La Historia de Ángela

CAPÍTULO VIII: "LAS SOSPECHAS DE TOMÁS"

Al día siguiente, las cosas parecieron mejorar, ya que no hubo discusión entre madre e hija. Eso no tan solo alegro a Ángela, sino también a Daniel.

El desayuno se tomó sin problemas. Cuando se hubo terminado de desayunar, Ángela fue al baño, abrió la tapa del inodoro, metió dos dedos a su boca hasta vomitar todo lo consumido. Tiró de la cadena, observando con un cierto orgullo como el agua llevaba consigo los trozos de comida hasta hacerlos desaparecer. Como si fuera su cómplice, así era, el inodoro era su cómplice.

Fue a la cocina y se sirvió un vaso de agua para quitar el desagradable gusto que sentía en su boca. Sentada en la silla, bebió el contenido del vaso rápidamente, mientras veía a su padre irse al trabajo y su madre a comprar.

Luego de un determinado tiempo le llegó un mensaje a su celular, interrumpiendo un grandioso tema de Rock And Roll que tanto amaba. El mensaje era de Tomás, decía:

"Si vos no estas ocupada, paso x tu kasa ahora". Avisame xfa. <3 :* <3".

Leyó el mensaje tres veces con el mismo entusiasmo que el primero, y le respondió lo siguiente:

"Si Tomy, pasa ahora x mi casa. Te espero con ansias. Salu2!!!"

Llegó otro mensaje de Tomás, lo leyó con una amplia sonrisa en el rostro, fue para su cuarto y decidió cambiarse. Abrió su armario y... la sonrisa se desvaneció. Miraba sus prendas con horror, parecían –según ella–, ropa de gorda. Eso la deprimió, no obstante, podía comprarse ropa nueva, además era un dato positivo, adelgazaba; ahora necesitaba conseguir ropa que no solo se ajustara a su silueta actual, sino quede al pelo con la figura que tanto anhelaba.

Escuchó que tocaban a la puerta y bajó ansiosa por recibir a Tomás. Allí estaba como siempre con su su sonrisa de galán empedernido y mirada profunda.

Ángela dejó una nota a su madre en la heladera y salió a pasear con Tomás un rato.

Soledad se encontraba furiosa, no permitiría que atacaran a sus amigas sin más, primero Ángela, luego Micaela. Fue pasiva por mucho tiempo e iba a parar el rollo de aquellas "minitas". Vio entrar en el baño a Cecilia, ya que Carolina al igual que Ángela estaba suspendida. La siguió hasta ahí, la encontró colocándose un piercing en la nariz, con paso rápido y enojadísima; Soledad le arrebató el piercing, lo arrojó al suelo y lo pisó con fuerza.

–¿Qué hacés, negra boliviana?

–Cerrá el orto, que boliviana no soy y ¿cuál hay si lo sería? ¿Qué te pensás qué sos con el pelotudo de tu chongo y la perra sucia de tu amiguita? ¿La mafia?

–Parece que querés que te parta la boca, negra de mierda.

Sin mas, se armó una pelea en pleno baño, un par de chicas fueron a anunciar lo sucedido a alguna docente o auxiliar, otras entre gritos alentaban a Soledad o Cecilia, una a ambas. De pronto, una docente las separó con un tono de voz profundo y áspero. Firmaron el acta de seguimiento, la pelea era algo que a Cecilia no se le olvidaría nunca.

Ángela y Tomás que caminaban por la ciudad, pasaron por una tienda de ropa, en la vidriera de la misma se hallaba un buzo de color blanquecino con las palabras: "Rock And Roll". Como prendidas con llamas de fuego. Aquello enamoró a Ángela Morales por completo. En su cabeza solo sonaba insistente: "dale Ángela tenés que comprarlo". Escuchó esa vocecita y entró al local. Ahí un joven de no más de veintiséis, con ojos marrones, cabellera negra, tatuajes en el brazo; los saludó con una sonrisa y un cigarrillo en la comisura de los labios.

Se acercaron a él, pese a que Tomás pensaba que infringía una ley, ya que en los locales no se permitía fumar y podría ser consecuentemente sancionado. Sin embargo, observó como éste apagaba el cigarrillo en un cenicero de mármol y lo guardaba bajo el mostrador.

–Quiero el buzo que está en la vidriera, porfa. Es que me encanta.–Pidió ella, sin disimular ni un poco su emoción.

–Sí, esta bien trabajado, lo hice yo.

Tomás volvió a observarlo con mayor detenimiento... el tipo era un chamuyero. Dudaba que él pudiera hacer una cosa parecida.

–¿De verdad? Es un trabajo magnifico. Entonces ¿es una tienda de ropa artesanal?

–Así es hermosa, te dejo a treinta y cinco pesos el buzo, si es que tu novio no se enoja porque te llamé hermosa.

Ángela extrajo de su billetera la plata y lanzó una pequeña carcajada, se observaba desde lejos que era una risa nerviosa, luego negó que Tomás era su novio. Lo que generó en éste último, grandes celos, y para cambiar el tema preguntó de manera brusca:

–Che capo, ¿te gusta el rock?

–Si amo el rock pesado, la metálica y la electrónica. Es mi droga, también soy gamer profesional. Sé tocar muy bien la guitarra eléctrica y a las pibas. –Sonrió dejando relucir una dentadura amarilla, y Ángela creyó ver que le guiñó un ojo.

Salieron del local y de repente a Ángela le volvieron los mareos. Tomás se dio cuenta de inmediato. Fue su soporte, con él Ángela logró sentirse un poco mejor. Pero algo no iba bien y Tomás lo veía con claridad. Ella estaba mucho más delgada y también notaba que se cansaba más rápido. Parecía como si... no quería aceptarlo. ¿Ángela no comía correctamente? Pensar eso le dio un escalofrío.

De repente, se le vino a la cabeza la idea de preguntárselo, ella confiaba en él, tenía que contárselo, eran muy buenos amigos. Sin embargo, descartó la idea de su cabeza, un terrible presentimiento le dictaba que ella no diría, en el caso que fuese cierto, "¿Sabés qué Tomy? Si no estuve comiendo muy bien" o "estoy en una dieta que me está por matar, jajajaja".

Cuando Ángela Morales se encontró mejor, siguieron caminando como si lo ocurrido fuese de un papel interpretado. Por lo menos, fue la sensación de Tomás, irónicamente pensó al paso que caminaba: "CORTEN, MUY BIEN A TODOS, UN BREVE DESCANSO DE QUINCE MINUTOS". Ése travieso pensamiento le sacó una pequeña risa. Ángela lo advirtió, pero lo ignoró pensando en que se burlaba del vendedor del local de ropa.



Sebas Gonzalez

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En el texto hay: drama, romance , bulimia y anorexia

Editado: 14.08.2020

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