sí.
Durante años había odiado a Elena.
La culpó por la muerte de su padre.
Por el miedo.
Por destruir su vida.
Pero ahora entendía algo mucho peor.
Elena había sido una niña.
Una niña manipulada por algo monstruoso desde pequeña.
Gabriel sujetó a Valeria del brazo.
—No hagas esto.
Entonces Elena gritó.
Un grito desgarrador.
La oscuridad abrió su boca demasiado, quebrando su mandíbula mientras aquella cosa intentaba salir completamente de su cuerpo.
Y por un instante…
Valeria vio lo que realmente habitaba dentro de su hermana.
No tenía forma fija.
Solo ojos.
Miles de ojos moviéndose dentro de una masa negra interminable.
La criatura sonrió usando el rostro roto de Elena.
—CUANDO SALGA… EL PUEBLO ENTERO ARDERÁ.
Las sombras comenzaron a subir desde el pozo como manos gigantes.
Gabriel levantó la pala intentando defenderlas.
Pero fue lanzado brutalmente contra las escaleras.
Valeria gritó su nombre.
La señora Miriam cayó al suelo rezando desesperadamente.
Y el reloj de la casa comenzó a sonar arriba.
DOCE CAMPANADAS.
Medianoche.
La criatura soltó un rugido triunfante.
El sello empezó a romperse.
Las marcas del suelo brillaron en rojo.
Grietas negras atravesaron el círculo.
Y algo enorme comenzó a levantarse desde el fondo del pozo.
Algo muchísimo más grande que la casa.
Entonces Elena volvió a tomar el control por un segundo.
Solo uno.
Suficiente para mirar a su hermana.
Y sonreír tristemente.
—¿Recuerdas cuando dormíamos abrazadas porque le temíamos a las tormentas?
Valeria comenzó a llorar con más fuerza.
—Sí…
—Nunca quise odiarte.
La oscuridad empezó a cubrir completamente sus ojos.
—Pero él me hacía sentir importante…
La criatura rugió dentro de ella.
Elena gritó.
Y entonces hizo algo inesperado.
Tomó la llave.
Y corrió hacia el centro del sello.
—¡ELENA NO! —gritó Valeria.
Demasiado tarde.
La gemela clavó la llave en el mecanismo del círculo.
El sótano entero explotó en una luz roja cegadora.
La criatura lanzó un alarido monstruoso que hizo temblar todo el pueblo.
Las sombras comenzaron a ser arrastradas nuevamente hacia el pozo.
Las paredes sangraban oscuridad.
Los rostros atrapados gritaban mientras desaparecían.
Y Elena…
Elena quedó atrapada en medio del círculo.
Sonriendo entre lágrimas.
La criatura intentaba salir de su cuerpo desesperadamente.
Pero el sello comenzaba a cerrarse.
Valeria corrió hacia ella.
—¡NO TE DEJARÉ!
Elena negó lentamente.
—Esta vez… déjame ser yo quien te salve.




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