La historia corta de Layla West

D O C E

— ¿Pasa algo Layla?

No le puedo mentirle a él, esto nos perjudicaría a los dos.

—Es chico que esta de pantaloneta roja con negro, se llama Edgar y... Trabaja con nosotros— lo capta, aprieta mi mano y me hala. Dándome la vuelta y en camino hacia el parqueo.

¿Por qué en la vida tiene que un haber bien y un mal?

En este momento es cuando me viene la realidad a mi mente.

No podemos estar juntos... esa frase se me repite varias veces en mi cabeza.

Llegamos hasta el estacionamiento, veo mi auto. Tengo que decirle... pero y yo.

—No podemos estar juntos— digo soltando su mano y caminando hacia el auto.

Me agarra el brazo y me trae hacia él.

— ¿Por qué dices eso? Hacia un rato estabas feliz— suspira— y ahora cambiaste de opinión.

Cierro los ojos y suspiro... No mi vida, es peor creo. Pero...

—Layla responde— me sacude despacio. Lo miro a los ojos. No le puedo mentir ya cero mentiras con él, no se las merece.

—Tus eres mi jefe y yo tu simple empleada, ¿No lo ves? Aparte si la gente se entera van a decir que soy una aprovechada y... y...

—Layla, ¿Por qué te importa lo que dice la gente? Ellos no te dan de comer— lo miro y mi corazón late rápido— Solo tienes que pensar lo que tu opinas de ti misma, y lo que la gente me vale un bledo.

Suspira y lleva sus manos a mi frente y la soba.

— Mira sigamos. Lo tenemos a escondidas si quieres... Pero no te aparte de mi— eso me flechó, mis ojos se abren poco a poco.

—También tengo que pensar que solo llevamos días en conocernos y...

— ¡Layla BASTA!—cierro los ojos fuerte, gritos me tren malos recuerdo. Dios cuando será el día de que olvide esto, el resopla y me abraza—Layla, lo siento mucho. Sé que esto te tiene confundida, pero yo no te voy hacer daño. En cambio te quiero proteger, quiero ser el hombro para que llores. Quiero ser tu amigo... tu novio.

Lo miro, escuchar cada palabra me ayuda, lo abrazo fuerte y sé que debo de dejar todo los malos recuerdos aun lado y vivir en paz, sino jamás seré feliz.

—Si tienes razón—me deshago de su abrazo, lo miro y sonrió.

El coge el collar que tengo en el cuello y me lo enseña.

—Siempre— lo miro y sonrió.

—Siempre.

Anthony, me pidió que quería conocer a mi hermano. Estamos en el hospital, ahorita vamos a su habitación.

Estamos agarrados de las manos, me prometió que nadie va a saber lo nuestro. Quiero un poco de tiempo para volver a ser yo misma.

Ha pasado tiempo y me es difícil estar sin ellos. Aparte de lo que me entere que decía en la carta, ellos eran buscados por la mafia y la pregunta de ahora es ¿Por qué?

Llegamos a la puerta y, la abro. Veo a mi hermano hablando alegremente con una enfermera bien simpática. Tiene el cabello castaño, los ojos mieles y la tez bronceada.

Toso un poco y mi hermano separa su vista para verme, sonríe y se ruboriza. Mi hermano es guapo y tiene una labia para convencerte.

La enfermera se retira y me regala una sonrisa ante de irse. Le sonrió a Carl y alazo las cejas. Me suelto de la mano de Anthony.

Me acerco a él.

—Solo me hacía compañía— dice riendo.

—Y buena compañía— reímos juntos.

El desvía su mirada y ve Anthony.

—Carl, él es Anthony. Un amigo— digo, lo miro agacha la mirada. Sé que no le gusta esa palabra, pero no quiero que nadie (y cuando dijo nadie) es nadie... mi hermano y yo estamos pasando algo difícil y es mejor estar así.

Él se acerca, y se da la mano con mi hermano afectuosamente.

—Que tal, gracias por cuidarla—lo miro y él me sonríe.

—Claro, lo hago con mucho gusto— Anthony me mira y siento que mis pies se me doblan.

Carl toce y meto mi pelo detrás de las orejas.

—sabes Layla, la doctora me dijo que mañana ya me pueden dar de alta.

—Si tontito ya lo sabía. Nos los dijo en la mañana no te acuerdas— digo y ruedo los ojos.

—Solo quería recodártelo... y ¿Dónde estás viviendo?

Los miro, y sonrió. Le tengo que decir sobre la carta.

—Mi padre nos dejó...

Le cuento todo, como me dio el cofre mi padre. Lo de la carta sin decirle lo de la mafia, la casa y el dinero.

—Mi padre siempre estuvo atento en todo, siempre pensó que harías lo correcto por eso te dejo la casa—suspira y agacha la mirada.

—Es nuestra casa, no me importa lo que diga la escritura. Esa nos las dejo nuestro padre. Él siempre pensó que algún día nos abandonaría y dejo todo arreglado.

—Y ese es mi punto ¿Por qué se fueron y nos dejaron así? Eso quiero saber... sus muertes es algo que jamás pude comprender.

Si supieras, pero se lo diré cuando estemos más tranquilos y no esté en frente Anthony. Desde la muerte de mis padres, estuvimos distanciados. Cada uno con su dolor, pero eso tiene que cambiar. El me prometió que quería cambiar, y yo lo voy a ayudar en lo que más pueda.

Veo que agacha la cabeza, suspira...



Malex

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En el texto hay: bullying, romance juvenil, romances

Editado: 02.03.2019

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