La lanza del sur

7.-Min´del

Kail había bajado al fondo del abismo al medio día, ya había anochecido y no había rastro de él, el campamento estaba listo, las hogueras sonaban por doquier al igual que las canciones y negocios de diversos comerciantes, los animales dormían como sus cuidadores, se escuchaban historias por todo el campamento tanta felicidad los hacía olvidar en donde estábamos.

Yo por mi parte esperaba con una antorcha a cinco pasos del comienzo de la espiral, de vez en cuando miraba al interior del foso con esperanza de encontrar a Kail, pero pareciese que el corazón de aquel lugar devoraba toda la luz a su alrededor.

Ignorando lo que el abismo significaba para los elfos del desierto, Nikou se acercó a mí con su arpón y una antorcha, ilumino el camino y me dijo.

-Ya se demoró demasiado, iré a buscarlo.

Apenas dio un paso cuando yo lo tome del brazo que sostenía el arma y cabizbaja le dije.

-No Nikou, si Jikú lo mando ahí abajo debe de tener una razón, ya sea una prueba o algo que Kail debe de enfrentar, sé que lo lograra.

Jikú apareció tras nosotros con el báculo en mano.

-Mylia tiene razón, debemos tener paciencia, mi amigo semi-acuático, esta es tan solo una de siete pruebas a las que voy a someter a Kail para que pueda demostrar ser digno de su destino.

El mago blanco observo el cielo estrellado, la constelación del muro era la más grande de todas y era la que guiaba a los viajeros por el desierto al final y al inicio del año, pero Jikú señalo a otro sitio.

-Miren el gran hueco del cielo. -Un enorme espacio negro en la noche, una mancha sin estrella alguna que era visible todo el año –Algún día ese espacio vacío será ocupado por una constelación tan hermosa como esperanzadora, que nos recordara que aun en la mayor oscuridad, puede nacer la luz.

-Si puede que quieras ir a ayudar a Kail Nikou- prosiguió el mago –pero a ti te necesito en este lugar justo- espero diez segundos –ahora.

Una campana espesó a sonar mientras el vigía gritaba -¡Piratas! ¡Piratas!- todo el campamento se alarmo, nadie esperaba que nos atacaran tan cerca del abismo de la serpiente, o tan entrada la noche, pero ahí estaban, montados en raptores y huargos iluminando su camino con antorchas y lámparas carmesí

-Rápido ¡Arcos! ¡Lanzas!- los guardias y mercenarios se apresuraron a tomar las armas y a disparar contra los atacantes, las flechas volaron pero rebotaron sobre las armaduras de los piratas que encabezaban la carga, pero no en los que los seguían.

Al escuchar la alarma los animales de carga se asustaron, algunos como los lagartos acorazados o los olifantes se ponían en posición defensiva pero otros corrieron detrás de estos o simplemente se encabritaron.

-Mylia escóndete- me grito Jikú, antes de juntar las manos y susurrar –bien, esto será necesario-

Obedecí al mago y fui a esconderme mientras Nikou se unía a la vanguardia, uno pensaría que el muro de lanzas bastaría para frenar la carga de los primeros atacantes, pero al llegar la línea delantera las lanzas se rompieron y los piratas empezaron el ataque.

Mientras unos luchaban contra los soldados y mercenarios, otros fueron por las mercancías y alguna criatura de carga que no estuviera entrenada o dormida, como era de esperarse los piratas no eran rivales para el ejército entrenado de Decertica, ya fuera por la lanza, la espada o alguna flecha algún pirata caía herido o incluso muerto, pero eran tantos.

Yo desde mi escondite pude ver la razón del éxito de la primera carga, los animales tenían los ojos cubiertos y tanto el jinete como la bestia tenían una armadura de un tono esmeralda metálico, Oricalco.

Kail se encontraba ya en el último círculo para salir de la espiral del abismo cuando vio el fuego del campamento y los gritos de batalla, no dudo ni un segundo, corrió a la salida donde se encontró a Jikú murmurando algún hechizo, claro que lo primero que ocupo su mente era el preocuparse por mí, pero aclaro su mente y se unió a la batalla.

Hasta que una gigantesca serpiente emplumada de luz ilumino los cielos, era una ilusión creada por Jikú, al sentirse amenazados por la deidad del abismo uno de los piratas grito la retirada, tan veloces como llegaron tomaron su botín, montaron y huyeron con todo lo que pudieron.

La ilusión se desvaneció, los jinetes de lagarto crestado y raptores no tardaron en perseguir a los rufianes, mientras los comerciantes, contadores y de más contaban sus pertenencias, animales y mercancías.

Nikou, Jikú y Kail se reunieron cerca de una fogata, los tres parecían exhaustos por el ataque.

-Parece que solo se llevaron el Oricalco- dijo Jikú – te felicito Kail, has superado la prueba del miedo-



Zucco

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En el texto hay: fantasia, aventura, amor

Editado: 29.09.2019

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